
Cuando Esteban Miraval del Puente esperaba a su novia Irina al pie del altar sentado en una silla de ruedas y con las dos piernas escayoladas, una creciente ansiedad se fue apoderando de él. En realidad, no tanto por la aparición de su prometida como por la del padre de ésta. Irina era la hija de su único amigo, José de Calatrava, y de una belleza eslava que no logró adaptarse al clima mediterráneo y acabó abandonándolos por el repartidor del hielo.
Sobrecogido por la energía que emanaba aquel lugar, y para matar el tiempo, hizo un repaso minucioso de su vida, de las circunstancias que habían guiado su andadura hasta tan magno acontecimiento.
Muchos años antes, siendo niño, su padre le había inculcado que era poseedor de una inteligencia tan deslumbradora que un día el mundo, arrobado, rendiría pleitesías a sus pies. La racionalidad y la constancia, herramientas de todo sabio, serían sus faros para convertirlo en un ejemplar único e irrepetible. Si bien todos los progenitores creen que su hijo es un genio, es obligación del retoño distinguir que a aquellos les ciega el amor paternal. No es este el caso.
Fue de este modo como Esteban, a la tierna edad de siete años, planificó el “Sistema por Asociación de Ideas” con el cual desarrollaría su original personalidad. «¡Sorpréndeles! La lógica sólo conduce a la vulgaridad», solía apuntarle su padre. A la vez trataría de estimular la imaginación de sus desfavorecidos compañeros de clase. En una ocasión, al ser llamado por su maestro para que escribiese la festividad del día en la pizarra, estrenó su sistema: «Hoy, 19 de marzo, Día del Esposo de la Virgen», fue lo que hilvanó con la tiza en lugar del popular y trillado San José. A partir de aquel momento el mundo dejaría de ser tan anodino y daría comienzo a una nueva forma de comunicación, más imaginativa, lo que llevaría, por fuerza, a subir un peldaño en la evolución de la humanidad. Se giró para comprobar el resultado de su acción y observó, decepcionado, como el único compañero que miraba en aquella dirección se hurgaba en la nariz, con la boca abierta.
Un año después, su “Sistema por Asociación de Ideas” alcanzaba tal perfección que sólo él podía desentrañar sus misterios, quedándose muy por detrás el resto de sus compañeros. No podía esperar a aquellos, no iban a significar un freno en su carrera y pasaba horas meditando en el siguiente paso en su ascensión al éxito. Este le fue develado, como suele sucederles a los grandes hombres, mediante la providencia. Un día, a la salida del colegio, una mariposa se cruzó en su camino y quedó fascinado ante su alegre aleteo. La siguió largo rato, observando con atención el movimiento de sus alas y preguntándose cuál sería la característica que daba pie al famoso efecto que llevaba su nombre. ¡Sería investigador! Decidido a dar con las claves del asunto, no tuvo ojos para otra cosa y cuando se dio cuenta se encontraba en una calle que no conocía y sin recordar que camino había seguido.
Muchos minutos después, un nutrido grupo de viandantes trataba de averiguar su dirección a fin de hacerlo regresar a su casa, cuanto antes. Esteban, tratando de explicar las razones que lo había llevado a extraviarse, comenzó a divagar exponiéndoles las conclusiones de su reciente teoría sobre la misteriosa fuerza que ejercían las alas de aquel insecto. «¡Niño, que no tenemos todo el día!» Escuchó decir a una voz salida de aquella tropa y fue cuando les indicó a su auditorio que vivía en la calle del escritor de la canoa, pero nadie parecía conocerla. Incluso el quiosquero de la esquina trajo un callejero para buscarla. Y nada. Hasta que una anciana que ya había barrido la acera cinco veces mientras no se perdía detalle de todo aquel embrollo, habló: «Me vais a permitir la intromisión, pero… ¡Qué “jodio”, el crío! A ver, rapaz…¿Les tomas el pelo, o a qué estás jugando? ¿A los acertijos?». Aquellas sabias palabras prendieron la chispa del entendimiento en uno de los presentes, un universitario, y concluyó que el niño vivía en la calle Calderón de la Barca. A Esteban le embargó la felicidad al ver como su “Sistema por Asociación de Ideas” comenzaba a dar sus frutos.
