“Aquello que habita en el pasado y aquello que habita en el futuro es solo una pequeña cosa comparado con aquello que habita dentro de nosotros".
Ralph Waldo Emerson
Sabrina Tirado, desconcertada, detuvo el coche ante la verja de la mansión perteneciente a su familia, no estaba habitada desde hacía varias generaciones; tenía escasas referencias del lugar o de sus antiguos moradores. Aún así acabó delante del enigmático edificio tras conducir todo el día de forma mecánica, como si hubiera estado hipnotizada. De niña, al sentirse fascinada por las añejas fotos de aquel caserón, preguntaba a sus tíos, que la habían adoptado tras quedarse huérfana, obteniendo respuestas evasivas seguidas por el silencio.
La quietud fue interrumpida por los sollozos de su pequeña que descansaba en un capazo sobre los asientos traseros del vehículo. Bajó del coche y abrió la oxidada verja con la determinación de pasar la noche allí, pues ya estaba cayendo el crepúsculo. No recordaba todo lo ocurrido el día anterior, vagamente que había tenido una acalorada discusión con Adrián, su compañero, algo que por desgracia sucedía con demasiada frecuencia desde que naciera su hija. Activó el buzón de voz de su móvil y escuchó un mensaje suyo: «Sabri regresa y hablemos, por favor, ¿a dónde vas a ir de noche y con la niña? ¡Llámame, cariño!». Intentó desempolvar sus actos durante las últimas veinticuatro horas, tenía el convencimiento de que no había contestado esa llamada, por lo que malgastó la poca batería de que disponía el teléfono tratando de hablar con Adrián; nadie al otro lado respondió.
La quietud fue interrumpida por los sollozos de su pequeña que descansaba en un capazo sobre los asientos traseros del vehículo. Bajó del coche y abrió la oxidada verja con la determinación de pasar la noche allí, pues ya estaba cayendo el crepúsculo. No recordaba todo lo ocurrido el día anterior, vagamente que había tenido una acalorada discusión con Adrián, su compañero, algo que por desgracia sucedía con demasiada frecuencia desde que naciera su hija. Activó el buzón de voz de su móvil y escuchó un mensaje suyo: «Sabri regresa y hablemos, por favor, ¿a dónde vas a ir de noche y con la niña? ¡Llámame, cariño!». Intentó desempolvar sus actos durante las últimas veinticuatro horas, tenía el convencimiento de que no había contestado esa llamada, por lo que malgastó la poca batería de que disponía el teléfono tratando de hablar con Adrián; nadie al otro lado respondió.
Reunió los escasos bártulos que portaba en el maletero y que podrían ayudarle a pasar la noche con cierta comodidad, montó el cochecito de la niña y la depositó en él y armada con una linterna entró en la mansión familiar. Le golpeó el olor viciado, a humedad, el polvo y una extraña sensación le hizo estremecer de frío. Recorrió parte de la casa y adecentó bajo mínimos una de las alcobas, estableciendo en ella su cuartel general del que no pensaba moverse en toda la noche.
Pocas veces salen las cosas según las planeamos y cuando Sabrina Tirado acababa de abandonarse al dulce sueño, un fuerte olor a quemado la despertó. Se levantó sobresaltada y linterna en mano comenzó a recorrer todas las estancias de aquella gran mansión. Con el corazón estrujado y la respiración cortada avanzaba con cautela, ahora viendo un hilo de humo al final del pasillo que se esfumaba una vez llegaba al lugar, ahora oyendo el crujir de la madera al ser pisada en la planta superior, pero al subir las escaleras y revisarlo todo, nada fuera de su sitio hallaba. De nuevo en el piso donde dormía placidamente su hija, y antes de entrar al cuarto, bajo el dintel de la puerta, sintió un calor asfixiante y vio en el reflejo de los cristales de una de las ventanas de la habitación unas llamas tras ella, se giró gritando espantada, pero nada sucedía. Pensó entonces que el subconsciente le estaba jugando una mala pasada, pues ella había vivido una situación traumática con el fuego. Cuando contaba con tres años un incendio se declaró en su casa y a consecuencia de éste perdió a sus padres; ella había sido rescatada en el último momento por un vecino. Pero esa idea la descartó en cuanto depositó su cabeza sobre aquel camastro, pues en ese mismo instante, como si de una macabra sincronización se tratase, comenzó a oír como una garra arañaba la puerta del cuarto, haciendo un ruido estremecedor. Aterrorizada se aferró a su pequeña bajo la manta de viaje que las cubría completamente, y olvidándose de su agnosticismo, rezó, rescatando las oraciones de su infancia, hasta que con los primeros rayos del alba, todo cesó.
