martes 30 de marzo de 2010

El pozo



A través del cristal de la ventana, Valeria Ramos contempló cómo las figuras de dos ancianos cruzaban la huerta. Eran las de Fermín Hernández y Antonio Aguilar, dos nombres y dos apellidos que siempre estuvieron ligados a su vida. Habían transcurrido más de cincuenta años desde aquellos acontecimientos miserables que los separaron. Sorprendida, se dio cuenta de que ya no sentía dolor. En ese instante tuvo la certeza de la futilidad del tiempo y de la levedad del ser; y experimentó una sensación de libertad que ya no recordaba.

Aquellos hombres tomaron el camino que conducía a la casa grande y pasaron al lado del pozo sin levantar la mirada del suelo ni dirigirse una sola palabra. Parecían no recordar los juegos infantiles alrededor de él. Las tardes de carreras y risas, de buscar un buen escondite, y de dar a la comba, un juego de niñas, al que se sometían después de algunas protestas, solo por complacerla. Estaban muy unidos a pesar de sus diferencias. Fermín y ella ayudaban por las mañanas a sus padres en la labranza, eran hijos de unos campesinos que trabajaban las tierras de la finca de don Antonio Aguilar, el padre de su amigo.

Jugaron bajo el influjo de la inocencia hasta aquella tarde en que Valeria abandonó la comba de un salto para dirigirse hacia la puerta de la casa grande y dejó a los dos chiquillos perplejos mientras la cuerda seguía dando vueltas en el aire. La niña permanecía inmóvil, con la mirada fija en el interior de la vivienda y ellos se acercaron para preguntarle qué le sucedía. «Antonio, tu madre me ha pedido que te cuide», pronunció, sin más gesto que el movimiento de sus labios, como si ella se hubiera convertido, de forma súbita, en una estatua. «¡No tiene gracia! ¡Eres una mentirosa, hace meses que mi madre no puede levantarse de la cama!», exclamó el pequeño, que al instante salió corriendo escaleras arriba hacia la alcoba de sus padres. Una sirvienta con los ojos acuosos le impidió la entrada.

Tras enviudar, don Antonio Aguilar, se volcó en la educación de su hijo, tarea que siempre insistió en desempeñar su esposa, a la que nunca pudo negarle nada, a pesar de estar en claro desacuerdo con ella. En su opinión, lo había consentido demasiado. Antoñito necesitaba horarios rigurosos, disciplina y, sobre todo, aprender cuál era su lugar, porque en el futuro tendría que regir la finca; se acabaron los juegos para él. A partir de aquel día, el niño se levantaba al alba para adecentar a los caballos, porque esta labor le forjaría el cuerpo y el carácter, después, pasaba largas horas de estudio en su habitación, con el padre Mateo, para desarrollar y alimentar su mente y su espíritu, pero jamás recibía ni siquiera una palabra amable de su progenitor, más bien al contrario.

Valeria Ramos recordó cómo Antonio Aguilar, durante años, los observó a ella y a Fermín Hernández desde la misma ventana en la que ahora se encontraba. La expresión de infinita tristeza de su cara, le provocaba una punzada desconsoladora. Pocas fueron las ocasiones en las que ella, a escondidas, pudo burlar la prohibición y entrar en aquella penitenciaría para darle a su amigo un cálido y profundo abrazo en el que él se abandonaba hambriento de afecto, con el anhelo de que el tiempo se detuviese en aquel pequeño oasis celestial. Y también recordó cómo la expresión del recluso se transfiguró en avinagrada el día en que vio las manos de Fermín Hernández y las de ella entrelazadas mientras se fingía distraída para darle la oportunidad de que le robase los primeros besos.


Fermín Hernández era divertido, tenía proyectos y le transmitía su alegría; todo en él era vida. Poseía una mente despierta y le gustaba el contacto con la gente. Virtudes que le llevaron a ganarse las simpatías de aquel viajero anglosajón, amigo de la familia, cuando pasó unas semanas en la finca. Un músico, que le habló del nuevo ritmo de moda en América, el jazz, y de su ídolo, Louis Armstrong. Durante su estancia le enseñó a tocar las notas de la trompeta y cuando se marchó se la regaló, junto a la última grabación del maestro, aunque el muchacho no tenía dónde escucharla; la guardaba como un tesoro con la esperanza de que un día podría deleitarse con su música en directo, viéndolo actuar sobre un escenario y, por qué no, emularlo. Sí, Fermín Hernández tenía aspiraciones y ella formaba la parte más importante, según le apuntaba, con ella todo, sin ella, nada; juntos se marcharían a América, tierra de oportunidades y libertad. Valeria Ramos lo miraba y lo escuchaba embelesada, con devoción y, entonces, entre sus brazos, perdía la poca cordura que aún le quedaba y creía firmemente en los milagros.

