sábado, 5 de enero de 2008

El árbol de los deseos


Como estamos a punto de recibir a los Reyes Magos, cuelgo este cuento por si a alguien le apetece sacar el niño que llevamos dentro. No olvidéis pedir vuestro deseo al árbol, nunca se sabe…

Érase una vez un pequeño pueblo perdido en las montañas. Transcurrían días invernales. Sus casitas de piedra y madera estaban cubiertas por la nieve. De los tejados blancos colgaban carámbanos. Las chimeneas, humeantes. Los árboles, desnudos. Sus calles, tocadas por un manto nevado. La nota de color la ofrecían los pajarillos que revoloteaban buscando algo de comida, rompiendo el paisaje de blancos refulgentes, grises y ocres.

Sus habitantes eran gente humilde. Trabajaban esforzadamente en la fábrica textil del pueblo, propiedad del matrimonio Serra, Julián y Amalia. El jornal apenas les alcanzaba para cubrir escasamente sus necesidades: pagar la renta de sus casas y comprar alimentos en los economatos del municipio, propiedad de los Serra, también. A pesar de las dificultades, los parroquianos de aquel lugar eran felices viviendo sencillamente, rodeados de paisajes de belleza serena.

Bueno, todos no…

Hay personas que si fueran poseedoras del mundo no sabrían ser dichosas. Este era el caso de Julián y Amalia. Vivían en la gran mansión situada a las afueras del pueblo, con toda clase de comodidades y lujos. Solos y alejados de sus paisanos. No querían tratos con nadie. Su hogar estaba envuelto en amplios jardines colmados de hermosas flores y un huerto con una enorme variedad de árboles frutales de los que podían disfrutar en las cuatro estaciones. El sol calentaba con sus rayos todo el año. Los pajaritos animaban los largos días con sus alegres trinos. Sí, era invierno, pero en aquel afortunado terreno el tiempo se había parado misteriosamente en primavera.

En el huerto de la gran mansión tenían plantado un árbol muy especial. El jeque Abdel Alí se lo había regalado a Julián en uno de sus viajes a Oriente. Se trataba de un ejemplar único y mágico. Allí donde éste estuviera arraigado el tiempo sería cálido y nada faltaría a sus dueños, pues concedía cuantos deseos se le pidiesen. Pero con una condición: era necesario escribirlos en un papel y depositarlos al amparo de su sombra. A simple vista era un árbol vulgar, como los demás, salvo por una rareza: sus frutos rojos brillaban; de día con los reflejos de los rayos solares, de noche con la caricia de la luna.

Julián y Amalia al principio solicitaron al árbol sólo cubrir sus necesidades. Después siguieron pidiendo y pidiendo para satisfacer hasta el mínimo de sus caprichos. Cuanto más demandaban más medrosos se volvían, pues a éste debían sus riquezas. Temían que alguien lo pudiera sustraer o dañarlo irremediablemente. La desconfianza fue ganando terreno en sus corazones y se replegaron en sí mismos hasta aislarse completamente del mundo. ¡Incluso despidieron al servicio! Y ni siquiera se atrevían a traspasar la valla de su propiedad por miedo a que alguna desgracia les ocurriese fuera de su influjo. Un hermano de Amalia les proporcionaba lo necesario del exterior y atendía los negocios de los Serra. Por supuesto que tampoco dejaban pasar al interior a ningún vecino, para ellos nada más eran seres molestos que venían a pedirles el favor de utilizar su poder. ¡Eso no lo podían consentir! ¡El árbol era suyo! El último en llevarse una agria negativa había sido el padre de la pequeña Marta.


Marta contemplaba a través de la ventana motas rojas, fucsias, azules y de muchos otros colores deslizándose en patines sobre el lago helado. Trataba de distinguir a sus hermanos y amigos. Ese era su entretenimiento mientras tomaba un tazón de leche caliente con migas de pan, sentada en una humilde silla de madera, junto al fuego del hogar. Una manta cubría sus débiles piernas que ya no podían sostenerla. Su enfermedad avanzaba deprisa, pero sus padres no podían pagar ni el médico ni las medicinas. Sólo deseaba poder patinar en el lago como los demás niños. Entristecida fijó su vista en la gran mansión, a lo lejos, y pensó en el árbol mágico. De pronto vio un hilo de humo, se imaginó que Amalia estaría cocinando.

Julián estaba cuidando el huerto cuando un extraño olor lo alarmó. Levantando la cabeza, vio salir mucho humo de una de las ventanas de su casa. Llamó a su esposa a gritos, pero no contestaba.