En cuanto clareó el día, reunió el poco valor que le quedaba, tomó a su niña en brazos, abrió la puerta del cuarto y bajó corriendo las dos plantas, atravesando el vestíbulo en un suspiro como si sus vidas dependieran de ello, y no obtuvo cierta tranquilidad hasta que alcanzó el coche; solo en aquel momento se atrevió a mirar atrás, bien podría ser por causa del terror que la embargaba, pero en el último piso le pareció ver una figura masculina detrás de una de las ventanas mientras una música macabra a ritmo de tambores se apoderaba de su mente.
Sabrina Tirado solía cumplir todas las normas, incluidas las de tráfico, pero tuvo la certeza de que esa era la ocasión perfecta para empezar a infringirlas, y pisó el acelerador como si la persiguiese el mismísimo diablo.
Llegó al pueblo más cercano en menos de cinco minutos. Respiró hondamente a pleno pulmón, sintiendo al fin que estaban a salvo. Aparcó el coche en la única plaza del pueblo, miró a su alrededor, apenas cuatro calles era toda la extensión de aquel tranquilo lugar. Se dirigió al colmado para comprar algunas cosas que necesitaba y preguntó a la tendera por la gran mansión que estaba a las afueras: «Yo pasaría de largo, dicen que es una casa maldita», le aseveró. Antes de que pudiera reaccionar, oyó tras de sí: «Es cierto. Yo fui amiga de su última habitante, Valérie Rousseau». Al oír nombrar a su bisabuela se giró sobresaltada, encontrando una anciana en la que no había reparado, encorvada sobre su bastón y a la que no le quedaba un centímetro de piel sin arrugar ni un diente en la boca. Sabrina Tirado quiso saber cómo se llamaba, a lo que la vieja le respondió ufana: «Créeme, querida, eso es lo que menos te importará cuando acabe lo que voy a contar» y comenzó a narrar sin que nadie se lo pidiera. La joven oía expectante y atónita por la forma tan curiosa en la que se le iba a revelar lo que tantos años de silencio ocultaban.

Su bisabuelo Alonso de Benavides había viajado siendo todavía un muchacho a Haití, y en aquel lugar descubrió lo mucho que le seducían los naipes, el ron y las bellezas de ébano, especialmente una: su bisabuela Valérie Rousseau. Sabrina Tirado se quedó estupefacta al oír que descendía de una negra, pues sus familiares siempre le habían contado que su antepasada era francesa. La anciana siguió enfrascada en su narración y así la muchacha supo que una de las veces en la que los jóvenes estaban en el cobertizo de Valérie Rousseau, entregados con entusiasmo a la tarea de hacer el amor, el padre de aquella diosa los sorprendió. Él era un Bokor, dominaba los secretos de la religión Vudú, una figura a caballo entre un sacerdote y un brujo, uno de los más respetados y temidos de todo Puerto Príncipe. Se dirigió a su hija despreciándola y acusándola de renegada, pues ella bien conocía que su estirpe había hecho un pacto con el diablo para que les librara de la esclavitud del hombre blanco y ahora ella lo quebrantaba revolcándose con uno de ellos. Los jóvenes permanecían en el centro del cobertizo, abrazos de rodillas, desnudos, sudorosos y aterrados mientras el Bokor se acercaba entonando unos extraños cánticos. Una vez frente a ellos, sacó un cuchillo y les cortó un mechón de cabello a ambos, lanzándoles una maldición: «¡El fuego que sentís acabará por devoraros!»; a continuación los echó a la calle tal cual estaban.
Fue de esta manera cómo Alonso de Benavides, novel aventurero, dio por finalizado su viaje y regresó a su hogar de la manera menos sospechada: casado y con la esposa embarazada. Llegado a este punto la anciana tuvo que hacer una pausa hasta que se calmaron sus carcajadas. Continuó explicando que la familia del joven tampoco los recibieron de buen grado, pero con su educación no les quedó más remedio que aceptarlos y esperar a que el escándalo pasara. Durante un tiempo ellos mismos se entretenían en las tertulias formulando cábalas sobre lo que había sucedido en Haití, consiguiendo reducirlas a dos: una, que en aquel lugar Alonso de Benavides había perdido el poco juicio que poseía cuando partió, y la otra que aquella negra se lo había arrebatado mediante hechicería o la cama, si bien en sus midas ambas cosas no las contemplaban tan alejadas.