Pocos meses después del inicio de aquel romance, Antonio Aguilar pasó a ser el dueño de la finca, al quedarse huérfano. Estaba decidido a que la casa cobrase de nuevo la luz, y, para ello, deseaba contar con la colaboración de una mano femenina, la de Valeria Ramos. Le regaló un par de hermosos vestidos y unos zapatos, para que le acompañase a adquirir los muebles, las cortinas y algunos enseres con los que resucitar la morada, ante el disgusto de su amigo de la infancia; compartieron tardes de caminatas y entretenidas charlas durante las meriendas en una chocolatería. Como último favor la hizo entrar en la joyería para que eligiese el anillo que pretendía regalarle a su futura esposa, y, allí mismo, delante del joyero, se lo pidió, tal y como lo había visto hacer a los galanes en las películas de la Meca del Cine, con la rodilla hincada en el suelo. A Valeria Ramos un sin fin de imágenes acabaron agolpándose en la cabeza; Fermín y Antonio desfilaron desde su infancia hasta aquel momento. No, no deseaba para sus hijos lo mismo que ella y Fermín habían soportado, no consentiría que caminasen descalzos, ni que mataran el hambre con un poco de cebolla, mucha agua caliente y pan, ni que se tuvieran que limpiar los mocos en la manga de una camisa raída. Y América estaba muy lejos, entre brumas, ante el centelleo de aquel diamante.

Valeria Ramos consiguió acallar los rugidos de sus tripas, pero no los de su corazón, cada vez que escuchaba las desgarradas notas que lograba sacarle Fermín Hernández a su trompeta; pensó que iba a ser más fácil, pero fue una dura lección aprender la diferencia que separaba el cariño y el verdadero Amor. Únicamente la reconfortaba su pequeña hija, Manuela, de tres años, que fue su consuelo desde el día en que nació y cuya sonrisa era el bastión al que se aferró al estallar la guerra y ver cómo su esposo no dudó ni un instante en unirse a los sublevados mientras que Fermín Hernández se convertía en un miliciano.


Antonio Aguilar regresó dado de baja, con una pierna menos y el alma emponzoñada por el alacrán de la guerra. Valeria Ramos se deshizo en atenciones y mimos, tratando de rescatarlo para la humanidad, pero ni siquiera su hija logró esta labor. Extremo que quedó de manifiesto, cuando tras el saqueo de la parroquia del padre Mateo, aquella misma noche, los perros comenzaron a ladrar y Antonio Aguilar bajó a hacer una ronda, pertrechado detrás de su fusil y algunos de sus hombres. Sorprendieron a Ignacio, El Pastor, un miliciano del mismo pueblo, junto al pozo, arrojando la figura de San Régulo para aligerar el peso, porque se había quedado rezagado de su cuadrilla. Antonio, junto con las autoridades que venían pisándole los talones al desdichado, decidió, que en justicia, el hombre debería hacer compañía al santo. Desde aquel día dio órdenes de que el pozo quedase inutilizado.

A la mañana siguiente, al alba, Valeria Ramos, que no había pegado un ojo, se echó la mantilla por los hombros y, con el corazón oprimido, bajó junto al pozo. Habló con El Pastor, con la voz entrecortada por el dolor, y le prometió que le comunicaría lo ocurrido a su familia y que impediría que su esposo se apropiase de su pequeña parcela y de su ganado, como había amenazado la noche anterior. A continuación le preguntó si conocía alguna noticia de Fermín, ella tenía la certeza de que estaba vivo, de ser de otra forma habría hablado ya con él; Ignacio se esfumó en el aire.

Dos meses después, El Pastor, volvió a presentarse ante Valeria Ramos, pero en esta ocasión estaba en el linde de la casa, la miró fijo unos instantes, le dio la espalda y se echó a andar; ella lo siguió durante una hora, sin pararse ni preguntar, hasta que el aparecido se detuvo delante de una cabaña abandonada que había en el monte, y volvió a esfumarse como si fuera humo. Entró sin vacilar y se encontró con el fusil de un miliciano apuntándola, que al reconocerla lo bajó y la llevo junto a Fermín Hernández, pidiéndole innecesariamente que lo ayudara. Estaba tirado en el suelo; derrotado, enfermo y hambriento, pero con el amor hacia ella ileso.

Valeria Ramos libró su propia guerra contra Antonio Aguilar, que cedió ante sus feroces presiones, no tanto por grandeza de espíritu como por el anhelo oculto de que ella volviera a su cama, después de lo ocurrido aquella noche con Ignacio. Consintió a su esposa, con la premisa de que dos de sus hombres la escoltaran y vigilaran, ir al día siguiente a la cabaña a recoger a Fermín Hernández, que con las escasas fuerzas que le quedaban se negaba a dejar a la mermada brigada. Consintió en que ella los acompañara en el viaje, porque esta desconfiaba de las órdenes que él pudiera dar a sus espaldas y quería tener la evidencia de que llegaba a su destino, un contacto que tenían en Perpiñan. Varias horas antes de llegar a la frontera, divisaron columnas de hombres, mujeres y niños, que se guarecían del frío con grandes mantas y caminaban con paso fatigoso. Parecían extrañas aves que arrastraban sus alas quebradas; nunca, como aquel día, tuvo tanta dificultad en distinguir a las personas vivas de las que ya nos habían dejado.



