
Mario, los hijos no venimos con un manual de instrucciones debajo del brazo; ni éste viene junto a las instrucciones de montaje de la cuna o el cochecito; ni se imparte esta materia en los centros de enseñanza. Así que, cuando tras los meses felices de espera, por fin, el bebé, decide que ya es el momento de venir a este mundo a dar “guerra” en él, la dicha te embarga al contemplarlo, pero también la sombra de la incertidumbre. Uno se pregunta si estará a la altura de las circunstancias y sabes a ciencia cierta que a partir de ese instante tu vida dará un giro irreversible, porque siempre habrá un ser en el que pensarás antes que en ti.
Por eso me sorprendiste cuando recién estrenada tu paternidad, con apenas diecinueve años, actuaste con la generosidad, sabiduría y madurez que no te correspondían por edad.
No te arrugaste ni te tembló el pulso en ningún momento ante la gran responsabilidad de por vida que supone criar a un hijo. Al contrario, te sentías feliz y radiante. Nada más verla, a nuestra niña, y durante los primeros días de su existencia te quedabas embelesado contemplándola durante tanto tiempo que tenía que sacarte de tu trance, devolverte a la tierra, pero al poco volvías a estar en las nubes con tu mirada fija en ella y atenta a todos sus movimientos.
Pronto tomaste las riendas de tu nueva situación a la que te adaptaste rápidamente, sin esfuerzo, con gusto, cooperando en todo y sin una sola queja, cuando de noche a nuestra Aída le daba por emular a las sopranos cantando las arias de Verdi. Lejos de incomodarte, te levantabas a serenarla alternándote conmigo. Le ofrecías tu repertorio de nanas y tus dulces palabras y ella después de algunos lloriqueos y suspiros, se calmaba y te atendía con sumo interés. Así todos los días, hasta que la novata soprano, después de un mes y pico en prácticas, debió pensar que era más placentero dormir que cantar y la paz inundó de nuevo las noches de nuestro hogar.
Durante su infancia siempre estuviste pendiente y te interesaste por todas y cada una de sus cosas, desde si comía bien y estaba sana hasta de su ropita y complementos. Te hacía gracia ver lo coqueta que era y el empeño que ponía en arreglarse cuando íbamos a salir. De sus pequeños progresos no querías perderte nada, sus primeras palabras, sus primeros dientes, sus primeros juegos, sus primeros pasos que los dio cuando quería alcanzarte, sus primeras coletas, su primer día de colegio... Y disfrutabas como nadie viéndola y filmándola en sus festivales de ballet y natación con una mal disimulada satisfacción de padre orgulloso, pues de tus ojos salían destellos de luz y la sonrisa se dibujaba en tu boca.
Y aquel proyecto de soprano siguió creciendo bajo nuestra guía y cuidados hasta llegar a la temida adolescencia que tú supiste torear con valor y maestría, muchísimo mejor que yo. Nunca la agobiaste ni le hiciste un interrogatorio, respetaste su libertad y su espacio. La guiaste, atendiste, velaste, acompañaste, enseñaste, escuchaste, cuidaste, regañaste, protegiste, aconsejaste… todo ello aderezado con una infinita paciencia, comprensión y amor.
Actualmente el proyecto es ya una realidad, tiene veintitrés años; no, no es soprano, está a punto de licenciarse de maestra. Es una buena persona, tiene pareja y una prometedora vida por delante. Y tú apenas puedes disimular el orgullo al ver en qué se ha convertido aquel pequeño bebé que un día nos regaló la vida. Te has graduado de padre con matrícula de honor y esperas iniciar algún día los estudios de abuelo con una de tus asignaturas favoritas jugar con y como un niño.
Nuestra hija es consciente de su suerte, sabe que no todos los padres son como el suyo. Ella, siempre ha tenido la tranquilidad de contar en cualquier momento y circunstancia con tu respaldo, diálogo, apoyo, compresión, protección, paciencia y con tu amor desinteresado e incondicional.
Y yo siempre he tenido la certeza, y eso me ha dado una inmensa tranquilidad, de que si algo me pasaba en el camino, nuestra hija quedaría en las mejores manos, las tuyas, Mario.
Hola Mamargarita!
ResponderSuprimirPues el proyecto de soprano está totalmente de acuerdo contigo, en que tengo un gran PADRE, y con todas las letras, y sí, sé que no todos son así y me alegra ser consciente de ello porque así valoro muchísimo más lo que tengo en casa.