La anciana enmudeció. «¿Qué pasó? ¡No se calle ahora!», reclamó angustiada, Sabrina Tirado. «Ya va… Calma, hija, calma, todo llega en esta vida», respondió ladinamente la vieja, y siguió explicando que la felicidad les duró muy poco tiempo, porque en cuanto les nació la hija comenzaron a tener unas discusiones encarnizadas. La joven sintió cómo esas palabras golpeaban su cerebro como un martillo lo hace en un yunque. La relación se fue enfriando y cuando se declaró el pavoroso incendio, ya no compartían la cama, muriendo abrasados cada uno en su habitación, cumpliéndose así la maldición del Bokor. La joven contenía la respiración, atónita. «Claro que no faltó quién afirmaba que lo que trajo de Haití Valérie Rousseau, aparte de la barriga, no había sido un diablo pegado a los baúles, sino una tara mental que se le desarrolló con el parto y que ella misma fue la causante del incendio». Aclaró que a la pequeña la salvó su niñera y que la criaron los abuelos muy lejos de aquel lugar; nunca más tuvieron noticias de ella. Reconstruyeron la última planta, que fue donde se declaró el incendio y la única que resultó dañada, pero ningún miembro de la familia se aventuró a ocupar la mansión. Sabrina Tirado estaba confundida ante lo que había oído y tratando de ordenar los sucesos y rescatar miles de preguntas de entre las nebulosas de su mente, cuando vio que la anciana se disponía a salir del colmado. «Perdone mi indiscreción, pero usted dice haber sido amiga de Valérie… ¡¿Cuántos años tiene?!», alcanzó a preguntar. «Todos los del mundo, hijita…Todos los del mundo», contestó mientras se dirigía con paso cansino fuera del local, y por alguna extraña razón a Sabrina Tirado no le sorprendió que la vieja no hubiera comprado nada.
Completamente aturdida por todos los acontecimientos que la habían rodeado las últimas horas, la joven, se refugió con su hija en la cafetería con la intención de desayunar mientras trataba de digerirlos. Se sentó en la barra y pidió al camarero que le calentara el biberón a su pequeña, un café y unas tostadas. Por su cabeza imágenes y palabras giraban como en un carrusel desbocado. Algunos detalles cobraban sentido para ella, el silencio familiar, su piel canela y el cabello ensortijado y azabache, el incendio en su infancia, las terribles broncas con su compañero. De pronto, una de las fotografías de la portada del periódico que descansaba sobre la barra, le heló la sangre. Ojeó con avidez la noticia: dos días pasado el incendio se lograba identificar el cadáver calcinado de Adrián Mendoza…
¡¡¡¡UGGGGGGG!!!!! ¡Diablos, niña!
ResponderSuprimirEs una estupenda y muy bien narrada historia. No encontré un sólo párrafo o línea vacilante, hay firmeza y suspenso en un incremento que por momentos estremece; la prosa gana temperatura y agilidad en base a una dosificación ajustadísima de los ingredientes, lo que no es nada fácil. ¡No se te ha escapado ni una hilacha del hilo narrativo! Sorprendente. Por lo menos, para mí, que suelo volatilizarme hacia la estratósfera y luego no sé cómo remontarla, jaja.
Comencé la lectura con curiosidad, luego la degusté con toda calma cuando tu joven protagonista se asusta en la mansión abandonada de su familia; muy bien descritas las escenas de presencias fantasmales que no han pasado al otro lado, la figura del hombre en la ventana, la prisa de ella por abandonar el sitio; todo muy bien llevado por tu pluma que en cualquier momento ¡se manda sola! Hasta allí venía leyendo un muy buen cuento de suspenso y misterio. Pero... cuando la anciana se poner a narrar, mira que paradoja, nada de ruidos raros ni garras en la oscuridad; no sé, cómo te las ingenias, pero en el colmado mientras la anciana cuenta, has logrado que se me fuesen poniendo de a uno, los pelos de punta. ¡Qué decirte... ! El ritmo derrocha soltura y contundencia; así las escenas y emociones ganan intensidad a paso redoblado. ¡Impecable! No le sobra ni le falta nada. ¡Aggg! Acabé con la boca abierta, che... ¡Qué final!
Francamente, estaba tan entregada al relato de la vieja que no atiné a especular sobre el desenlace, y cuando quise acordarme, pues... me ha recorrido un escalofríote.
Anudo las líneas finales con el título y no puedo sino felicitar a la autora por la fina percepción que exhibe en el tratamiento de los matices que convocan lo esotérico e inevitable, como elementos de toda maldición que se precie.
El final pega y atonta. ¡bah! Uf, ¿vos no habrás sido bruja en otras encarnaciones? Es que estos temas te brotan como agual de manantial, nada más que ¡hielan la sangre!
TE FELICITO. EXCELENTE HISTORIA. EXCELENTE NARRATIVA.
Un abrazo grande.
(sigue...)
// ¡Ah! Merece destacarse aparte la belleza y armonía de la presentación, con esas fotos entre párrafos. Bellísimas, apropiadas... ¿No pensaste en armar un libro con tus cuentos y tus fotos? Es un desperdicio que andes en el anonimato. (Shó te represento, ¡qué te puedo cobrar? Con el 80 % me conformo, ¿para qué están los amigos sino, che? ¡jaja!)