Regresó. A pesar de que Fermín Hernández le pidió lo contrario, y a voz en cuello, envuelto en fiebre, le dijo que era la única mujer capaz de provocarle un terremoto en su corazón y bajo sus pantalones, mientras los camilleros se lo llevaban. Pero ella tenía una vida, una hija y a los dos custodios que la vigilaban. Cumplió su promesa y volvió a la monotonía, a las tareas de la casa y al cuidado de Manuela, que se veía alterada con la interrupción de la visita de algún mutilado del alma, que anhelaba saber si ella había hablado con el familiar desaparecido, o al contrario. Por las noches recibía la visita de otro fantasma, el ruido de unas muletas recorriendo el largo pasillo hasta llegar frente a su puerta, luego, el silencio, hasta que de nuevo volvía a escucharlo alejándose.

Pasaron los años y Manuela se convirtió en una hermosa jovencita, de la que despuntaba la belleza sensual y la sensibilidad de su madre, pero no su fortaleza. Con un padre amargado y severo, y una madre que aseguraba hablar con los muertos, por lo cual la mitad del pueblo la tachaban de loca, a Ramón Pineda, El Dandi, no le fue difícil volverla loca de amor y seducirla, para dejarla en cuanto se cansó de ella, no sin antes ponerle en antecedentes del asesinato de El Pastor. Manuela, sin poder asimilar todo lo que acababa de vivir, con el corazón destrozado, se dirigió a su casa, cogió una astilla engrasada, unos fósforos y atravesó como una estrella fugaz el patio, hasta situarse frente al pozo. Se asomó a él y tiró la tea ardiente, que alumbró el fondo como un hacha; la visión la aplastó y la sumergió en un dolor irresistible que la arrastró a lanzarse dentro de él.

El mismo dolor se apoderó del alma de Valeria Ramos; irresistible. Quince años después, Antonio Aguilar advertía cómo el destino le obligaba a hacer algo a lo que se había negado con una terquedad cerril cuando el incidente: a limpiar el pozo. O quizá fuera Dios, pensó él, que en un arresto irónico hizo coincidir en la parroquia a San Régulo presidiendo en el altar los féretros de El Pastor y el de su querida hija en la misma ceremonia; acaso fuera la voz de su conciencia, porque en realidad fue por expreso deseo de Valeria Ramos que así aconteciera. Antonio Aguilar se quedó encerrado en su biblioteca ahogando esa voz insistentemente burlona en aguardiente, mientras su esposa, desgarrada, acudía al sepelio, con el socorro de dos comadres.

El matrimonio ejemplar que Antonio Aguilar con tanto esfuerzo había pergeñado y logrado que representasen ambos, también finaba sus días, porque ella, rompiendo la promesa adquirida con él el día que la dejó marchar para salvar la vida de su enemigo, desde que el destino maldito le arrebató a su hija se negó rotundamente a seguir emulando a Sara Bernhardt, a encarnar un papel que la asqueaba infinitamente y prefería pasar las tardes tejiendo junto al pozo. Los escasos momentos en que su esposo la veía dichosa eran cuando leía y releía las cartas que llegaban de Francia; aquellas epístolas obraban el mismo portento que el que ejerce el astro rey sobre un girasol. El tiempo inexorable jamás se detiene, pensó…

El ruido al abrir la puerta de la alcoba la sacó de sus pensamientos. Antonio Aguilar, con un gesto, hizo pasar a Fermín Hernández y luego se retiró sin articular palabra. Qué extraña le pareció en ese instante la vida. Fermín se acercó al lecho, pasó al lado de ella sin verla y se acuclilló llorando a la vera del cadáver de su amada.

36 comentarios:

Luna dijo...

Hola mamargarita!

Me ha encantado tu relato, además has sabido entrelazar dos de mis temas favoritos. Por un lado, la gente con el don de ver a las almas perdidas y, por otro lado, lo duro que fue para los republicanos aquella negra historia de la España reciente, que, aunque muchos de nosotros ya hayamos nacido en el seno de la “democracia” y no hayamos vivido esa terrorífica época, en la trayectoria de la historia debemos considerarlo como reciente.

Es terrible, y se me pone la piel de gallina sólo con pensarlo, lo cruel y fatal que puede llegar a ser el destino de una persona. Lo podemos llamar destino, Karma, casualidad, causalidad o por obra de algún dios, lo que sí es incuestionable es lo anecdótico de la situación de Antonio Aguilar: se ve en la obligación de limpiar el pozo y sacar al miliciano que antaño había condenado a perecer en las profundidades, y a su amada hija que obtuvo el mismo final. ¡Terrorífico!

Te aplaudo por este maravilloso relato y te animo a seguir así, a dejarnos con ese sabor amargo al final de cada cuento. Espectacular.

JUAN dijo...