Quiso la casualidad que aquel universitario, llamado José de Calatrava, siguiera estudiando cuando Esteban ingresó a la facultad. José era sencillo, comprensivo, paciente y…era muy paciente. Encontró en Esteban un compañero con el que realizar sus trabajos estudiantiles, por causalidad, dado que el resto de la clase le hizo ver que era la única opción para ambos. Una decisión acogida con agrado por José, pues aquel era muy educado, casi en extremo. Virtud que pudo comprobar una tarde en la que estaban juntos en su casa mientras caía el segundo diluvio universal. La madre de José preguntó a Esteban si había traído algo con lo que guarecerse y al escuchar que no lo invitó a cenar. Esteban abrió la puerta y salió corriendo en medio del chaparrón, dejando perplejos a sus anfitriones. A los veinte minutos regresó, ensopado bajo un paraguas, y explicando que había ido a su casa para avisar a sus padres que no cenaba con ellos y a coger algo con lo que protegerse, porque estaba lloviendo.
Al finalizar la carrera Esteban se consideró sobradamente preparado para el mundo. Estaría el mundo preparado para Esteban…Tenía muchas incógnitas que despejar del maravilloso porvenir que le aguardaba. ¿Cómo reaccionaria la humanidad cuando él concluyese sus investigaciones? Y, ¿al servicio de qué causa pondría todo su enorme capital intelectual y sus inabarcables conocimientos, para que fuera reconocido? No tardó en dar con ella. Investigaría a favor de la infertilidad. Eran muchas las parejas, en su ciudad, que no podían tener descendencia. Se imaginó entre una multitud de felices padres con sus bebés en brazos mientras era aclamado por ellos y por la comunidad científica. Al fin y al cabo a Fleming le acaban de dar el Nobel por un descubrimiento casual, cuanto más, en justicia, merecería él ese honor.
No se le pudo ocurrir mejor homenaje para el creador de sus días que cobrar su herencia e invertirla en el proyecto que llevaría a su hijo al lugar donde él siempre quiso verlo. Era una gran responsabilidad, en sus manos estaba el fruto del trabajo de toda una vida. Sabía que su padre de haber estado allí se habría sentido orgulloso de su arresto. En un muestreo previo, de las especies en vías de extinción, había elegido la clase de hembra más estéril, para asegurarse los resultados. «Alcanzar la perfección, es el objetivo de todo sabio. Que sea el lema en todo lo que emprendas», solía decirle su progenitor. Con determinación preparó su equipaje y se dirigió al Mar Caspio, en busca del mejillón cebra.
Sobrecogido por la energía que emanaba aquel lugar, y para matar el tiempo, hizo un repaso minucioso de su vida, de las circunstancias que habían guiado su andadura hasta tan magno acontecimiento.
Muchos años antes, siendo niño, su padre le había inculcado que era poseedor de una inteligencia tan deslumbradora que un día el mundo, arrobado, rendiría pleitesías a sus pies. La racionalidad y la constancia, herramientas de todo sabio, serían sus faros para convertirlo en un ejemplar único e irrepetible. Si bien todos los progenitores creen que su hijo es un genio, es obligación del retoño distinguir que a aquellos les ciega el amor paternal. No es este el caso.
Fue de este modo como Esteban, a la tierna edad de siete años, planificó el “Sistema por Asociación de Ideas” con el cual desarrollaría su original personalidad. «¡Sorpréndeles! La lógica sólo conduce a la vulgaridad», solía apuntarle su padre. A la vez trataría de estimular la imaginación de sus desfavorecidos compañeros de clase. En una ocasión, al ser llamado por su maestro para que escribiese la festividad del día en la pizarra, estrenó su sistema: «Hoy, 19 de marzo, Día del Esposo de la Virgen», fue lo que hilvanó con la tiza en lugar del popular y trillado San José. A partir de aquel momento el mundo dejaría de ser tan anodino y daría comienzo a una nueva forma de comunicación, más imaginativa, lo que llevaría, por fuerza, a subir un peldaño en la evolución de la humanidad. Se giró para comprobar el resultado de su acción y observó, decepcionado, como el único compañero que miraba en aquella dirección se hurgaba en la nariz, con la boca abierta.