ResponderSuprimir"encorvada sobre su bastón y a la que no le quedaba un centímetro de piel sin arrugar ni un diente en la boca.": ¡vaya imagen más nítida que has pintado en pocas palabras! ¡Una fotografía total, me pareció estar viéndola!
"«Perdone mi indiscreción, pero usted dice haber sido amiga de Valérie… ¡¿Cuántos años tiene?!», alcanzó a preguntar. “Todos los del mundo, hijita…Todos los del mundo”, contestó mientras se dirigía con paso cansino fuera del local, y por alguna extraña razón a Sabrina Tirado no le sorprendió que la vieja no hubiera comprado nada.":¡excelente toque de fina percepción sobre el fenomenal cierre de la historia! “Todos los del mundo, hijita… Todos los del mundo”: je. ¡Brrrrrr! Me encanta esa línea, y a la vez, indirecta pero acertadamente, asienta la idea de predestinación como consecuencia de la maldición vudú. ¿Y después de escribir esto, vos podés dormir tranquila? JAJA. Yo no saco ni la mano de las cobijas, amiga.
G-E-N-I-A-L. No te tiembla el pulso con tus personajes, siempre, ¿te has fijado? a merced de un destino en el que la fatalidad del lado oscuro se impone contundente y salda cuentas ancestrales.
Bueno, me voy a ver qué hago... Hummm... Es tarde pero no pienso dormir, che. Por las dudas ¿viste? JAJA!
Un besazo. Y un millón de gracias por la presentación que has puesto de mi página; es una belleza, como todo lo tuyo, tienes un sentido de la estética y calidez en las imágenes que es ¡admirable! No la había visto, o capaz he mirado la estresha de mar y como ya estaba antes... ¡Me has emocionado! ¡Muchas gracias, Marisol!
Me voy para mi covacha azul, che,con la cola entre las patas, a ver si convoco a los espíritus BENÉVOLOS, que shó soy medio miedosa. jeje.
Un abrazo enorme para ti.
Pd: "hasta que con los primero rayos del alba, todo cesó.": te comiste la "s" en "primeros.
¡ Qué absoluta maravilla!. Me encanta lo que has escrito. Un placer poder leer cosas tan buenas. He decidido agregarte a mis blogs favoritos. Con tu permiso seguiré leyéndote... tu escritura tiene algo... como decirlo... magnético. Un saludo.
ResponderSuprimirHola, Margarita. Coincido con Turkesa en que ha sido un relato genial el que escribiste. Una vez más te lei con tranquilidad y soltura. Empiezas a escribir y ya enganchas al lector. Me pareció que sabías mucho del tema vudú (yo soy analfabeta en ese tema). Has descrito perfectamente todas las situaciones y los personajes. Y al llegar al final: lo inesperado! Siempre logras sorprenderme, pues ni por un asomo me lo hubiese imaginado.
ResponderSuprimirMe alegro mucho que sigas escribiendo y que lo hagas cada vez mejor, a mi parecer.
Muy buenas las imágenes ilustrativas!!!
Te mando un fuerte abrazo, amiga.
Conchi
La historia es muy buena, Margarita. Creo que te informaste de la casa de la fotografía y has escrito un relato basado en la información.
ResponderSuprimirEso es lo que hice yo al visitar el palacio de la Duquesa de Benamejil, escribí el realato Feliciana, que ganó el segundo premio en el cocurso de El Gastor, el pueblo de Conchi. por cierto,qué habrá sido de ella.
En fin.
Bueno no te voy a ser zalamero, te digo lo que pienso. la historia es muy bonita, está bien llevada; pero puede mejorar mucho: ya te hablé de redundancias y de cambiar de sitio las frases.Pero lo bueno es que hayas vuelto a escribir y pronto actualizarás tu estilo.
Un beso.
Hola de nuevo Margot:se me olvidó destacar la exacta dosis de dinámica conque mueves los hilos de las partes "fuertes" o determinantes en la historia. Quería poner esto de resalto, porque por más buena que pinte una narración, la debilidad en la presentación del nudo y, dentro de este, de la escena o idea principal, hará caer el relato como un castillo de naipes.
ResponderSuprimirMira esto:
"Los jóvenes permanecían en el centro del cobertizo, abrazos de rodillas, desnudos, sudorosos y aterrados mientras el Bokor se acercaba entonando unos extraños cánticos. Una vez frente a ellos, sacó un cuchillo y les cortó un mechón de cabello a ambos, lanzándoles una maldición: «¡El fuego que sentís acabará por devoraros!»; a continuación los echó a la calle tal cual estaban."
Un pasaje con la fuerza y el tiempo narrativos en su justo punto; ¡excelente factura! Es la clave de tus cuentos: nunca fallas en la única parte donde el fallo no se perdona, pues acaba con la historia.
Te felicito nuevamente.
(Ah, y no he notado redundancias... en fin, sigue pareciéndome un muy buen cuento)
Besos.
