Una vez allí obtuvo los permisos oportunos y una concesión de explotación por diez años de una vasta extensión marítima, que convertiría en su vivero. Compró las embarcaciones necesarias, contrató personal autóctono, poco especializado —pescadores fue lo único que encontró a mano—, y en pocas semanas habían sembrado toda la zona de bateas. Al ser inquirido con extrañeza por uno de sus colaboradores, como gustaba llamarlos, sobre aquel estudio que estaba realizando, ya que dicho molusco no era comestible, y una vez satisfecha la curiosidad del individuo, éste le preguntó: «Bueno, no es que yo entienda una mierda de esto. Vamos, que no soy científico, pero, ¿una mujer no es muy distinta de un mejillón? Yo pensaba que para estas cosas se utilizaba especies más parecidas… ¡Claro, que usted sabrá!». Esteban lo miró condescendiente. Él era pertinaz y a los ocho años ya había logrado su objetivo: la hembra de mejillón cebra pasó de ser prácticamente estéril a producir cuarenta mil huevos en un ciclo y un millón al año de media, cada ejemplar. ¡Un éxito rotundo! Muchos años más tarde, el mejillón cebra se habría de convertir en una especie agresiva que arrasaba el ecosistema allá por dónde pasaba. Pero eso ya es otra historia…
A pesar de las profundas enseñanzas que había recibido de su progenitor, comprobó que dos preceptos se le quedaron en el tintero: que los recursos económicos no son ilimitados y que para sobrevivir uno tenía que hacer un trabajo retribuido; vamos, que no se podía vivir del cuento ni del aire por mucho tiempo. Arruinado y sin poder concluir su investigación regresó a su ciudad a buscarse la vida.
De esta manera es como fue a parar a la casa de José de Calatrava. Hacía seis meses que su amigo disfrutaba de su exquisita compañía y de su erudición a cambio del alojamiento y un módico “a mesa y mantel” cuando Irina irrumpió en sus vidas, para quedarse. Irina se había convertido en una reputada científica y las sobremesas se alargaban hasta bien entrada la madrugada. Era joven y poseía la belleza heredada de su madre. Cuando hablaba intercalaba una chispeante sonrisa entre fórmulas matemáticas, ecuaciones imposibles y reacciones químicas. Esteban experimentó un profundo sentimiento desconocido hasta ese momento: admiración. Como un fogonazo una idea cruzó su mente: se casaría con ella.
Tantos años perdidos, errando el camino y por fin había encontrado su destino, la autopista que lo llevaría directo a la gloria, aunque para ello se tuviera que convertir en un vampiro científico, pero con prestigio. Juntos se elevarían hasta un nivel inalcanzable para el resto de los mortales. Emularían a Pierre y Marie Curie. Mejor, Irina obtendría dos premios Nobel, de igual manera que la afamada científica, y con semejantes genes no les podría nacer otra cosa que no fueran genios a los que les serían otorgados dichos premios, a su vez. Él se mantendría a su sombra, siendo el acicate y el supervisor de sus trabajos, sosteniéndola en los malos momentos, dando ejemplo de hombre adelantado a su tiempo. A medida que iba madurando la idea, más ventajas le encontraba. Sólo había un inconveniente: Irina era contraria al matrimonio.
Ella mantenía que si era capaz de desenvolverse en un mundo netamente masculino, bien un hombre podría hacer la inversa, siendo diestro en las labores que la sociedad y la historia había reservado de forma tan injusta sólo a las mujeres, y ese ejemplar no existía, según su experiencia. Como secuela de esto, no tenía la menor intención de abandonar la soltería. Un mes después de tomar la decisión de convertirse en el esposo a la sombra, Esteban le presentó una preciosa mantelería bordada a mano, por él. Irina la miró y tocó atónita, sin salir de su desconcierto. No había visto un trabajo hecho con tanto primor desde que su abuela perdió la vista y tuvo que dejar de hacer labores. Ella le dio el sí y él bordó el ajuar.