Un año después, su “Sistema por Asociación de Ideas” alcanzaba tal perfección que sólo él podía desentrañar sus misterios, quedándose muy por detrás el resto de sus compañeros. No podía esperar a aquellos, no iban a significar un freno en su carrera y pasaba horas meditando en el siguiente paso en su ascensión al éxito. Este le fue develado, como suele sucederles a los grandes hombres, mediante la providencia. Un día, a la salida del colegio, una mariposa se cruzó en su camino y quedó fascinado ante su alegre aleteo. La siguió largo rato, observando con atención el movimiento de sus alas y preguntándose cuál sería la característica que daba pie al famoso efecto que llevaba su nombre. ¡Sería investigador! Decidido a dar con las claves del asunto, no tuvo ojos para otra cosa y cuando se dio cuenta se encontraba en una calle que no conocía y sin recordar que camino había seguido.
Muchos minutos después, un nutrido grupo de viandantes trataba de averiguar su dirección a fin de hacerlo regresar a su casa, cuanto antes. Esteban, tratando de explicar las razones que lo había llevado a extraviarse, comenzó a divagar exponiéndoles las conclusiones de su reciente teoría sobre la misteriosa fuerza que ejercían las alas de aquel insecto. «¡Niño, que no tenemos todo el día!» Escuchó decir a una voz salida de aquella tropa y fue cuando les indicó a su auditorio que vivía en la calle del escritor de la canoa, pero nadie parecía conocerla. Incluso el quiosquero de la esquina trajo un callejero para buscarla. Y nada. Hasta que una anciana que ya había barrido la acera cinco veces mientras no se perdía detalle de todo aquel embrollo, habló: «Me vais a permitir la intromisión, pero… ¡Qué “jodio”, el crío! A ver, rapaz…¿Les tomas el pelo, o a qué estás jugando? ¿A los acertijos?». Aquellas sabias palabras prendieron la chispa del entendimiento en uno de los presentes, un universitario, y concluyó que el niño vivía en la calle Calderón de la Barca. A Esteban le embargó la felicidad al ver como su “Sistema por Asociación de Ideas” comenzaba a dar sus frutos.
Quiso la casualidad que aquel universitario, llamado José de Calatrava, siguiera estudiando cuando Esteban ingresó a la facultad. José era sencillo, comprensivo, paciente y…era muy paciente. Encontró en Esteban un compañero con el que realizar sus trabajos estudiantiles, por causalidad, dado que el resto de la clase le hizo ver que era la única opción para ambos. Una decisión acogida con agrado por José, pues aquel era muy educado, casi en extremo. Virtud que pudo comprobar una tarde en la que estaban juntos en su casa mientras caía el segundo diluvio universal. La madre de José preguntó a Esteban si había traído algo con lo que guarecerse y al escuchar que no lo invitó a cenar. Esteban abrió la puerta y salió corriendo en medio del chaparrón, dejando perplejos a sus anfitriones. A los veinte minutos regresó, ensopado bajo un paraguas, y explicando que había ido a su casa para avisar a sus padres que no cenaba con ellos y a coger algo con lo que protegerse, porque estaba lloviendo.
Al finalizar la carrera Esteban se consideró sobradamente preparado para el mundo. Estaría el mundo preparado para Esteban…Tenía muchas incógnitas que despejar del maravilloso porvenir que le aguardaba. ¿Cómo reaccionaria la humanidad cuando él concluyese sus investigaciones? Y, ¿al servicio de qué causa pondría todo su enorme capital intelectual y sus inabarcables conocimientos, para que fuera reconocido? No tardó en dar con ella. Investigaría a favor de la infertilidad. Eran muchas las parejas, en su ciudad, que no podían tener descendencia. Se imaginó entre una multitud de felices padres con sus bebés en brazos mientras era aclamado por ellos y por la comunidad científica. Al fin y al cabo a Fleming le acaban de dar el Nobel por un descubrimiento casual, cuanto más, en justicia, merecería él ese honor.
No se le pudo ocurrir mejor homenaje para el creador de sus días que cobrar su herencia e invertirla en el proyecto que llevaría a su hijo al lugar donde él siempre quiso verlo. Era una gran responsabilidad, en sus manos estaba el fruto del trabajo de toda una vida. Sabía que su padre de haber estado allí se habría sentido orgulloso de su arresto. En un muestreo previo, de las especies en vías de extinción, había elegido la clase de hembra más estéril, para asegurarse los resultados. «Alcanzar la perfección, es el objetivo de todo sabio. Que sea el lema en todo lo que emprendas», solía decirle su progenitor. Con determinación preparó su equipaje y se dirigió al Mar Caspio, en busca del mejillón cebra.
(Continuará.)