Amalia había dejado olvidado un frasco redondo con alcohol de quemar junto a la ventana. Los rayos del sol que se filtraban a través del grueso cristal hicieron que saltara una chispa y ésta prendió en las cortinas, provocando un incendio que crecía a pasos agigantados. Amalia se había desmayado al respirar la humareda tóxica y Julián logró arrastrarla fuera de la casa, pero sus fuerzas lo abandonaban. En el pórtico se arrodilló junto a su esposa y la abrazó, ya aturdido a causa del humo. En un último esfuerzo, gritó: “¡Socorro, fuego! ¡Por favor, ayúdenme!”. Y luego, volviéndose hacia su mujer: ¡Amalia! ¡Amalia! En su desesperación contemplaba el árbol mágico que de poco le servía. No podía llegar hasta él. Sus esperanzas desfilaban abandonándole una tras otra, pues vivían tan alejados del pueblo que nadie habría oído sus voces. Se desvaneció.

Marta observaba que el hilo se había convertido en toda una columna de humo negrísimo y avisó a su padre. Éste salió corriendo a la parroquia para que las campanas tañeran alertando a los vecinos. Todos se apresuraron dirigiéndose a la mansión incendiada. Denso humo y llamas en infernal danza envolvían al matrimonio. Los pusieron a salvo, alejándolos del dantesco escenario y al cuidado del médico. Una hilera humana pertrechada de cubos de agua se batió en dura batalla abrasadora hasta salir victoriosos. La mansión había sufrido severos daños, pero sus propietarios salvaron sus vidas. Los vecinos se comprometieron a ayudarlos en la reconstrucción de su casa.

Julián y Amalia sentían vergüenza por haberse convertido en unos egoístas. Agradecieron a sus conciudadanos su ayuda, conscientes de que sin ella hubieran perecido en el siniestro. Abrieron las verjas de su mansión para que sus amigos pudieran transitar libremente hasta el árbol mágico, cada vez que lo requirieran. Asentaron una cesta de mimbre bajo su sombra para que estos depositaran sus deseos por escrito, como era de rigor. Y celebraron el milagro de la fraternidad invitando a sus vecinos a una cena en su jardín.

Una larga y colmada mesa, vestida con un mantel de fino hilo y bordados de espigas doradas daba la bienvenida a los invitados vestidos con sus mejores galas, bajo el cielo estrellado. Los niños correteaban por el jardín. Marta reía sofocada por el esfuerzo, junto a sus hermanos; con sus trenzas alborotadas y los mofletes sonrosados.



6 comentarios:

  1. Estoy dando un garbeo por todos estos blogs y no he podido evitar pasarme por aquí y dejar mi comentario. Este relato era mágico, como bien dices, despertó el niño que llevo dentro (aunque todavía no soy adulto). En fin, un placer leerte, un abrazo :D

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  2. ¿Cuentos infantiles, Margarita? ¡Qué buena idea! Y qué género difícil, por cierto...

    Me gusta este cuento infantil. Incluso expresiones, frases, o por lo menos a mí me hicieron pensar inmediatamente en los cuentos de mi niñez como la mención al jeque Abdel Alí Maravilloso. ¿Quién otro que un jeque árabe? ¿En qué otro lugar se encontraría un árbol así, que no fuese en el lejano, misterioso, mágico Oriente?

    Los malos... los malos no lo son tanto, más bien viven equivocados, tienen miedo y luego recapacitan. Me gusta eso; me gusta más que el que los malos sean castigados y se mueran y todo eso, digo, en un cuento infantl.

    Me gusta también que el árbol conceda deseos, así, a todos. Y que nadie sufra consecuencias horribles por desear algo y que se le cumpla. No es lo que se debería; los deseos son cosa peligrosa, como todos sabemos, en los cuentos. Pero igual me gusta, siempre me encantaron las hadas con una varita mágica.

    Hay dos elementos que me parecen buenos aciertos. Uno de ellos el que tuvieran que dejar su deseo escrito. Qué cosa curiosa, original. Es un detalle que no viene a cuento, en realidad, porque, ¿cuál es su importancia en la historia? Y eso justamente es lo que le da valor. Porque una historia mágica de verdad necesita detalles que no tengan especial significado pero que sean importantes. En el fondo, eso es pensar como un niño...

    El otro, el trabajo en la fábrica y el incendio de la casa. Creo que es un acierto porque el resto del cuento es muy mágico, muy de otra época, el pueblo como una postal de navidad, todo nevado, los niños que juegan, el árbol mágico y los pájaros... pero esos dos elementos le dan visos de realidad, de actualidad, de cosa de todos los días. Esa combinación me gusta.