También a mí, querida amiga, me has llegado al corazón tocando estos temas favoritos: la ciencia paranormal, la Guerra Civil y los amores imposibles.
El corazón de la protagonista partido en dos trozos:a uno le tira el amor verdadero; al otro,la necesidad de acallar el hambre.Opta por la solución salomónica: asegurase el pan sin abandonar a su amor, por el que no duda en acudir en su ayuda cuando siente que él la necesita.
El amor verdadero de su esposo también está bien representado en esa imagen del hombre abatido que se pasea de noche por el pasillo, esperando que se abra la puerta que alegraría su existencia. Pero él la respeta y se vuelve inmerso en la tristeza.Un ejemplo de que el verdadero amor no considera a la persona amada como un objeto que le pertenece, sino como una persona libre que decide cuándo y a quién entregarse.
Otra estampa que muestra tu relato es la de las familias y amigos divididos por la guerra, luchando en bandos contrarios. Es un detalle más que diferencia nuestra guerra de las otras:Todas las guerras son terribles e indeseables;pero no es lo mismo disparar contra un enemigo desconocido de otro país, que hacerlo sabiendo que enfrente tienes a tu hermano, a tu padre o a tu novia. Un hermano de mi madre estaba en el bando Nacional y fue luego voluntario a la División Azúl; otro hermano era anarquista, y un cuñado fue fusilado por pertenecer a los maquis. Aún hoy perdura el rencor por ello.

Este relato bien pudiera convertirse en una novela si lo continúas.Eres muy creativa y no te faltarán ideas.
Bueno, te reitero lo mucho que me ha gustado y te felicito por lo buena contadora de historias que eres. Un beso muy fuerte.

Néstor Dulce dijo...

Te felicito por el cuento... lástima que, como las telenovelas, no haya tenido un final feliz.
Un abrazo

Cristina Puig dijo...

Increíble relato amiga te felicito, me ha encantado. He pasado por tu blog de fotografía y las últimas son increíbles, que maravilla! un abrazo enorme,
Cris

Conchi dijo...

Hola, Margarita. Por fin vine a leerte con un poquito de tiempo.
Me ha gustado mucho tu relato y me ha llevado a recordar historias vividas, no por mí, pero sí que me fueron contadas cuando yo era niña. En Andalucía había muchos pozos y mucha gente terminaron sus vidas en ellos.
Muchas desgracias, amores imposibles, familias partidas por la guerra... una total tragedia.
Me alegro mucho que sigas escribiendo, amiga. No dejes de hacerlo pues, además de escribir bien, transmites y eso es muy importante.
Te mando un fuerte abrazo.
Conchi

susy dijo...

Margarita querida.
Sencillamente maravilloso tu relato.
Con qué claridad y precisión detallás las situaciones tan desdichadas de la guerra Civil Española. Pero creo que no es solo esa guerra la que conmueve, todo hecho bélico, trae aparejado dolores sin fin.
Desencuentros, ausencias, infelicidad.
Cuándo comprenderemos que el camino correcto es la Paz?
Tu cuento me conmovió muchísimo y te felicito de todo corazón.
besos
susy

Ana Márquez dijo...

Este relato tiene de todo: amor, guerra y realismo mágico, buenos ingredientes para un buen guiso :-) Lo he disfrutado a fondo. Un beso, guapa, y gracias por compartir.

MiánRos dijo...

Me gustó el cambio y la manera de narrar este drama de sabor añejo del pasado, nada que ver con el último relato de fantasía que leí con anterioridad. Muy descriptivo y apasionante; lástima que el resultado final es (aunque compatibilizando con la vida misma) la crudeza de la muerte como único y verdadero final para todos.

Un saludo, amiga.
Mián Ros

Antonio Misas dijo...

Hola Margarita!
Te diré que la narración no tiene desperdicio, está muy bien escrito.
A mi los temas que tratas aquí sinceramente no me gustan. El realismo mágico, lo leí en su momento, hace muchos años y con "Cien años de soledad", cerré, y lo cambié por el realismo sucio norteamericano. De la guerra civil se ha escrito tanto que también perdí el interés. Hace tiempo, también, cambié las novelas por libros de más realidad histórica como el de antony beevor "la guerra civil española" o paul preston "franco" y me llené.
La guerra civil es un tema, en circulos literarios, bastante despreciado ya por manido. Aunque el rescate de la memoria histórica por parte del gobierno haya reactivado cierto interés en un sector de la población.
Con esto no quiero decir que no sean temas actuales, nada más te doy mi opinión al respecto.
Volviendo a tu escritura, me parece que escribes muy bien y te diré que seguiré leyendo los relatos anteriores a "El pozo" para disfrutar seguir descubriendo esa habilidad magnífica que tienes con las palabras y el lenguaje literario.

¡Muchos besos!

Turkesa dijo...

Hola, Margot: esta historia tremenda que ya he leído antes de ahora, impacta por su narrativa rica en imágenes y dotada de un estilo despojado a la vez; no sé si me estoy dando a entender... Amiga, es todo un arte escribir así. Una crónica tan amarga y paradojal en sus desgracias sin apelar a los excesos de la sensibilidad y el morbo —tan remanidos— a los que la misma invita por su temática. Por el contrario, has abordado la crudeza de los hechos con soltura, respeto y una pintura tan acertada de la inclemencia que padecen los personajes, que parece uno estar viéndolo todo desde esa ventana abierta a las venas atormentadas de las guerras entre hermanos, como son las guerras civiles.