Hola, Margot: Un comienzo vigoroso, perfecto.
ResponderSuprimirPara aplaudir de pie.
Como lectora, me da gusto el respeto que ha mostrado la autora: no ofrece mayores explicaciones. Ofrece un texto dotado de una impertinencia y frescura sorprendentes, derivándose con total eficacia en un ritmo vertiginoso que se destaca por el atinado humor; fino, inteligente y mordaz.
En su dosis justa cada elemento, no podía sino desembocar en un texto de increíble llegada. Mis plácemes, Licenciada
"Irina era la hija de su único amigo, José de Calatrava y de una belleza eslava, que no logró adaptarse al clima mediterráneo y acabó abandonándolos por el repartidor del hielo."
¡Qué línea excelente! Y ¡cómo me ha hecho reir!
Por cierto, tomo nota de un cambio ostensible -y favorable- en tu prosa, para mejor. O, o si lo prefieres, rumbo a la Excelencia. (Con seguridad se debe a que has abandonado el arroz con leche y ahora te alimentas de mate amargo. ¿No decía yo? Por su brillo cerebral los conoceréis (a los estómagos verdes) .
"Sobrecogido por la energía que emanaba aquel lugar, y para matar el tiempo, hizo un repaso minucioso de su vida, de las circunstancias que habían guiado su andadura hasta tan magno acontecimiento."
Me encantó la irreverencia que distingue a este señor genio: sobrecogido por la energía del lugar, se dedica a repasar su vida... Pero también lo hace para matar el tiempo. ¡Jajajaja! Pero qué descaro, las razones de las que se sirve para repasar su vida... Dos opuestos totales.
Aunque pensándolo con detenimiento, es casi como la vida real, al fin y al cabo...
"Muchos años antes, siendo niño, su padre le había inculcado que era poseedor de una inteligencia tan deslumbradora que un día el mundo arrobado rendiría pleitesías a sus pies. La racionalidad y la constancia, herramientas de todo sabio, serían sus faros para convertirlo en un ejemplar único e irrepetible. Si bien todos los progenitores creen que su hijo es un genio, es obligación del retoño distinguir que a aquéllos les ciega el amor paternal. No es éste el caso."
¡Jajaja! ¡Así que es obligación del retoño distinguir que a los progenitores les ciega el amor paternal! Pues mira, este padre, es digno ascendente de su hijo, jeje.
Margarita, la idea que domina la historia es de gran ingenio e inteligencia. Pero además está escrito con una habilidad tal, que me ha dejado demudada. No porque no te haya leído cosas buenas antes, sino que me da la impresión de que con este texto has pegado lo que se dice un salto cuántico. Denota una nueva madurez en tu escritura que se ha manifestado de golpe, prescindiendo de etapas intermedias, no sé si me explico...
Nada. Que te felicito, chica. Este texto es un prodigio, casi tanto 0como Esteban.
"Fue de este modo como Esteban, a la tierna edad de siete años, planificó el “Sistema por Asociación de Ideas” con el cuál desarrollaría su original personalidad. “¡Sorpréndeles! La lógica sólo conduce a la vulgaridad”, solía apuntarle su padre. A la vez trataría de estimular la imaginación de sus desfavorecidos compañeros de clase. En una ocasión, al ser llamado por su maestro para que escribiese la festividad del día en la pizarra, estrenó su sistema: “Hoy, diecinueve de marzo, Día del Esposo de la Virgen”, en lugar del popular y trillado San José. A partir de aquel momento el mundo dejaría de ser tan anodino y daría comienzo a una nueva forma de comunicación, más imaginativa, lo que llevaría, por fuerza, a subir un peldaño en la evolución de la humanidad. Se giró para comprobar el resultado de su acción y observó, decepcionado, cómo el único compañero que miraba en aquella dirección se hurgaba en la nariz, con la boca abierta."
Este Sistema por Asociación de Ideas deberías patentarlo. Creo que vas a hacerte rica cuando todos los países se disputen la exclusividad del mismo. Lo único peligroso, tal vez, es que cayeras en manos –o en mentes, mejor dicho- esteee…. de gente inadecuada, digo, mal alimentada, casi sin neuronas... Imagínate el dislate que se produciría mediante la distorsión de una Asociación de Ideas, ya de por sí, elevada a su máximo punto de tolerancia.