Esteban realizó en secreto los preparativos de la boda, pues presentía que la noticia no iba a ser del agrado de su amigo. «A ver si te buscar un trabajo». «A ver si alquilas una habitación». «A ver si maduras y dejas de ser un parásito», eran algunas de las frases que le hicieron percibir una incipiente hostilidad de parte suya. Se lo comunicó dos semanas antes de la boda; fue el plazo que estimó oportuno para que el enlace no se pudiera frustrar. Se lo contó todo, sin ambages y a solas, mientras tomaban café en el comedor. José manifestó su disconformidad: «¡Antes te parto las piernas! ¡Chalado del demonio!». Y así lo hizo. Esteban sintió un gran sufrimiento, no sólo por la brutalidad de aquel acto en sí, sino por la vulgaridad del mismo al ser agredido salvajemente con una silla. Cuando se lo llevaba la ambulancia todavía le duraba la fiereza a su amigo que vociferaba que antes de casarse con su hija y convertirla en una desgraciada y vivir a costilla de ella, tendría que pasar por encima de su cadáver.
No era de extrañar que el día de la boda Esteban esperase ansioso, sobre todo, la aparición del padre de la novia. O mejor dicho, la no aparición. Para ello había trazado un plan magistral. Le preparó la última cena, añadiendo un cóctel de laxantes al plato de aquél y, para potenciar el efecto, espolvoreó con ricina las hojas de eucalipto con las que acostumbraba hacerse inhalaciones por la mañana.
Ahora, frente al altar, se encontraba abstraído en sus pensamientos, cuando de pronto una mariposa se cruzó delante de él. No pudo evitar, quizá por el dominio que esgrimía de su sistema, asociarla a aquel día en el que siendo niño se perdió y tomó esto como un mal presagio.
Horas más tarde, cuando la mayoría de los invitados, cansados de la espera, se habían marchado y sólo quedaban aquellos a los que la curiosidad les impedía poner un pie fuera de la iglesia, entró Irina como una exhalación. Corrió por el pasillo central, arremangándose el vestido, con el velo caído y el moño desmadejado, gritando que se suspendía la boda, ya que su padre había fallecido sentado en la taza del inodoro.
La boda jamás llegó a celebrarse. La autopsia reveló que el deceso había sido causado a consecuencia de inhalar ricina, una proteína muy tóxica, que en pocas horas provoca parada cardiorrespiratoria. La policía detuvo a Esteban como autor material del crimen, quien se defendió ante el juez alegando que todo había sido una desafortunada confusión de términos. Por asociación pensó que ricina y ricino eran el mismo producto. A lo que Su Señoría, conocedor de sus antecedentes culturales, le preguntó: «Caballero, ¿nos toma por estúpidos o lo es usted?».
A pesar de las profundas enseñanzas que había recibido de su progenitor, comprobó que dos preceptos se le quedaron en el tintero: que los recursos económicos no son ilimitados y que para sobrevivir uno tenía que hacer un trabajo retribuido; vamos, que no se podía vivir del cuento ni del aire por mucho tiempo. Arruinado y sin poder concluir su investigación regresó a su ciudad a buscarse la vida.
De esta manera es como fue a parar a la casa de José de Calatrava. Hacía seis meses que su amigo disfrutaba de su exquisita compañía y de su erudición a cambio del alojamiento y un módico “a mesa y mantel” cuando Irina irrumpió en sus vidas, para quedarse. Irina se había convertido en una reputada científica y las sobremesas se alargaban hasta bien entrada la madrugada. Era joven y poseía la belleza heredada de su madre. Cuando hablaba intercalaba una chispeante sonrisa entre fórmulas matemáticas, ecuaciones imposibles y reacciones químicas. Esteban experimentó un profundo sentimiento desconocido hasta ese momento: admiración. Como un fogonazo una idea cruzó su mente: se casaría con ella.