El primer párrafo hace gala de una belleza lacónica en su punto justo. Es la apertura a un pasado ominoso en el que sumerges al lector sin vacilaciones, con una pluma amarga y decidida. La firmeza de la narrativa es un punto admirable a destacar, amiga.

Qué decirte del final... está brutal. Aunque yo tal vez me paso de rosca, podría decirte sin drama que advierto una trastienda que, aunque sesgada por el horror, deja paso al amor como única cura de las heridas más obstinadas. Lástima que aprendemos ante la consumación de las pérdidas.

Subrayo estas líneas, cuya poesía desgarrada me resulta apabullante: "Parecían extrañas aves que arrastraban sus alas quebradas; nunca, como aquel día, tuvo tanta dificultad en distinguir a las personas vivas de las que ya nos habían dejado."

¡Aplausos! Muchos.

Creo que te da para una novela pues como cuento se queda corta esta historia dotada de una envergadura contundente y profunda dentro de las singularidades de los personajes que la habitan.

Felicitaciones por tu excelente pluma.

Ha sido una lectura estremecedora y magnífica.

Un abrazo grande.

Winnie0 dijo...

Primero mil gracias por tu visita a mi blog....de pronto te descubro y leo y me gusta...Este relato es francamente bueno (en mi modestisima opinión) Creo que seguiré por estos lares

Eurice dijo...

Estupendo relato Margarita, escribes muy bien.
Gracias por tu visita al oscuro desván de mi memoria.
Saludos!

RAMPY dijo...

Hola, Margarita, es la primera vez que entro a tu blog, puesto que he visto que has comentado en el mío y quería agradecerte la gentileza y devolverte la visita. La verdad es que escribes muy bien y te felicito por ello. Espero tener más oportunidades de leerte, si el tiempo me lo permite.
Te mando un beso enorme.
Rampy

B. Miosi dijo...

Margarita, qué historia más hermosa nos has traído. Y al final me doy cuenta que todo fue contado por Valeria, desde su lecho de muerte o como alma rondando sus predios.

Valeria pagó caro por el error de aceptar a Antonio. Y es que de la necesidad a la ambición hay una distancia muy corta. Cambiar un gran amor por un poco de pan en el estómago da a comprender que Valeria era una mujer débil. Fermín la amó de verdad, pero solo la recuperó después de muerta.

Tu manera de encadenar unas frases con otras hace que se lea de manera muy fácil y atractiva, soy aficionada a las oraciones largas, bien estructuradas, que no necesitan de un exceso de puntuación para ser perfectamente entendibles:

“Jugaron bajo el influjo de la inocencia hasta aquella tarde en que Valeria abandonó la comba de un salto para dirigirse hacia la puerta de la casa grande y dejó a los dos chiquillos perplejos mientras la cuerda seguía dando vueltas en el aire.”

Es todo un logro, Margarita, y te felicito por la belleza de tu narrativa.

Besos,
Blanca

Margarita dijo...

¡Hola, mi niña Luna! ¡Qué alegría me da tu visita! Me alegro que te haya gustado este duro relato y los temas que tratan. Tienes razón, aunque setenta años parezcan mucho (para un individuo), en la historia de un pueblo es un suspiro; fue ayer. Además, creo que se debe conocer la propia historia, pero este negro periodo de nuestra historia no lo dimos cuando yo estudiaba, por razones obvias se pasaba de puntillas con unas pocas páginas distorsionadas. Historia era una de mis asignaturas favoritas, siempre me interesó y fascinó saber qué había pasado antes de llegar yo aquí, a este mundo.

Pues así es, a veces el karma, destino o como quiera que se llame de algunas personas es cruel y doloroso. Y a veces te preguntas por qué pasan ciertas cosas, para qué el destino se cruza de esa forma en el camino, etc; incluso el lugar donde se nace es una suerte, un capricho de ¿?, porque ya te marca (y todo lo que te va sucediendo en la vida), lo que me ha llevado muchas veces a pensar si se puede escapar al destino…

Lo que le sucede a Antonio Aguilar es terrorífico, hay quien dice que todos los actos traen sus consecuencias, y recordé esto para el relato, porque nadie se escapa. Fíjate en Manuela que carga un karma que no es suyo, si no del padre. Me salió fatalista, sí.

Bueno, ya sabes que la mayoría siempre dejan ese sabor amargo, pero, de vez en cuando, escribo otros más animosos, para que no me echen, jajaja. Gracias por tus palabras y ánimos, caricias para mi ánima.

Un besazo,

Margarita

Margarita dijo...

Hola, Juan, pues coincidimos en gustos, a mí lo paranormal siempre me fascinó; los amores imposible, algo tendrán, porque nunca puedo darles un final feliz a mis protagonistas; y la Guerra Civil es un tema que me interesa, ya que es una parte reciente de nuestra historia.

Me gusta que hagas esta observación, así es, cuando la necesita no lo piensa, porque así es el amor, entrega y dar, aunque ella se hubiera decidido por la seguridad en vez de por el amor.