Y ahora en serio, otra vez, tiene frases impagables: "y observó, decepcionado, cómo el único compañero que miraba en aquella dirección se hurgaba en la nariz, con la boca abierta."
Claro que no creo que pueda caer este Sistema en mentes más border que la de Esteban. En efecto, si se entiende por Asociación de Ideas, que “la mente salta instantáneamente al dato siguiente, que le es sugerido por asociación de ideas, siguiendo alguna intrincada trama de caminos conformada por las células del cerebro", jeje, bueno, el camino de Esteban más intrincado no pudo resultar. Y eso, es mérito del ingenio y la soltura de que hace gala en todo momento la autora, a lo largo y a lo ancho del texto.
"Un año después, su “Sistema por Asociación de Ideas” alcanzaba tal perfección que sólo él podía desentrañar sus misterios, quedándose muy por detrás el resto de sus compañeros. No podía esperarlos, esto no iba a significar un freno en su carrera y pasaba horas meditando en el siguiente paso en su ascensión al éxito. Éste le fue develado como suele sucederle a los grandes hombres, mediante la providencia. Un día, a la salida del colegio, una mariposa se cruzó en su camino y quedó fascinado ante su alegre aleteo. La siguió largo rato, observando con atención el movimiento de sus alas y preguntándose cuál era el poder que daba pie al famoso efecto que llevaba su nombre. ¡Sería investigador! Decidido a dar con las claves de la cuestión, no tuvo ojos para otra cosa y cuando se dio cuenta ya no sabía regresar a su casa."
Repito: no es sólo un argumento original y una historia sólida de impecable presentación lo que se encuentra en este cuento -que creo será de antología-, sino la forma en que la autora maneja con habilidad envidiable las tácticas eficientes, pertinentes, sin dejarse tentar por adicionales que suelen debilitar la idea.
Por el contrario, es este un cuento al que nada le falta ni le sobra. Equilibrio, que le dicen.
Para exquisitos, te digo.
"A los pocos minutos, un nutrido grupo de viandantes trataban de averiguar su dirección, a fin de hacerlo regresar a su casa, cuanto antes. Aquel niño había comenzado a explicarles las conclusiones de su reciente teoría sobre la misteriosa fuerza que ejercían las alas de aquel insecto. Pero Esteban les indicó que vivía en la calle del escritor de la canoa y nadie parecía conocerla. Incluso el quiosquero de la esquina trajo un callejero para buscarla. Y nada. Hasta que una anciana, que ya había barrido la acera cinco veces, mientras no se perdía detalle de todo aquel embrollo, habló: “Me vais a permitir la intromisión, pero…¡Qué “jodio”, el crío! A ver, rapaz…¿Les tomas el pelo, o a qué estás jugando? ¿A los acertijos?”. Aquellas sabias palabras prendieron la chispa del entendimiento en uno de los presentes, un universitario, y concluyó que el niño vivía en la calle Calderón de la Barca. A Esteban le embargó la felicidad, al ver cómo su “Sistema por Asociación de Ideas” comenzaba a dar sus frutos."
Introducir los personajes de la anciana que había barrido cinco veces la vereda, así como el callejero que trajo el quiosquero de la esquina, son de un acierto total.
¡Hay que sostener el ritmo nada quedado de esta historia, con los múltiples recursos que vas añadiendo permanentemente! Y te ha quedado de maravilla.
"Quiso la casualidad que aquel universitario, llamado José de Calatrava, siguiera estudiando cuando Esteban ingresó a la facultad. José era sencillo, comprensivo, paciente y…era muy paciente. Encontró en Esteban un compañero con el que realizar sus trabajos estudiantiles, por causalidad, dado que el resto de ellos le hicieron ver que era la única opción, de ambos. Una decisión acogida con agrado por José, pues aquél era muy educado, casi en extremo. Virtud que pudo comprobar una tarde en la que estaban juntos en su casa mientras caía el segundo diluvio universal. La madre de José preguntó a Esteban si había traído algo con lo que guarecerse y al escuchar que no, lo invitó a cenar. Esteban abrió la puerta y salió corriendo en medio del chaparrón, dejando perplejos a sus anfitriones. A los veinte minutos regresó, ensopado bajo un paraguas y explicando que había ido a su casa para avisar a sus padres que no cenaba con ellos y coger algo con lo que protegerse, porque estaba lloviendo."
