sábado, 24 de noviembre de 2007

Destino


Acababa de cenar y me encontraba fregando la loza en la cocina. De pronto, escuché una voz varonil y quebrada que me susurró junto al oído, “es por él”. Me volteé sobresaltada, dando un grito y el plato se resbaló de entre mis manos, haciéndose añicos cuando impactó con el suelo. No había nadie. Vivía sola.

Pensé que mi subconsciente me había jugado una mala pasada. En ese momento Félix dominaba mis pensamientos; me había abandonado por enésima vez. No le culpo; nuestra relación siempre había sido difícil e inestable. Tormentosa. Éramos dos trenes que chocan de frente, irremediablemente, y también dos seres apasionados que se amaban con absoluta dependencia. Por ello, siempre retornábamos a la estación de partida. Pero esta vez sus desprecios me asfixiaban; me dolía levantarme y tener que respirar. Mi alma me pesaba y se hundía rápidamente en las arenas movedizas de las tinieblas, que yo tanto temía.

Dos días después, estando en la cama a punto de dormirme, tras horas de insomnio, una carcajada delirante me heló la sangre. Encendí la lamparilla de la mesita de noche, me levanté y comencé a inspeccionar la habitación. Hubiera jurado que provenía de debajo de mi lecho, pero no encontré nada. Un extraño impulso encaminó mis pasos hasta la puerta del balcón de mi dormitorio; descorrí el visillo de gasa que me separaba de la oscuridad y no pude observar nada, así que salí a la galería, asomándome. Justo debajo de la balaustrada, en mi jardín, allí parado, un hombre vestido de negro me observaba fijamente; sentí su mirada traspasándome y un escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba a abajo. Estaba muy oscuro y apenas pude distinguir su rostro. Entré y cerré la puerta aterrada…no recuerdo nada más. A la mañana siguiente, me desperté sobresaltada y con el camisón pegado al cuerpo, húmedo por el sudor. Ya daba por buena mi tesis de que todo había sido fruto de una horrible pesadilla, cuando me asomé de nuevo al balcón, y al mirar hacia el lugar que aquel inquietante personaje había ocupado la noche anterior, observé con espanto que la hierba, plantas y los rosales rojos que había plantado recientemente allí estaban arrasados; todo carbonizado. Me estremecí.

Una semana después, estaba durmiendo plácidamente cuando una ráfaga de viento abrió la puerta del balcón; el visillo voló hasta acariciar mi rostro, despertándome. Escuché una voz ronca y masculina que me llamaba por mi nombre desde el exterior; eso creo recordar. Salí de la habitación, bajé las escaleras y me dirigí al jardín sin apenas voluntad. Me parecía estar flotando, inmersa en una ensoñación etérea. Unos metros más allá, observé la familiar figura de aquel hombre, al lado de un sauce que había al final de mi parcela. Me hizo un gesto con la mano para que me acercara. No sentía miedo, no sentía nada, más bien, algo me atraía como un potente imán hacia allí; me paré enfrente de él. Estaba fumando y el velo de humo me impedía ver otro rasgo de su rostro que no fueran sus penetrantes ojos, a pesar de que la luna llena nos enviaba su tenue luz. Señaló el suelo con un gesto. A sus pies se fue abriendo un orificio que creció hasta alcanzar un diámetro considerable, como de unos dos metros. Salió un violento remolino de aire que nos rodeó antes de perderse en el horizonte. La curiosidad hizo que me asomase al hueco. Había unas escaleras que se perdían en el infinito. En aquel momento me habló con su voz quebrada, sacándome de mi trance:
-Es por él.
-¡¿Cómo?! –le pregunté, sorprendida.
-Gracias a Félix se abrió un resquicio por el que yo me he podido filtrar de nuevo.
-¿De nuevo? –musité.
-Claro; tú ya has estado aquí, conmigo; y varias veces además –me aclaró.
-No lo recuerdo. ¿Quién eres tú?
-Mefisto. Es parte de nuestro encanto borrar tu memoria –dijo dibujándosele una sonrisa cínica en sus labios, que a duras penas pude ver a través de aquella neblina de humo-. Verás, nuestro mayor logro es que penséis que no existimos. ¡Sois tan vulnerables! El averno es tu destino, querida. En ocasiones logras escapar y hasta llegas a olvidar que un día estuviste aquí con nos. Pero somos pacientes y siempre ocurre algo que abre la puerta para arrastrarte con nos de nuevo a las profundidades de las tinieblas.
-Pero yo estoy viva y ahí abajo no hay llamas ni nada que se le parezca –le argumenté. Mefisto soltó una sonora carcajada, erizándome la piel.
-¡Paparruchas, de viejas beatas de misa de ocho! No hace falta estar muerto para sentirse en el abismo. ¡¿Estás viva?! ¡¿Porque respiras?! –Sus risas se hundieron en mis sienes-. Hay distintos niveles infernales y casi todos están en este mundo. ¡Sois tan débiles! Que cualquier contratiempo nos da la llave para penetrar en vuestro corazón, vuestra alma y vuestra mente, apoderándonos de los tres; y acabáis siendo un juguete a merced nuestra.