“sin abandonar a su amor, por el que no duda en acudir en su ayuda cuando siente que él la necesita”.

Juan, me gusta mucho los comentarios que haces de los personajes, porque esta vez traté de profundizar un poco más en sus sentimientos y comportamientos, traté de poner cuidado que fueran muy humanos, con fallos y aciertos. Y, Antonio, tenía muchos fallos, aún así el amor por su esposa era profundo y verdadero. Qué gusto contar con esta opinión.

”El amor verdadero de su esposo también está bien representado en esa imagen del hombre abatido que se pasea de noche por el pasillo…”.
Claro, por desgracia fue tal cual lo cuentas, hubo familias divididas por esta contienda, es lo curioso y, sobre todo, terrorífico de una guerra (in) civil, todas los son, obvio, pero en estos casos no se lucha contra un enemigo común, un hipotético invasor, etc, sino se lucha entre hermanos, es lo peor, lo terrible, lo incompresible.

Pues te cuento que se me quedaron muchos detalles que tenía en mi cabeza (suelo armarlo todo en la cabeza y hasta que no está no me pongo a escribir) que conforme iba desarrollando tuve que dejar en el camino al ver la extensión que estaba alcanzando el relato, bastante largo para leerlo en el blog, solemos ir con prisa, se hace incómodo la pantalla, en fin, que los dejé fuera. Creo que podría dar para una novela, sí, ahora hace falta que yo supiera desarrollarla, quizá más adelante me atreva, sabes que no he pasado nunca del relato y me da cierto reparo meterme en una empresa de tanta envergadura. Me alegro de que te haya gustado y te agradezco mucho este comentario tan interesante, amigo.

Un fuerte abrazo y un beso,

Margarita

Margarita dijo...

Bienvenido Néstor. Ay, bueno, eso es un poco parte de mi forma de escribir, me temo. A veces me propongo que acabe bien, pero algo pasa que a la mitad del camino la historia se empecina en lo contrario; alguna vez lo logro.

Gracias por la visita y por dejarme tu opinión.

Un abrazo,

Margarita

Margarita dijo...

Hola, Cris, me alegra tu visita y el que te haya encantado, me satisface mucho; siempre nos ayuda a seguir escribiendo. Gracias. También que te gusten las fotos, ahí vamos tratando de llevar las dos aficiones para adelante.

Un besazo, guapa.

Margarita

Margarita dijo...

Querida Conchi, te agradezco especialmente tu lectura y que lo hayas comentado. Por desgracia esas historias, que también me contó mi familia, como sabes tengo sangre gaditana, fueron las que me inspiraron este relato. La guerra todo lo interrumpe, con todo arrasa, y si es civil como esta nuestra, entonces es aún peor, es terrible.

Gracias mil por tus palabras de ánimo, aunque, últimamente, no escribo con la frecuencia que me gustaría, desde luego que me ayudan a seguir haciéndolo; son todo un aliciente, amiga.

Te envío un abrazo enorme,

Margarita

Margarita dijo...

Susy, qué gusto verte. Es como dices, todas las guerras, aunque creo que las civiles son las más incomprensibles, al menos, me lo parece. Acaban con la vida de tantos inocentes, e interrumpen y marcan las de las que sobreviven para el resto de sus días.

Así es, cuánta razón tenía Gandhi “no hay camino para la paz, la paz es el camino”. Pero existen muchos intereses, desde los de arriba, pero siempre pagan los de abajo, sea cual sea el detonante y el signo de los que la provocan.

Te agradezco mucho tus palabras, me gustó mucho leer tu comentario. Gracias, amiga.

Un beso grande,

Margarita

Margarita dijo...

Ana, qué bueno que lo hayas disfrutado. Bueno, tiene un poco de todo como en botica, sí, :). Muchas gracias a ti, por tus palabras, que me llenan de satisfacción.

Un besazo, guapa,

margarita

Jesús García dijo...

Hola Margarita,

Este relato es emocionante. Un desastre como el que ocurrió en España es hilo conductor de una historia de amor desdichada, y a la vez bella, entrelazada por una decisión errónea para el corazón pero acertada para los tiempos que corrían.

Me ha gustado mucho.

Un saludo.
Jesús

Margarita dijo...

Hola Mián, me gusta cambiar de temas y probar, para aprender, no sé si lo consigo, así que te agradezco mucho el comentario. Es cierto lo que dices, salvo los dos protas, que sí siguen vivos no dejo títere con cabeza en este relato, jeje. Sí, creo que suelo tirar más a lo trágico, aunque también de vez en cuando escribo algo desenfadado. El caso es que cuando voy con mi mejor intención de trenzar un final feliz, no sé porqué el protagonista y/o la historia se empeña en torcer el destino. Lo seguiré intentando, jaja. Gracias por leer el relato y dejar tan amable comentario. Es un gusto.

Un abrazo grande,

Margarita

Margarita dijo...