Otra línea para destacar:
Virtud que pudo comprobar una tarde en la que estaban juntos en su casa mientras caía el segundo diluvio universal
Bien, acá Esteban honra el sentido de su nombre, que significa "el ganador" o "el victorioso." (¿Lo elegiste adrede?)
¡Vaya, qué tipo obstinado! Si hasta defiende la eficacia de su Sistema mediante la experimentación propia, por más incomodidades que ello le conlleve...
Bueno, tomando mate espero la continuación.
Te felicito.
Un abrazo.
Qué agradables son tus visitas y qué entretenidos son tus "post".
ResponderSuprimirUn abrazo.
HOla,
ResponderSuprimirQue buen texto, tiene toques de humor buenísimos, me ha gustado mucho. ¿Habrá una continuación? Me encantaria leer más.
Saludos Margarita, te he dejado un comentario en tu otro blog, que maravilla de fotos y de lugar
Un beso,
Cris
Maravilloso! Me ha gustado mucho. Todo exquisitamente bello.Felicitaciones!!
ResponderSuprimirHola, Margarita. He disfrutado leyendo este primer capítulo de tu nuevo relato. Me ha gustado tanto el estilo como el planteamiento: "la asociación de ideas".El juego como forma de vida podría ser muy interesante, al menos potenciaría la creatividad.
ResponderSuprimirEstaré atenta a los siguientes capítulos, pues quedan muchas cosas en el aire y conseguiste que nuestra curiosidad se activara.
¿Tuvo éxito con el tema de la infertilidad?
¿Por qué está Esteban en una silla de ruedas?
¿Llegará la novia y se casará?
Bueno, te felicito de nuevo.
Un abrazo
Conchi
Margarita, aunque había leído el cuento en Prosófagos no pude resistir la tentación de volver a leerlo, es un magnífico cuento, y te felicito una vez más. Nodigo mucho pues ya Turke se me adelantó.
ResponderSuprimir¡Qué me queda después de ella?
Ja, ja, ja,
Un abrazote, amiga,
Blanca
“Hola, Margot: Un comienzo vigoroso, perfecto”.
ResponderSuprimirTurke, me gusta tanto que lo acabaré utilizando de seudónimo.
Como autora, no sabes el gusto que da leer párrafos como este, es para flipar una semana, un mes, un año... Lo enmarco. Che, te pasaste, amiga. El cuento es algo impertinente, eso sí y tu comentario impagable. Un maravilloso análisis del cuento y de la personalidad del protagonista, cargado de ese delicioso humor turkesa, con sello propio. Te agradezco tu generosidad.
¡Oh sí!, preferir lo prefiero, sin dudas, ahora bien, yo al mate ese ni lo probé. Bueno, se agradece, pero creo que fue un golpe de inspiración y ya… (¡No he vuelto a escribir…!), pero quiero remediar eso muy pronto.
Bueno ese señor genio, sí que es un irreverente, pero claro, la espera se hace larga y en algo tiene que ocupar su fértil e inagotable imaginación…
Tal que así mismo es, por lo menos cuando uno comienza a madurar, si no malo…
“¡Jajaja! ¡Así que es obligación del retoño distinguir que a los progenitores les ciega el amor paternal!”
Tú te explicas de maravilla, lo que no sé es hacia dónde va ese “salto”, es mejor asegurarse que haya agua debajo, ¿no te parece?
Corro ahora mismo… Menudo caos se armaría de tener éxito.
“Este Sistema por Asociación de Ideas deberías patentarlo. Creo que vas a hacerte rica”
Bueno, mujer, cómo te refieres así al genio. Mírala ella, sin ningún perifollo, creo que es la definición más acertada que haya podido imaginar.
“Claro que no creo que pueda caer este Sistema en mentes más border que la de Esteban”.
Pues te digo que la anciana tiene un papel chiquito, pero intenso, y me robó el corazón. Me la imaginé allí disimulando, barriendo para arriba y para abajo… Creo que es la única en su sano juicio en toodo el cuento.
“Introducir los personajes de la anciana que había barrido cinco veces la vereda, así como el callejero que trajo el quiosquero de la esquina, son de un acierto total”.
¡Sí! Me alegro que lo hayas comentado. A veces me da por escogerlos a conciencia, no sé, me da por ahí. Claro, qué nombre iba a escoger su progenitor con semejante filosofía, ¿uno al azar o por simple gusto?
“Bien, acá Esteban honra el sentido de su nombre, que significa "el ganador" o "el victorioso." (¿Lo elegiste adrede?)”.