Tantos años perdidos, errando el camino y por fin había encontrado su destino, la autopista que lo llevaría directo a la gloria, aunque para ello se tuviera que convertir en un vampiro científico, pero con prestigio. Juntos se elevarían hasta un nivel inalcanzable para el resto de los mortales. Emularían a Pierre y Marie Curie. Mejor, Irina obtendría dos premios Nobel, de igual manera que la afamada científica, y con semejantes genes no les podría nacer otra cosa que no fueran genios a los que les serían otorgados dichos premios, a su vez. Él se mantendría a su sombra, siendo el acicate y el supervisor de sus trabajos, sosteniéndola en los malos momentos, dando ejemplo de hombre adelantado a su tiempo. A medida que iba madurando la idea, más ventajas le encontraba. Sólo había un inconveniente: Irina era contraria al matrimonio.
Ella mantenía que si era capaz de desenvolverse en un mundo netamente masculino, bien un hombre podría hacer la inversa, siendo diestro en las labores que la sociedad y la historia había reservado de forma tan injusta sólo a las mujeres, y ese ejemplar no existía, según su experiencia. Como secuela de esto, no tenía la menor intención de abandonar la soltería. Un mes después de tomar la decisión de convertirse en el esposo a la sombra, Esteban le presentó una preciosa mantelería bordada a mano, por él. Irina la miró y tocó atónita, sin salir de su desconcierto. No había visto un trabajo hecho con tanto primor desde que su abuela perdió la vista y tuvo que dejar de hacer labores. Ella le dio el sí y él bordó el ajuar.
Esteban realizó en secreto los preparativos de la boda, pues presentía que la noticia no iba a ser del agrado de su amigo. «A ver si te buscar un trabajo». «A ver si alquilas una habitación». «A ver si maduras y dejas de ser un parásito», eran algunas de las frases que le hicieron percibir una incipiente hostilidad de parte suya. Se lo comunicó dos semanas antes de la boda; fue el plazo que estimó oportuno para que el enlace no se pudiera frustrar. Se lo contó todo, sin ambages y a solas, mientras tomaban café en el comedor. José manifestó su disconformidad: «¡Antes te parto las piernas! ¡Chalado del demonio!». Y así lo hizo. Esteban sintió un gran sufrimiento, no sólo por la brutalidad de aquel acto en sí, sino por la vulgaridad del mismo al ser agredido salvajemente con una silla. Cuando se lo llevaba la ambulancia todavía le duraba la fiereza a su amigo que vociferaba que antes de casarse con su hija y convertirla en una desgraciada y vivir a costilla de ella, tendría que pasar por encima de su cadáver.
No era de extrañar que el día de la boda Esteban esperase ansioso, sobre todo, la aparición del padre de la novia. O mejor dicho, la no aparición. Para ello había trazado un plan magistral. Le preparó la última cena, añadiendo un cóctel de laxantes al plato de aquél y, para potenciar el efecto, espolvoreó con ricina las hojas de eucalipto con las que acostumbraba hacerse inhalaciones por la mañana.
Ahora, frente al altar, se encontraba abstraído en sus pensamientos, cuando de pronto una mariposa se cruzó delante de él. No pudo evitar, quizá por el dominio que esgrimía de su sistema, asociarla a aquel día en el que siendo niño se perdió y tomó esto como un mal presagio.
Horas más tarde, cuando la mayoría de los invitados, cansados de la espera, se habían marchado y sólo quedaban aquellos a los que la curiosidad les impedía poner un pie fuera de la iglesia, entró Irina como una exhalación. Corrió por el pasillo central, arremangándose el vestido, con el velo caído y el moño desmadejado, gritando que se suspendía la boda, ya que su padre había fallecido sentado en la taza del inodoro.
La boda jamás llegó a celebrarse. La autopsia reveló que el deceso había sido causado a consecuencia de inhalar ricina, una proteína muy tóxica, que en pocas horas provoca parada cardiorrespiratoria. La policía detuvo a Esteban como autor material del crimen, quien se defendió ante el juez alegando que todo había sido una desafortunada confusión de términos. Por asociación pensó que ricina y ricino eran el mismo producto. A lo que Su Señoría, conocedor de sus antecedentes culturales, le preguntó: «Caballero, ¿nos toma por estúpidos o lo es usted?».

Hola Margarita.