Bienvenido Antonio. Me dio gusto leer tu interesante comentario y tus amables palabras para mí narrativa, siempre nos anima a seguir. Gracias. Eso sucede, cuando uno lee bastante sobre un tema acaba cansándose un poco, es cierto, aunque “Cien años de soledad” es uno de mis libros favoritos, no lo volvería a leer, nunca releo un libro, prefiero dedicar el tiempo a leer uno nuevo. Y me pasa a la hora de escribir, suelo variar, por eso no sé si tendría la paciencia y dedicación (y los conocimientos) de escribir algo más largo, igual me cansa embargarme en un único tema tanto tiempo.

Es cierto que hubo una indudable saturación sobre libros, películas, etc, sobre la Guerra Civil, durante un tiempo, en la transición, también lógica, me parece (y de otros temas como las películas de destape, de las que sufrimos todo un empacho, que antes los españoles iban a verlas a Perpignan), y que ahora ha habido un rebrote por lo de la memoria histórica, pero las aguas luego de estos periodos vuelven a su cauce, y queda un sector de personas al que siguen interesándoles (y nuevos lectores que se incorporan al hábito), obviamente mucho menor. Yo no he leído a los dos autores que mencionas, y siempre me ha llamado la atención Paul Preston, al que me gusta escuchar cuando lo he visto en la televisión, y me despierta el interés por leerlo, pero luego lo he ido dejando por falta de tiempo y que se me cruzan otros libros en el camino.

Te agradezco la opinión que tienes sobre mi forma de escribir, es como recibir una inyección de ánimo. Me encantará que leas otros relatos míos y contar con tu opinión, y espero que el tema sea más de tu agrado que en esta ocasión, como te decía arriba suelo variar bastante, al menos lo intento.

Un abrazo grande,

Margarita

Margarita dijo...

Hola, Mónica, yo al menos te entendí, creo… es más, si entendí bien te agradezco infinito tus palabras; ya sabes lo bien que nos vienen leer palabras como las tuyas, por ahí me quedé colgada en las nubes, pero ya regresé. De ahí la tardanza en contestar… no, che, no te estoy echando las culpas, jajaja; ya soy de natural dispersa.

“sin apelar a los excesos de la sensibilidad y el morbo…”. “una pintura tan acertada de la inclemencia que padecen los personajes”

Ah, cómo me alegro de leer esto, una piensa en si se pasó de rosca en la manera de decir o se quedó corta, se preocupa por si sabrá tocar un tema tan duro con cierto equilibrio. Así que, al final, opté por dejarme llevar por la historia y traté de impregnarme de los personajes.

Tienes razón, la peor de las guerras son las civiles, creo que aquí coincidimos todos.

Gracias mil por lo que dices del primer párrafo y de la firmeza narrativa, que para una libra es algo insólito, jeje, lo de la firmeza, digo… porque somos una duda con patas.

“deja paso al amor como única cura de las heridas más obstinadas. Lástima que aprendemos ante la consumación de las pérdidas”.

Esto que dices es totalmente acertado, si hay algo que pueda curar las heridas es el amor, aunque a veces sea tarde. Uff, me puso la carne de gallina.

”Subrayo estas líneas, cuya poesía desgarrada me resulta apabullante: "Parecían extrañas aves que arrastraban sus alas quebradas; nunca, como aquel día, tuvo tanta dificultad en distinguir a las personas vivas de las que ya nos habían dejado."”

Ah, esto si que me dejó satisfecha, y que lo digas tú que eres toda poesía, amigota. No sabes cómo me gustó que señales justo esas líneas. Yo, que, como sabes, no soy dada a la hora de escribir a las figuras ni a la poesía (no me han llamado por ese camino), esa primera línea me brotó sola cuando estaba buscando información (inspiración) por San Google para este relato, y vi esas fotos de los republicanos caminos del exilio con las mantas sobre los hombros, el resto vino enseguida al caer en las aptitudes que tenía pensadas para la prota. Aprovechando que yo tenía pensado que la prota veía seres que ya nos habían dejado, añadí las que van detrás del punto y coma, me pareció que la comparativa lo decía todo, y ya fue definitiva la decisión de que ella poseería ese don.

Pues creo que sí que da para más este tema. De hecho me dejé muchos detalles fuera, porque se me estaba alargando demasiado. La verdad es que me gusta mucho la historia de fondo, las relaciones de amor, encuentros y desencuentros de los tres protagonistas, que tienen aciertos y fallos, alguna alegría, pocas, y bastantes desventuras, en fin, que me han enganchado mis personajes, más que en otros relatos, pero una novela es un proyecto al que hay que dedicarle mucho tiempo y esfuerzo y para el que hay que estar preparada, y no sé si reúno ahora los requisitos. Quien sabe más adelante.

Bueno, amiga, este comentario es de los que te dejan tonta, feliz, la verdad es que te agradezco de todo corazón, tu atenta lectura y el estupendo análisis; han sido para mí todo un estímulo tus palabras. Me da gusto que lo hayas disfrutado, Mónica. Qué más se puede decir cuando una lee comentarios como este. Gracias.

Un besazo,

Margot (sin apellido, jeje)

Margarita dijo...