Pero no es sólo el padre el que es grande, también tengo una gran madre. Sólo puedo felicitar vuestra gran labor como padres, habéis sido (y sois) fenomenales, y felicitaros más aún que lo hayáis hecho tan bien a tan temprana edad, sé que a mí me hubiera sobrepasado la situación, pero también sé que hubiera tenido dos grandes apoyos y eso me reconforta. De todas maneras no os asustéis que no tengo intención de llevar vuestro camino jeje, más adelante sí, pero por el momento estamos bien siendo los que somos, ya vendrán más, todo a su tiempo.
Me ha encantado el escrito, y el arreglo también. Sigue siendo igual de bonito y has sabido reflejar todo el esfuerzo y el empeño que ha puesto el papa toda mi vida para cuidarme, para protegerme, para (también lógicamente) regañarme, para curarme, para ayudarme… en fin, para todo lo que un padre puede hacer por una hija.
Sólo espero ser igual de buena madre con mis hijos como vosotros lo habéis sido y sois conmigo.
Muchos besitos!!!!
Sólo dejar constancia de mi paso por tu luminoso blog. El texto que leí, como padre que soy también, me pareció un gran homenaje al "día del padre". Abrazos.
ResponderSuprimirPor cierto, bonito nombre de blog.
Hola Margarita: esta carta me ha emocionado muchisímo. Ese esposo tuyo debe estar orgulloso. También leí lo que dice tu hija. Yo creo que no es casual que sea un gran padre, como dice Luna, vos sos una gran madre, y entonces, ustedes se merecen mutuamente,y el resultado es maravilloso. ¿Ves? Estas son las cosas que verdaderamente importan en la vida. El resto, como diría mi padre "es charamusca". Y pasa. Todo pasa. Nosotros pasamos. Pero si en ese pasje atesoramos esta clase de bendiciones, la vida vale la pena.
ResponderSuprimirTe mando un abrazo enorme.Y un saludo emocionado.
Hola, reina, uff, vaya comentario que me has dejado: un regalo. Muchas gracias, guapa, me ha emocionado profundamente.
ResponderSuprimirNo sé ni qué contestarte, porque me dejaste sin palabras, y sabes que eso no es facil :), porque no me callo ni debajo de agua, pero…
Tu padre es estupendo, yo soy estupenda y tú no podrías salir menos estupenda, ja, ja, ja, ¡ala, en plan modestito! Quizá es que seamos personas sencillas, amantes de la vida en familia y las pequeñas cosas de la vida, y eso facilite mucho la tarea.
Seguro que lo serás y sabes que contaras con nuestra ayuda y si hace falta te daremos un “callejón” cuando creamos que te lo merezcas, por eso no te preocupes ;)
Un beso grande grande,
Mamargarita
Nelo, ¡bienvenido a mi casa, compañero! Un gusto recibirte. Me alegro que como padre te haya gustado esta carta. También el blog y el nombre te gustaron, pues qué más se puede pedir. Te agradezco, hasta ahora nadie había dicho nada del título. Gusta contar con opiniones, eso nos va ayudando.
ResponderSuprimirUn abrazo,
Margarita
Hola, Turkesa, amiga. No me extraña que te hayas emocionado, eres una persona con una gran sensibilidad. La verdad es que le gustó mucho cuando lo leyó. Bueno, ná, lo normal, no creas, la niña que es exagerada.
ResponderSuprimirEn eso tienes toda la razón, amiga, esto es lo que verdaderamente importa. Y estas cosas que parecen sencillas y cotidianas, tan normales, son las que cobran verdadero peso, son las que te llenan, si esto esta bien, lo demás viene por añadidura, y si no, pues no importa, porque lo que importa de veras ya lo tienes. No sé si me expliqué, creo que me entendiste. Gracias, Turke, me gustó mucho tu comentario, también me emocionó.
Un besote,
Margarita
Margarita, me he emocionado leyendo esta carta amorosa y llena de reconocimiento dirigida a aquel que ha compartido contigo su vida con todas sus consecuencias.
ResponderSuprimirTe felicito, amiga, por tener una familia tan maravillosa y por saber expresarlo tan tiernamente como tú lo haces.
Un beso.
Hola, Juan, me alegro haber sabido transmitirte lo que cuento en esta carta y que te hayas emocionado al leerla, eso también es gracias a que eres una persona sensible.
ResponderSuprimirPues sí, la verdad es que he tenido esa suerte, como tanta gente sencilla que conozco, por cierto, nada de extraordinario. Gracias por tus palabras cariñosas, y por tu paso siempre bienvenido por mis letras, amigo.
Un beso,
Margarita