Hola Margarita, me alegra mucho que hayas retomado la escritura, pues tienes talento, y sería imperdonable que no lo utilizaras.
ResponderSuprimirPero Turkesa se me ha adelantado con todo lo que podría decir de tu relato, y peor aun: cuando iba a referirme a las fotografías, ¡Vi que se había referido a ellas también!!! ja, ja,
No te voy a decir lo que hice yo o contarte mis experiencias porque es tu momento, es tu cuento y tu creatividad, y te pertenece, sólo quiero felicitarte por escribir de una manera tan atrapante. Desde las primeras líneas es imposible dejar de seguir leyendo.
Un beso cariñoso, amiga,
Blanca
“¡¡¡¡UGGGGGGG!!!!! ¡Diablos, niña!”
ResponderSuprimirMónica, justo esa sensación quería yo causar, jajajaja.
Uff, vaya comentario. Me dejaste sin palabras. Voy a hacer un intento por recuperarlas, no sé si podré, jeje. No sabes lo que me alegra que te parezca todo eso mi relato. Es un subidón de ánimo impagable, de eso ya hablamos más adelante, jeje.
Haces un análisis tan minucioso que, la verdad, me viene muy bien y lo he disfrutado mucho. Y eso teniendo en cuenta el tiempo que te tomaste y la voluntad que le has puesto, en fin, qué no sé que más decirte que un: ¡¡¡GRACIAS!!!
Me alegro que te parezca que el ritmo y las dosis de suspenso hayan ido incrementándose de forma adecuada en este tipo de relatos. No sé si no se me ha escapado nada, por lo menos lo intenté, aunque el final me creaba ciertas dudas, no por el final en sí, porque ese para mí era el destino inexorable de la historia, sino por la forma de presentarlo, con la noticia del periódico. Todavía le doy vueltas si sería mejor transcribir lo que sería el titular o bien la noticia completa (aunque creo que sería muy aburrida, je) directamente, o dejarlo así como cosa del narrador.
Las escenas fantasmales… debe ser que he visto una buena cantidad de películas de este género, son mis favoritas. Me encanta ir al cine a asustarme, jaja.
“todo muy bien llevado por tu pluma que en cualquier momento ¡se manda sola!”
Ah, eso si estaría bueno. Aunque a veces, tú bien lo sabes, coge ella misma carrerilla y casi que sí lo parece. O quieres ir por un lado y la historia te lleva por otro. Esto, cuando lo oía antes, me parecían exageraciones, hasta que me puse yo a escribir y… tiene algo mágico esto, che.
“Pero... cuando la anciana se poner a narrar, mira que paradoja, nada de ruidos raros ni garras en la oscuridad; no sé, cómo te las ingenias, pero en el colmado mientras la anciana cuenta, has logrado que se me fuesen poniendo de a uno, los pelos de punta”.
“Francamente, estaba tan entregada al relato de la vieja que no atiné a especular sobre el desenlace, y cuando quise acordarme, pues... me ha recorrido un escalofríote”
Ahhh, tal cual. Es la parte que más me gustó escribir. Claro que no es extraño, ya sabes que me tira más las épocas antiguas, no sé, me atrae mucho para escribir y también el ambiente oscuro de Haití y el Vudú. Y los personajes misteriosos como esta vieja salida de la nada y vuelta a marcharse después de soltar semejante historia densa. Qué bueno ese escalofrío, jajaja. Gracias.
“¿vos no habrás sido bruja en otras encarnaciones?”
Y por qué en otras encarnaciones… en esta querida amiga, en esta misma jajaja. Me hiciste reír con tus cosas, che, aunque no te niego que más de una vez me lo han llamado :).
(Ahora sigo, el chisme no deja ponerlo completo)
Turke, aquí estamos de nuevo.
ResponderSuprimirAh, las fotos. No te dejas nada, qué bien. Me alegro que te guste la presentación. Las tres primeras son mías. Las tomé en una casa, no estoy segura si fue un balneario de primeros del siglo XX , pues no hay nada que lo indique, pero de oídas me suena eso. Siempre pasaba de largo en el coche y me quedaba con las ganas de hacerle fotos y siempre me llamó mucho la atención esta pedazo de mansión. El día que al fin pude hacerle las fotos (no es un lugar que sea fácil parar el coche, además hay mucho trafico y había que cruzar la calle, en fin que a veces te juegas el tipo, jajaja), mientras la contemplaba y tomaba las fotos me entró el gusanillo de escribir un cuento con ese escenario, así que aquí está.
“Es un desperdicio que andes en el anonimato. (Shó te represento, ¡qué te puedo cobrar? Con el 80 % me conformo, ¿para qué están los amigos sino, che? ¡jaja!)”