ResponderSuprimirJá estive a ler atentamente este seu conto, e sua escrita tém talento, gostei desta pequena história, que nos enreda pela maneira interessante como a escreveu, vejo que é uma escritora dedicada, os meus parabéns.
Tudo de bom, com os meus cumprimentos, até breve.
Un abrazo.
José Filipe / 1-6-2009
Hola, Margot:
ResponderSuprimir¡Jajaja! Por favor, escribe el cuento del mejillón cebra arrasando con el ecosistema, hazlo. ¡Ponte a escribir!
Otra parrafada genial. No puedo transcribir todo el cuento, pero debiera hacerlo, si he de ser justa. Lástima la tiranía del tiempo, que, por lo que se ve, a Esteban no le hizo mella, sino todo lo contrario. Caprichos del universo...
"Arruinado y sin poder concluir su investigación regresó a su ciudad a buscarse la vida."
El fracaso de los elegidos. Qué manera de cosechar triunfos, este muchacho! Y qué voluntarioso.
"De esta manera es como fue a parar a la casa de José de Calatrava. Hacía seis meses que su amigo disfrutaba de su exquisita compañía y de su erudición, a cambio del alojamiento y un módico “a mesa y mantel”, cuando Irina irrumpió en sus vidas, para quedarse.
¡¡EXCELENTE FRAGMENTO!!! De lo mejor que llevo leído, desde que ando por los foros, extraforos, fondos, fueros y otras congregaciones...
Otra línea para atesorar. Impagable: "Cuando hablaba intercalaba una chispeante sonrisa entre fórmulas matemáticas, ecuaciones imposibles y reacciones químicas."
Y la forma en que decide casarse con ella; la presentación de la idea conque te descuelgas, no es sino innegable testimonio de la pluma privilegiada que maneja la autora.
Madre mía, Margarita, ¡magnífico abordaje del argumento! Sí que has pegado un salto cuántico con este cuento de irreprochable prosa.
"Juntos se elevarían hasta un nivel inalcanzable. Emularían a Pierre y Marie Curie."
Pero este hombre me desconcierta. A cada rato adopta decisiones inesperadas, no es congruente con su sistema de Asociación de ideas... Ahora la gloria radica en el matrimonio con Irina. ¿No sabe acaso que más por más da menos? O tal vez (claro, ¡si seré cuadrada!), por esa misma asociación inteligente es que se descuelga con estos giros de 180 grados que dejan boquiabiertos a los simples mortales, como la suscripta.
"Ella le dio el sí y él bordó el ajuar."
Bueno, esto es la vanguardia de la vanguardia! Esteban la enamoró mediante sus virtudes, digamos, clásicamente femeninas, en un gesto sin precedentes -y contundente- acerca de la no discriminación de sexos. Me caigo y me levanto, otra genialidad.
¡Jajajaaa! Consiguió el Sí de la Niña mediante el insólito recurso de una preciosa mantelería bordada a mano. Con sus propias manos masculinas. ¡Ay, por favor, qué risa! Pero es que los ingredientes de esta historia son para enmarcar, un recurso mejor que el otro, te digo, una va leyendo y no queda sino adoptar una postura genuflexa ante semejante derroche de humor inteligente.
¡Cómo me he reído y admirado, amiga, con este excelente despliegue de agudeza y humor.
Obviamente, este muchacho "prodigio" no reconoce límites.
Muy bueno lo de la incipiente hostilidad. JAJA. Claro que sí, "incipiente" sobre todo:
“A ver si te buscar un trabajo”. “A ver si alquilas una habitación”. “A ver si maduras y dejas de ser un parásito”
Pobre Esteban, finalmente, sí que es paciente con su futuro suegro, cuando manifiesta "disconformidad."
"...cuando de pronto una mariposa se cruzó delante de él. No pudo evitar, quizá por el dominio que esgrimía de su sistema, asociarla a aquel día en el que siendo niño se perdió, y tomó esto como un mal presagio."
Uff, hasta el famoso Efecto Mariposa ha quedado involucrado en este Sistema Asociativo. La verdad, es el ejemplo que mejor se adapta a la idea de Esteban.