    Besos,
    Esther

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  3. ¡Hola, Pablo! Gracias por dejarme comentario. Yo me he pasado alguna vez por tu blog y no lo hice :(.Otra vez te dejo constancia de mi paso. Bueno, este finde tengo pensado salir de paseo por la blogosfera y me llego un rato para saludarte ;).

    Me alegro que despertaras el niño, aunque es cierto que no te queda lejos, je, je, no lo pierdas nunca, amigo, guárdalo y protégelo en un rinconcito del alma y sácalo a ventilar siempre que puedas. Ah, me alegro que te pareciera mágico, la magia es algo que me gusta y quisiera que me acompañara para los restos…

    Un gusto verte por aquí, te envío un beso,

    Margarita

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  4. Esther, será por las fechas, o porque a mí la niña no me abandona ni a la de tres…

    Pues no es fácil, pero fue un reto por algo con mi hija y qué no haremos, je, je. Además me ha gustado la experiencia y no descarto intentarlo con otros.

    Ah, cómo tú dices el lejano, misterioso y mágico Oriente, puede dar mucho de sí. A mí me encanta todo lo que tiene referencia a él, sobretodo la estética de los tiempo de las mil y una noches.

    Bueno, es que en ese sentido sí es más de adultos, no son malos al uso en cuentos infantiles. Tampoco está mal enseñar a los niños que cuando alguien se equivoca siempre se puede rectificar y que la maldad pura al 100% no existe. Aunque también me gustan los cuentos arquetípicos, no te extrañe que alguna vez escriba sobre una bruja al uso, me lo estoy pensando, je, je.

    A claro, todos tienen los mismos derechos a pedir sus deseos. ¿Qué es eso? ¿Unos sí y otros no? Ah, no… ja, ja, es cierto: “ten cuidado con lo que desees”. A mí también me gustan las hadas y todo lo que rodea el mundo mágico.

    Bueno, no iba a ser tan fácil como desearlo y ya…estas cosas siempre van acompañadas por un ritual, y en el incendio, ante la imposibilidad de llegar al árbol y escribir el deseo, poco pudieron hacer teniéndolo allí al alcance de su mano, fueron las personas, sus vecinos a los que tanto despreciaron, de quien vino la ayuda.

    Ah, me gusta eso de que te parezca una postal de Navidad, es lo que quise componer. Y bueno, algún elemento más de con los pies en la tierra para intentar cierto equilibrio y ciertos visos de “realidad”. Es un lujo contar con tus análisis tan atinados.

    Besos,

    Margarita

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  5. Mamargarita!! Pues sí que me suena este cuento, sí jeje. Me gusta los giros que le has dado al cuento. Y lo que más me gusta es que sigue siendo un cuento que se le puede explicar a niños de 4 años (que era la idea inicial).
    Me encanta como narras y la ambientación que le das. Sé que me repito, pero es que considero muuuuuuy importante la manera en qué se narran las historias (porque podría ser una historia preciosa pero mal narrada perdería todo su encanto) y la ambientación que se le da. Me ha gustado mucho que en todo el pueblo sea invierno y en la mansión de los Serra sea primavera, es un dato que seguro que los niños le dan mucha importancia (se trabaja tanto las estaciones del año en parvulario que seguro que identifican rápido esta incongruencia).
    Espero que me puedas ayudar, tanto cómo me ayudaste en la elaboración del último trabajo de universidad, en otras tareas pero ya como maestra, me encantaría.

    Besotes de la niña
    LUNA

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  6. Hola, Lunita mía, ya me imagino, ya…Bueno, lo adecué para niños un poco más grandes, como dicen en algunas cajas de juguetes, de los 8 a los 99 años, je, je. ¿También para los de 4? No sé, ahí tú eres la experta. También lo adecué para las fechas, sabes que el original transcurría en verano. Me gusta más esta versión ; )

    Me alegro que te guste mi forma de narrar, sólo estoy dando los primeros pasitos en esto. Espero continuar escribiendo y acabar haciéndolo medio decentemente algún día.

    Ah, ya sabes que yo estaré encantada de ayudarte, eso de los trabajos manuales sabes que me fascinan y que me ilusiona como si fuera una niña; así que no sé si seré de mucha ayuda o tendrás a otra que cuidar, je, je.

    Muchos besos, y gracias por pasarte por las letras de tu madre, guapísima,

    Margarita

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