¡¿Solo el 80%?! Jajajjajaa, mira que me reí con esto. Eso que es precio de amiga, qué bueno, ves… Sos recontra generosa vos. Tá bien, pero, si no te molesta, dejémoslo en el aburrido y clásico 10%, incluido asesoramiento jurídico, ya puestos :).
“Todos los del mundo, hijita… Todos los del mundo”: je. ¡Brrrrrr! Me encanta esa línea, y a la vez, indirecta pero acertadamente, asienta la idea de predestinación como consecuencia de la maldición vudú. ¿Y después de escribir esto, vos podés dormir tranquila? JAJA. Yo no saco ni la mano de las cobijas, amiga”.
Jajajajaja, pues duermo de lo más tranquila, te digo. Veo que te gustó la anciana, tan vieja como todos los años del mundo, jeje…
“¿te has fijado? a merced de un destino en el que la fatalidad del lado oscuro se impone contundente y salda cuentas ancestrales”.
Es cierto. Se da en más de uno de mis relatos eso de los karma que hay que pagar y que no se puede escapar al destino, entre otras cosas, creo que es porque no me gustan los finales felices para este tipo de historias. ¿Será para sicoanalizar o me salvo? Jajaja.
“Es tarde pero no pienso dormir, che. Por las dudas ¿viste? JAJA!”
Ah, no, ahora no me vengas a culpar de tu noctambulismo, che. Viste el hueco y me lo largaste, eso no se vale.
Gracias por todo lo que dices, pero la foto de la estrella de mar la subí junto con tu poema y el enlace a tu página WEB. Como sé que compartimos el gusto por el mar y tu hermoso poema habla de azules, como no podría ser de otro modo, busqué una foto a la altura entre las que nos deja prestadas nuestro amigo Google y en cuanto la vi me pareció que le venía bien y te gustaría. Nada que agradecer para mí es un gusto tener esa joyita de poema en mi blog; es una belleza llena de tu mágica sensibilidad.
Gracias por la corrección, se me escapó ;). Ya lo corregí.
“Me voy para mi covacha azul, che,con la cola entre las patas, a ver si convoco a los espíritus BENÉVOLOS, que shó soy medio miedosa. jeje.”
Jajaja, ¡¿tu covacha azul?! MIL GRACIAS por este comentario generoso con el que he disfrutado. Seguro que esos espíritus benévolos te acompañan; solo hay que leer tus poemas para darse cuenta.
Un abrazo grandote,
Margarita
Angus, bienvenido. Ah, cómo te agradezco tu comentario. Me alegro que te haya gustado. Para mí es un gusto que te haya parecido así y una inyección de ánimo leer tus impresiones. Por supuesto que puedes enlazar mi blog; para eso estamos, para compartir.
ResponderSuprimirPasaré a visitar el tuyo ahora mismo. Muchas gracias por todo y regresa cuando quieras. Encantada de recibirte en mi dársena.
Un abrazo,
Margarita
Hola, Conchi. Pues qué bueno que coincidas con Turkesa. Una alegría y una satisfacción para mí que así te lo parezca. Gracias, amiga.
ResponderSuprimirNo te creas que sé mucho de Vudú, más bien me da cierto recelo. Sé lo que la mayoría de la gente, algunas referencias que hemos visto en la tele o leído en algún lado, pero cuando fui trenzando la historia y pensé que me gustaría meter un lugar exótico como Haití en el medio, aprovechando lo de la maldición y la brujería, pues pensé que tenía que referirme a ello, así que busqué información en el amigo Google. Me saca de más de un apuro :).
Me alegro que la historia te haya logrado enganchar y que el final te sorprendiera. Las imágenes ya le explico a Turkesa más arriba cómo es la historia de esas fotos. La verdad es que esa mansión siempre me gustó mucho y para mí ha sido un gusto inventarle una historia. No sé qué opinarían los dueños, jeje.
Gracias por tu apoyo y tus palabras, amiga. Trataremos de seguir escribiendo, una vez que entra el gusanillo te atrapa y espero poder ir mejorando.
Un beso,
Margarita
Me alegro que te guste la historia, Juan. Sí, recuerdo tu cuento Feliciana y de lo que trataba, y de que me gustó. Las tres primeras fotos, las de mansión, las hice yo, pero no pude informarme sobre la casa. Oí decir a alguien, de pasada, que había sido un balneario, solo eso, así que la historia del relato es totalmente inventada por mí.
ResponderSuprimirClaro que recuerdo a Conchi y a los demás compañeros de “El Recreo”, qué buenos recuerdos me han venido. Alguna vez he entrado a leerlos, pero lástima que el tiempo no te alcanza para todo.