"La boda jamás llegó a celebrarse. ... La policía detuvo a Esteban como autor material del crimen, quien se defendió ante el juez alegando que todo había sido una confusión de términos. Por asociación pensó que ricina y ricino era el mismo producto. A lo que Su Señoría, conocedor de sus antecedentes culturales, le preguntó: “Caballero, ¿nos toma por entupidos o lo es usted?”.
No me quedan adjetivos, he abusado de ellos de tal forma, que durante un año al menos, deberé someterme a una rigurosa dieta adjetiva. Amen de repetirme, espero me sepas disculpar.
Excelente por donde se mire, o por donde se lea.
Felicidades, Margot.
Hola Margarita,
ResponderSuprimirMe encantó la segunda parte. Sigue teniendo ese estilo de la primera y esa parte cómica", buena historia. Me gustó muchísimo.
Un abrazo,
Cris
Como esperaba al leer la primera parte, la segunda no me ha defraudado.Las dos juntas forman un hermoso e interesante cuento, en ocasiones divertido.
ResponderSuprimirMe llama la atención tu gran creatividad, tu ingenio para crear historias tan variadas, desde los temas de brujería,pasando por gerrilleras del medievo, hasta perderse en los entresijos del futuro.
Un gusto leerte, Margarita.A ver si actualizas el blog más a menudo. Besos.
Hola, José Filipe, qué gusto verte leer mi cuento. Supongo que haces tu buen esfuerzo, porque no utilizamos el mismo idioma, aunque al ser vecinos, nos suenan las palabras y solemos entendernos bien; te lo agradezco enormemente, amigo. Y si, encima, te pareció que tengo talento, pues me llena de alegría tu comentario. Es una satisfacción saber que este cuento te gustó y te hizo pasar un rato agradable, esa es la intención.
ResponderSuprimirGracias por pasarte por mis blogs. Siempre es una alegría recibirte a ti y a tus amables comentarios.
Un abrazo,
Margarita
Turke, querida amiga, ¿para cuándo un apellido?, ¡che!
ResponderSuprimirBueh, pensaré en eso de escribir sobre el mejillón este, pero depende de la inspiración, aunque dicen que tiene que pillarte escribiendo, y últimamente no estoy escribiendo nada. Tengo que ponerme, porque la verdad que el fondo marino da para muchos cuentos…mira todo lo que se oculta bajo el mar.
Bueno, sí, dicen que la voluntad mueve montañas…siempre que se sepa en qué dirección hay que empujar, jaja.
Bueno, no quiero ser cruel, pero pensé que esa debía ser lo más cercano al romanticismo para Esteban, una sonrisa intercalada en medio de fórmulas matemáticas, etc. Y la admiración el sentimiento más puro… más allá no creo que pueda llegar.
Lo que pasa es que Esteban no admite el fracaso y estos pensamientos los desecha rápido y enseguida comienza a otear dónde puede hallar el éxito y al ver las cualidades de Irina, ¡Eureka! pretende así darle un giro a su suerte, un corte de manga al destino, aunque para ello busque excusarse peregrinamente de su parasitismo, disfrazándolo de vanguardista (hay que dar la vuelta a todo para que parezca lo más bello.) Y si hay que bordar, se borda y se hay que justificar y sobresaltar como mérito estar a su sombra, lo hace con total “elegancia” y “dignidad”, sin que le duelan prendas al muchacho.
Claro, por eso lo de la “incipiente” hostilidad y la “disconformidad del suegro”, vamos, en resumen, que Esteban es un poco geta y se lo hecha todo a sus anchas espaldas. Como ves, un dechado de virtudes.
Bueno, el efecto mariposa, sí, jeje, gran descubrimiento de mi genio; ay, como algunos de los grandes, que acaban aplastados por la grandiosidad de sus hallazgos.
Pues no, no te debe quedar ni uno, de adjetivos, digo, creo que te escudriñaste todos los rincones para ofrecérmelos a mí, generosamente. Los atesoraré en un rincón del alma...y en el PC, off course.