Ah, qué vicio más feo con el mate, señor, claro que a una amiga se la acepta como es :).
Pronto viene esa segunda entrega. Me alegro que hayas disfrutado de este cuento, y te agradezco, enormemente, este comentario con corazón y humor. Como te dije, es para enmarcarlo, porque me llenó de alegría tu paso por aquí. Y con un comentario tan intenso en el que desmenuzaste mi cuentito y no te has dejado nada. Gracias, amiga.
Besotes!
Margot (oye, cada vez va ganando más puntos este ;).Mira qué bien suena para las novelas rosas, me falta un apellido a la altura, jaja).
Felipe, me alegro de que así te lo parezcan. Bueno, este sí es entretenido, Esteban era un niño inquieto. Ya verás la actividad que tiene en la segunda parte.
ResponderSuprimirUn gusto tenerte por aquí.
Un beso,
Margarita
Hola, Cristina, qué bueno que te haya gustado. La única pretensión es hacer pasar un buen rato al lector que te hace le regalo de leer tu cuento. Con lo escaso que vamos de tiempo, hoy día, es para agradecerlo.
ResponderSuprimirSí, hay una segunda parte, que quiero colgar este finde. Ya me paso por tu blog y te aviso, así te hago una visita, también. Todavía faltan bastantes peripecias de este Esteban.
Me alegro de que te haya gustado mi blog de fotos, la verdad es que le pongo mucho cariño allí, a este también, pero…
Un beso,
Margarita
Alma, me alegro que este blog, también, te haya gustado. Gracias por pasarte a hacerme una visita y por dejar tu opinión, es gratificante.
ResponderSuprimirUn abrazo,
Margarita
Hola, Margarita,
ResponderSuprimirSí, menuda la armó el tal Esteban Miraval del Puente con su asociación de ideas y el mejillón cebra; para no dejar de sonreir.
Un relato bien contado, imaginativo y ameno.
Felicidades.
Un beso,
Boris.
Margarita, verdaderamente me asombras con tus progresos: no pareces la misma Margarita que acostumbraba a leer.
ResponderSuprimirEl estilo me encanta, y como te ha señalado Turkesa aportas frases geniales.
La historia es genial, entretenida y adictiva: te conduce rápidamente a leer el siguiente capítulo.
Es lo que me apresuro a hacer.
Un beso.
Juan Pan (El sistema dice que no sé mi clave, el muy...)
Hola, Conchi. Qué bueno que te haya gustado. Bueno, sí es cierto que potenciaría la creatividad. Todos los juegos lo hacen, ahora depende el uso que se le dé. Con Esteban no tendría muchas esperanzas, jeje.
ResponderSuprimirAh, se te plantearon muchas cuestiones. Todas ellas se desvelan en la segunda entrega. Espero que la disfrutes, también.
Gracias, Conchi, por leer y comentar mis cuentos. Es un gusto contar con la opinión de quienes nos leen.
Un abrazo,
Margarita
Pues gracias, Blanca, por volver a leerlo. Me alegro mucho de que te haya gustado. Ah, y esos piropos, me vienen muy bien, porque todavía no me he sentado a escribir de nuevo. Algo que quiero remediar ya.
ResponderSuprimirNo, mujer, pero qué dices… si Turke apenas habla, jeje.
En serio, me encantó su comentario y el tuyo, y puedes decir cuanto te parezca de bueno o de malo.
Gracias por pasar por mi casa.
Un abrazo, grande,
Margarita
Boris, qué alegría verte por mi blog. Cierto, cuando Esteban se echa a pensar los demás se echan a temblar, jeje.
ResponderSuprimirGracias mil, por tus palabras tan favorables para mi cuento. Un gusto tenerte en mi casa, compañero.
Un beso,
Margarita
Juan, amigo, así que el sistema no te reconoció, pero yo sí :). Me dio alegría verte en mi blog.
ResponderSuprimirUy, todo eso que dices, miedo me da… Seguro es fruto de alguna musa despistada que me tocó con su varita.
Ah, gracias por tus palabras, me encanta que te haya parecido todo eso este cuento, sorprendida, yo, gratamente, y, sobre todo, me alegra que lo hayas disfrutado. Esa era mi intención al escribirlo, pasarlo bien yo, y hacérselo pasar bien a los demás.
Un gusto verte por aquí.
Te mando un beso grande,
Margarita