Te agradezco la sinceridad, Juan, igual que se la agradezco a todos los que dejan su huella aquí, porque siempre vamos corriendo y el que alguien se pare a leerte y a darte su opinión siempre es de agradecer, pero yo no encontré redundancias en el relato. Lo de cambiar de sitio las frases es algo muy personal, yo escribí el relato tal como sentía que debía ser explicado, en ese momento. Lo que no quita que dentro de un tiempo, siempre hay que dejarlos reposar y casi nunca lo hago, cambie algo. Creo que se necesita poner distancia con el relato para poder ver mejor dónde están los yerros y dónde se podría mejorar, por lo menos a mí así me sucede.
Ahí estamos, intentando escribir, porque últimamente me cuesta algo más.
Un beso,
Margarita
¡Hola Mónica! Ná, tú pasa, estás en tu casa. Uy, una rima, jajaja. ¡¿Se te olvidó algo?! ¡¿Cómo es eso, niña?!, si lo desmenuzaste todo, picadito bien fino.
ResponderSuprimirPues no sé qué decirte. Intento dosificar la trama y la intensidad, creo que en este tipo de relatos es importante, no siempre se consigue ¡ni mucho menos!, así que me alegro que así te lo parezca. Es que de verdad me dejas muda, che, no se vale, que me ruborizo con tanto piropo.
Gracias por señalarme esos dedazos; ya los corregí. Y mil gracias por la lectura que has hecho del relato, amiga.
Un besazo,
Margot ;)
Querida Blanca, qué alegría que hayas podido pasarte por aquí. Para mí es un gusto que leas mis cuentos. Gracias por tus amables palabras; son un estímulo para mí. Pues fíjate aquí seguimos escribiendo, como bien sabes, cuando te pica el gusanillo de leer y escribir es difícil la cura, jaja.
ResponderSuprimir¡¿Turkesa se te adelantó?! Pues mira que tiene fama de llegar a los sitios tarde… ups, en serio, con más motivo le agradezco que por esta dársena se pase puntualmente y con tanta generosidad. No, si no se dejó nada, ¿viste qué comentario completo ha hecho? Le voy a tener que pagar horas extras, jajaja. Mejor no le doy ideas que ya va reclamando el 80%, así de desprendida… La verdad es que me dan ganas de enmarcarlo, jaja.
Lo de las fotos lo puedes leer en el comentario donde respondo a Turke, es que así no me repito.
Qué bien que te sintieras atrapada por la historia y te haya gustado. Pues aquí seguimos dándole a las teclas, tratando de mejorar y de aprender de los conocimientos de otros que, como tú, ya tenéis más recorrido hecho y compartís con tanta generosidad, amiga.
Un beso grande,
Margarita
Hola Margarita,
ResponderSuprimirTu relato me ha encantado. La historia es muy buena y sabes mantener la tensión hasta el final. El tema del vudú infunde bastante respeto y sabes cómo tratarlo e introducirlo en la historia. Un relato con mucha fuerza. Felicidades, un abrazo,
Cris
Cierto, lo que habitó en el pasado y lo que habitará en el futuro es
ResponderSuprimirsolo una pequeña parte de lo que
habita dentro de nosotros.
tengo que felicitarte por tu
excelente texto en tu post habitando el pasado,
un placer leerte
Feliz semana
un beso
RMC
Cris, qué bueno verte por aquí. Me alegro que te haya gustado esta historia. La verdad es que sí que da respeto lo del Vudú, pero cuando estaba imaginando por dónde podría ir la historia, me pareció que le daba un toque exótico, y me gustó. Luego el amigo Google me ayudó a introducir los detalles. A mí lo antiguo y las cuestiones misteriosas me atraen y aquí no me privé de ninguna de las dos :). Es parte del encanto de escribir, ¿verdad?
ResponderSuprimirGracias por leerlo y por tus palabras, guapa.
Un beso,
Margarita
Hola, RMC, eso me pareció cuando la leí, me cautivó esta frase. Hay personas que atinan magistralmente, por eso trascienden sus pensamientos, debe ser.
ResponderSuprimirMe alegro que te haya gustado el relato. El placer es poder contar con personas que te lean y tengan la delicadeza de dejarte su opinión.
Un abrazo,
Margarita
Muy buen relato, con un sabor clásico que se queda en el paladar del sentimiento horas después de haberlo leído. Besos, guapa.
ResponderSuprimirHola, Ana, pues qué bien que te haya dejado ese buen sabor. La verdad es que todo lo clásico me encanta, me tira más que lo contemporáneo, y, por lo visto, se ve reflejado en lo que hago.
ResponderSuprimirGracias por pasar y comentarlo, siempre es un aliciente.
Un besazo,
Margarita
Hola Margarita,
ResponderSuprimirsolo dejarte un saludo y agradecerte la visita. Volveré con más tiempo para leerte.
No te preocupes, Lola. Regresa cuando quieras y puedas, estaré encantada de contar con tu parecer. Mis relatos no son cortos, precisamente. Es algo que quiero corregir, porque siempre andamos con el tiempo justo :).