“No me quedan adjetivos, he abusado de ellos de tal forma, que durante un año al menos, deberé someterme a una rigurosa dieta adjetiva”.
Mil gracias por este pedazo comentario que, sin duda, lo recordaré siempre. Me emocionó. Y ni decir tiene que me lo enmarco.
Un besazo, o dos,
Margarita
Cristina, qué bueno que la segunda parte te pareciera del mismo estilo, pensé que bajaba un poquito el ritmo. No es fácil mantenerlo, pero se intenta, así que celebro que te gustase igual.
ResponderSuprimirGracias por la visita, siempre bienvenida, y por leerlo y comentarlo. Un gusto que te lo hayas disfrutado.
Un abrazo,
Margarita
Juan, cuánto bueno por aquí, amigo. Me alegra mucho recibir tus visitas. No en vano eres uno de mis primeros comentaristas, desde…¿la prehistoria? Jaja.
ResponderSuprimirAh, qué alegría que no te defraudara la segunda parte. Bueno, sí, intenté ironizar, así que si te divirtió, me doy por satisfecha.
Bueno, eso se debe a que soy un “culo inquieto”, jaja. Además muy impaciente, por eso creo que me sería muy difícil escribir algo largo, como una novela, porque exprimo un tema y tengo que acabarlo ya, y no tengo paciencia para alargarlo, no sé, quizá un día deba intentarlo. Por probar…
Tienes razón, amigo, tengo que actualizarlo más seguido, pero si te confieso que todavía no tengo nada escrito… Bueno, tú sabes que he estado muy ocupada últimamente. Ahora prometo intentarlo, ¿vale?
El gusto es mío, ver que has leído mi último cuento y que te ha gustado, me llena de satisfacción.
Besos,
Margarita
Margarita, me ha gustado mucho también la segunda parte de tu cuento. Pienso que acertaste al introducir temas de actualidad, como es el de la igualdad, el del empleo, etc.
ResponderSuprimirTe felicito por los puntos de humor. Vas leyendo y no te los esperas, eso hace que sigas leyendo con la sonrisa en la boca y cuando acuerdas, ¡se terminó! ohhhhh.
Bueno, quedo a la espera del próximo...
Aprovecho para agradecerte tus comentarios en mi blog. Siempre me llenan de alegría. Espero que tu madre se encuentre mejor.
Un abrazo
Conchi
Hola, Conchi. Ah, cuánto me alegro de que te haya gustado y te supiera a poco, porque la síntesis no es mi fuerte, siempre suelo alargarme un poco. Así que te agradezco, doblemente, por seguir las dos partes y por darme tu parecer sobre el cuento.
ResponderSuprimirPues, entonces, tendré que ponerme a escribirlo. Últimamente no he escrito nada. Gracias por tus amables palabras y ánimos, siempre te ayuda a seguir.
Mi madre está algo mejor. No había dicho nada, pero hace muy pocos días, el 5 de junio, mi padre nos dejó, estaba muy malito y ya Dios quiso que descansara, en fin. Eso le pasó factura a mi madre. Gracias por preguntar.
Un abrazo,
Margarita
Margarita, siento el fallecimiento de tu padre. No sabía que estaba enfermo, claro. Todos sabemos que un día nos tenemos que marchar pero ese momento es muy duro. Entiendo que a tu madre le haya afectado.
ResponderSuprimirTe mando un abrazo grande para ti y para ella, con todo mi cariño. Cuidala (sé que lo haces, :P)
Conchi
Gracias, Conchi. Bueno, mi padre sufrió dos embolias en enero, y se había quedado bastante malito. Hemipléjico de la parte derecha y sin poder hablar. Es duro, sí, pero cuando ya no hay remedio y tienes tan mala calidad de vida, deja de ser vida.
ResponderSuprimirLa vida te da lecciones tremendas, por las que todos tenemos que pasar, y nos muestra lo pequeños que somos, aun cuando pensemos que podemos comernos el mundo.
Sí, ahora mi madre se ha venido a mi casa, así podemos estar más pendientes de ella y está acompañada. Gracias, por preguntar, eres un sol.
Recibe este beso,
Margarita