Bienvenido, Winnie, gracias a ti por pasar a leer mi relato, que no es nada corto, y si te gustó, eso me llena de satisfacción porque no ha sido en balde. Gracias, y estaré encantada de recibirte en esta casa y de ir a ver en qué andas en la tuya.

Un abrazo grande,

Margarita

Margarita dijo...

Hola, Eurice. Me alegro que te haya gustado este relato. Gracias a ti por leerlo y por dejarme tu opinión.

Un abrazo,

Margarita

Margarita dijo...

Blanca, me alegra mucho que te haya gustado esta historia. Así es, la narradora es Valeria una vez que ha dejado esta vida.

“Cambiar un gran amor por un poco de pan en el estómago da a comprender que Valeria era una mujer débil. Fermín la amó de verdad, pero solo la recuperó después de muerta”.

Ah, Blanca, la necesidad, las circunstancias, hacen estragos. Sí, de alguna forma era débil, cobarde y prefirió la seguridad, pero pagó un precio alto renunciando a su verdadero amor; el hecho en sí ya es un precio muy elevado, ya que se vive una sola vez, al menos que seamos conscientes. Pero a la vez no duda en ayudar a Fermín, cuando este la necesita y ahí no le tiembla el pulso. Quise que fuera contradictoria, real, creo; puedes ser temerosa para algunas cosas y valiente para otras.

Pues qué bueno que te haya gustado la forma de narrar. A mí también me gustan ese tipo de frases largas, no siempre es fácil poder tejerlas y encadenarlas, pero seguimos aprendiendo. Así que me satisface y anima mucho lo que me dices, viniendo de una escritora como tú; excelente. Qué te puedo decir: ¡Gracias! Por pasar y leer mi relato, sé que últimamente estás bastante liada con tu nueva novela, y por dejarme este comentario que me llena de alegría, amiga.

Un besazo,

Margarita

Margarita dijo...

Bienvenido, Rampy. Gracias por llegarte hasta mis letras, que no son pocas y dedicarle tu tiempo. Me encantará verte de nuevo por mi casa y contar con tu parecer, y seguir tus pasos, también.

¡Besos!

Margarita

Margarita dijo...

Jesús, qué gusto verte por mi casa.

¡Me encanta! Creo que es la sinopsis perfecta, porque cuando comencé a pensar en el argumento para mí primó la historia de fondo, la de los amores de los personajes.

“Un desastre como el que ocurrió en España es hilo conductor de una historia de amor desdichada”

Qué puntería la tuya, caramba. Has dado con lo que estaba antes y por encima de la época. Primero fue la historia, y luego decidí el resto. Es así como dices, y como dice Blanca, ella era débil, pero cada uno es esclavo de sus circunstancias y de la condición que tiene, de su escala de valores, de sus dudas, de sus miedos, etc. Todos cometemos fallos y ella sopesó justo lo que tú apuntas.

“una decisión errónea para el corazón pero acertada para los tiempos que corrían”.

Me alegro que te haya gustado. Tanto como a mí tu lectura y comentario tan certero.

Un abrazo grande,

Margarita

Lola Mariné dijo...

Un magnifico relato, Margarita. Desgraciadamente la epoca que narras da para miles de historias drámaticas.
Leyendo tu perfil veo que hablas del problema de la puntuación, jeje, aunque no creo que lo necesites, te recomiendo un libro del que hablé hace un tiempo en mi blog: "Perdón, imposible", de Jose Antonio Millán.
Saludos.

Margarita dijo...

Hola, Lola. Gracias por tus palabras. Me alegro que te gustase este relato. Pues sí, tienes razón, fueron unos tiempos terribles, que ojalá nunca más tengamos que ver, y da para mucho, hubieron muchas desgracias, claro, las situaciones límites hace que se vivan las cosas con más intensidad, imagina…uno debe tomar más conciencia de la levedad del ser.

Sí, gran invento, la puntuación, a quiénes les deberemos el honor, jeje. Pues te lo agradezco, yo creo que sí, que siempre necesitamos seguir aprendiendo, si no malo, creo que si no uno se estanca y no avanza en este largo camino.

Un abrazo,

Margarita

Felis Nasal dijo...

Y aquí estoy, listo para empezar a disfrutar de tus palabras. Estaremos en contacto. UN beso

Margarita dijo...

Hola, Felis. Pues espero que disfrutes con mis relatos y saber tu opinión. Me parece muy importante y gratificante contar con las opiniones de quien los lee. Gracias por la visita. Nos leemos.

Un abrazo,

Margarita

Lola Mariné dijo...

Hola Margarita,
estupendo relato, felicidades, tiene todos los ingredientes para convertirse en una novela.
Tambien le he echado un vistazo a tu otro blog y me ha encantado.
Saludos.

Margarita dijo...

Hola, Lola, gracias por pasarte de nuevo. Pues ya sois varios los que lo decís. No sé si yo tendría paciencia y conocimientos para escribir una novela, quizá algún día. Me lo pienso :).

Me alegro que te gustara mi blog de fotos también. Un gusto tu visita.

Un abrazo grande,

Margarita