ResponderSuprimirUn abrazo,
Margarita
Margarita
ResponderSuprimirme a gustado mucho la historia,
solo me quede con una duda.
¿fuere víctima de la maldición su marido?
o
¿ella lo mato en un trance diabólico?
Un gusto leerte
y FELICES FIESTAS.
mario
Hola Margarita. Tanto éste como tu otro blog son muy atractivos. Llama poderosamente la atención el contraste del tamaño de las entradas en uno y otro, no todo el mundo tiene la capacidad de narrar con tanto lujo de detalles y además simplificar con sentencias tan bien traidas. Me alegra el conocerte y más teniendo como amigo común a Luís Estóico.
ResponderSuprimirUn cordial saludo
Muy buen relato! No se hace difícil de leer y lleva buen ritmo. Me gustó! Saludos
ResponderSuprimirMargarita, deseo que tengas unas felices fiestas con tus familiares y seres queridos,
ResponderSuprimirfeliz Navidad,
feliz año 2010.
Un beso
RMC
Hola, Mario, me alegro que te gustase el relato. Ah… eso lo dejé abierto, para que cada lector se pudiera decantar por lo que más le gustase. A mí me gusta más que de alguna forma la maldición familiar fuera el detonante de la muerte del esposo, pero… A elegir :).
ResponderSuprimirGracias por la lectura y comentar el relato.
Un abrazo grande, y ¡Felices Fiestas, amigo!
Margarita
Bienvenido Samuel. Disculpa la tardanza en contestarte, pero estos días nos faltan horas. Me alegro que te hayan gustado mis blogs. Es cierto, el tamaño del blog de fotos está modificado para que se puedan subir fotos en formato más grande y se vean mejor.
ResponderSuprimirAy, gracias, por tus palabras, siempre son un aliciente para seguir aprendiendo a escribir. Los poemas de Luís Estoico son magníficos, es un placer poder leerlos. Un gusto tu visita y tu comentario, regresa cuando quieras.
Un abrazo,
Margarita
Bienvenido Martín. Me alegro que hayas disfrutado el relato. Se agradece que los lectores te dejen su parecer para eso compartimos; gracias. Pasaré a visitar tu blog.
ResponderSuprimirUn abrazo,
margarita
RMC, gracias por tus deseos. Espero que hayas pasado una feliz Navidad y que el año que entra derrame sobre ti sus bendiciones.
ResponderSuprimirUn fuerte abrazo,
Margarita
Que el 2010 venga repleto de alegría y momentos dulcemente inolvidables.
ResponderSuprimirQue vivas tu vida serena y amablemente, con tranquilidad y armonía, con el tiempo en tus brazos :-)
Un millón de besos, que Dios te bendiga.
Ana Márquez
Margarita:
ResponderSuprimirTe deseo una año 10.
Abrazos.
Ana, disculpa, ya han venido los Reyes y yo sin contestar. Pensé que lo había hecho, pero lo que hice, fue pasar por el tuyo.
ResponderSuprimirTe agradezco de corazón tus buenos deseos, y, ojalá se cumplan. Que los Reyes Magos te traigan muchos regalines. Te lo mereces.
Un abrazo enorme, y un beso,
Margarita
Felipe, te deseo lo mejor para este 2010, y que los Reyes se acuerden de ti.
ResponderSuprimirQuiero pasarme por tu blog, para deleitarme con esos poemas tan soberbios que escribes, pero estos días voy un poco de cabeza, amigo.
Un abrazo enorme,
Margarita
Hola Margarita:
ResponderSuprimirTe felicito por tu increible historia. Un verdadero placer leer cosas tan magicas.
Abrazos
Nuria
Bienvenida Nuria. Me alegro que te haya gustado este relato. Muchas gracias por parar a leerlo y dejarme tus impresiones. Nos viene muy bien contar con las opiniones de quienes nos visitan, sino un blog no tiene objeto de ser. Gracias.
ResponderSuprimirUn abrazo,
Margarita
Execelente prosa.
ResponderSuprimirHOLA MARGARITA:
ResponderSuprimirME HE PERMITIDO PASAR POR TU BITÁCORA Y ENTRAR A VISITARLA.
SI ME LO PERMITES, LO SEGUIRÉ HACIENDO. TUS RELATOS ME GUSTAN MUCHO.
UN AFECTUOSO SALUDO
Bienvenida Poemia. Gracias por la visita y tus palabras, siempre anima para seguir adelante.
ResponderSuprimirUn abrazo,
Margarita
Bienvenido Armando. Para eso estamos, sin las visitas y comentarios, un blog pierde su sentido; es un aliciente para continuar camino. Así que te agradezco que pases y me dejes tus impresiones. Estaré encantada de recibirte cuando gustes.
ResponderSuprimirUn abrazo,
Margarita