Sentía que mis energías me abandonaban, mis pensamientos iban desdibujándose, mi ánimo caía y nada me importaba. Me sentí mareada y mi cuerpo comenzó a desplomarse. Mefisto me sujetó por los hombros.

-Ven, querida. Bajemos – me tomó en sus brazos, dirigiéndose hacía el abismo.
-Si bajo… después, ¿olvidaré a Félix? –pregunté angustiada.
-Sí, lo irás olvidando paulatinamente –me apuntó con voz melosa.
-Olvidaré, sus besos, sus caricias…-resistí con mis últimas fuerzas.
-Olvidarás su odio, sus ofensas, sus humillaciones…tú eres mía; siempre me has pertenecido, querida…

Ahora estoy tendida sobre algo, en algún lugar, sólo sé que no puedo moverme; las tinieblas me envuelven enteramente, exceptuando el velo de humo que veo a mi lado; no oigo nada, salvo el taconeo arriba y abajo de lo que parece un pasillo, afuera, y algún grito desgarrador, de vez en cuando. No siento frío, ni calor. No hay dolor. No siento alegría, ni tristeza…sólo el vacío, la nada…

Acababa de cenar y me encontraba fregando la loza en la cocina. De pronto, escuché una voz varonil y quebrada que me susurró junto al oído, “es por él”. Me volteé sobresaltada…pero ahora no recuerdo nada. No puedo recordar.

8 comentarios:

  1. Pétalo de Margarita (tu niña)26/11/07 01:03

    Da q pensar... Cierto, casi todos los infiernos habidos y por haber nos los creamos nosotros mismos, vivimos día a día rodeados de llamas invisibles, personas cínicas, sentimientos de culpabilidad... todo ello engloba el particular infierno de cada individuo y es complicado salir una vez has entrado. Como dice tu malévolo personaje "ellos" tienen la llave para penetrar en nuestro corazón, alma y mente. Sí, somos muy vulnerables.

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  2. Bueno, Petalito, esto sí que ha sido una sorpresa; muy agradable, claro. Así que te dio que pensar este cuentito, pues eso está bien, ya sabes lo que pienso.Coincidimos, por lo menos los que conocemos por ahora, todos están pululando por aquí; y, cierto, muchos nos los creamos nosotros mismos, sin olvidar las circunstancias en las que se pueda encontrar cada ser humano, algo nada despreciable, y de las que puede llegar a ser difícil de salir. No todos nacemos con las mismas oportunidades y facilidades en la vida, aunque debiera ser así; y en ocasiones ésta se ocupa de ponerte trabas, obligaciones, etc, en el camino… pero, bueno, hay que intentar salir de esas pruebas que te pone la vida, y no dejarte ganar por las tinieblas; siempre hay que ir en busca de la luz. Hazme caso, soy tu madre, que la fuerza te acompañe, Luke, digo, petalito… ja, ja, ja. Hasta aquí el sermón de hoy. Gracias por la visita, guapetona.

    Muchos besos,

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  3. Encantador y tierno el diálogo entre "Petalito" y su madre.
    Me encanta tu blog, Margarita. Me extraña no ver mi anterior comentario; cosas del diablo de internet.
    Te invito a visitar el mío, verás que cosas nuevas he puesto.
    Besos.

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  4. “Es por él”. Simple, contundente; le cae encima al lector la certeza de lo que vendrá a continuación: el resquicio, la grieta en el alma que hace que Mefisto pueda ingresar. La grieta en el alma: el sufrimiento por el abandono del amante.

    “Verás, nuestro mayor logro es que penséis que no existimos. Sois tan vulnerables…El averno es tu destino, querida. En ocasiones logras escapar, y hasta llegas a olvidar que un día estuviste aquí con nos.”
    La casi ternura con la que él le habla...como si fuera una niña perdida que acaba de encontrar....pero esa niña no está perdida, sino que había logrado escapar, como otras veces, y como otras veces fue encontrada.
    El “querida” y el uso del “nos” son oro en polvo, Margarita.

    ¿Mefisto? ¿Es realmente necesario pensar en un Mefisto? La verdadera dimensión del espanto está en: “Hay distintos niveles infernales y casi todos están en este mundo. ¡Sois tan débiles!”

    El susurro: olvidarás los odios, las ofensas, las humillaciones...olvidarás todo eso, claro, sí, mi querida, olvidarás.
    También los besos y las caricias.
    También.
    Ella se quedará sin nada, sin recuerdos, sin las sombras pero también sin los gozos. ¿Qué importa, en verdad, que siga respirando? El infierno es la nada, el vacío.

    Y el final. ¿Dónde está? No sé. Pero eso que describe... eso es una celda en un manicomio.
    Quizás Mefisto sí exista... y tenga razón. Los círculos infernales están, casi todos, aquí.

    Terrorífico. Excelente

    Besos,
    Esther

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  5. Margarita, qué linda estaba la mar...

    Si quieres darme "un sermón" como el anterior... !pues adelante" Me encantará, endeveras...

    Besos,
    Esther
    (¿le das mis cariños al pétalo de Margarita?)

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  6. Juan, la verdad es que “Petalito” me dio una sorpresa, no tenía idea, así que imagina cuando abrí el blog y me encontré su comentario. Pues me alegro que te guste. Ya sabes, cuando quieras te pasas por aquí siempre se agradecen las visitas. Bueno, esto de Internet tiene esas cosillas, yo estoy teniendo problemas para firmar como blogera en otros blog que no sean el mío…qué le vamos a hacer.

    Ya me pasé y lo has dejado muy majo con las reformas. Ya iré visitándote, amigo.

    Un beso,

    Margarita

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  7. Y el viento lleva esencia sutil de azahar, ja, ja, Ay, Esther, creo que ya siempre irá unido a mí este maravilloso poema de Rubén Darío, ya no lo veo desde otro prisma. Gracias, amiga.

    Que bueno tenerte por aquí; se agradece, compañera. Es un gusto ver como captas toda la esencia del relato, que para mí está condensado en esas tres palabras. Sin el significado de esas palabras no habría razón de ser del resto. Así es “La grieta en el alma: el sufrimiento por el abandono del amante”, yo no lo hubiera dicho mejor. Capacidad de análisis y síntesis la tuya : )

    Bueno, siempre hay grietas por las que abocarnos a los infiernos, por lo visto ella había logrado escaparse en algunas ocasiones, aunque supongo que siempre quedan arañazos al paso por ellos.

    ¡Bien! Que bueno que te lo parezca. Con el vos lo tenía claro, pero lo de “querida” me planteaba dudas, por si podría verse algo infantil en el contexto.

    Pues sí, amiga, los infiernos están aquí y muchas veces nos los creamos solos. Ella se quedará sin nada y eso es algo a lo que la mayoría de las personas nos da terror. El vacío, ya sea por falta de memoria o el vacío espiritual, el que se siente con una depresión, por ejemplo.

    Ah, el final, lo dejé un poco abierto para que cada uno pudiera elegir a su gusto, o más bien a su disgusto, je, je.

    Pues si quieres un sermón mío, yo encantada de ofrecértelo, pero seguro que al ratito huyes despavorida. Mira que cuando comienzo a hablar no hay quien me pare.

    Ah, le dije a Pétalo, ya leyó tu comentario, le hizo gracia y te reenvía un abrazo.

    Besos, guapa,

    Margarita

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  8. Cuánta razón, Margarita:

    "Pues sí, amiga, los infiernos están aquí y muchas veces nos los creamos solos. Ella se quedará sin nada y eso es algo a lo que la mayoría de las personas nos da terror. El vacío, ya sea por falta de memoria o el vacío espiritual, el que se siente con una depresión, por ejemplo"

    Un cariño,
    Esther
    PD: podríamos hacer un campeonato de sermones, jejejejeje

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