
Tomó de nuevo aquella carta que había dejado sobre el escritorio hacía media hora, tras ojearla con avidez. A continuación se sentó en el sillón para releerla sin premura, eran unas pocas cuartillas, pero siempre había admirado la escritura de Camelia:
La Habana, 9 de octubre de 1868
Querida Isabel:
Lo que voy a confiarte sé que te preocupará, pero, créeme, no me queda otra salida. Eres el único miembro de nuestra familia al que puedo acudir desde que me casé por poderes con el viudo de mi hermana, con el que tan solo había mantenido una relación epistolar tras el fatal accidente que acabó con la vida de Eugenia, como te escribí en su día, cuando llegué a Cuba, para que supieras de mis razones y darte mis señas. Tal como te conté, cuando Ramón Reinoso se puso en contacto conmigo para comunicarme la desgracia, comenzamos un intercambio de cartas donde ambos hallábamos consuelo por la pérdida. Más tarde, sin darme cuenta, comencé a advertir cualidades en él que me atraían más allá de los lazos de la amistad, era educado, culto e inteligente en extremo, dulce y romántico. Él también me comunicó que yo había despertado su admiración y cada vez sentía más afecto por mí, hasta que en una de sus misivas me declaró su amor tan colosal como apasionado, y que a partir de aquel día su misión era convertirse en el estudiante que esperaba graduarse con matrícula en la única asignatura que le interesaba en la vida: yo. Quería saberlo todo acerca de mí para poder amarme mejor, y, para cuando me pidió matrimonio, yo ya estaba entregada a la causa por completo, así que me embarqué rumbo a Cuba en medio del escándalo y en contra de los deseos de toda la familia.
Isabel, hago este repaso para ponerte en conocimiento de algunos detalles que desconocías, y porque nada de lo que te he contado después, en mis escasas epístolas, desde que llegué a Cuba, es cierto. No por falta de sinceridad por mi parte o confianza en ti, querida prima, sino porque todo lo que he hecho y escrito ha sido sometido al férreo control y censura de mi esposo, al principio pensé que era porque no quería que se supiera que nuestro matrimonio atravesaba por problemas, en espera de que los pudiéramos solucionar, pero, como en tantas otras cosas, estaba equivocada.
Ramón me recibió en la hacienda muy emocionado, tengo que reconocerlo para no faltar a la verdad. Me enseñó la casa, las tierras, el ganado y los esclavos que nos servían. Me tuteló y dio un periodo de adaptación sin presiones ni exigencias, en el cual estuve durmiendo sola en mis aposentos. Estaba feliz, Isabel, de haberme casado con un caballero, y mi casa era hermosa, el clima suave, la tierra agradecida; creí haber hallado el paraíso. En una semana ya era la dueña, y decidí que había llegado el momento de que nos conociéramos de forma más íntima, de que compartiéramos y realizáramos nuestro amor, yo misma me encargué de cocinar y agasajé a mi esposo con una cena típica española que le encantó, pues hacía años que no la degustaba. Todo era perfecto. Subí a la alcoba unos minutos antes que él para acicalarme, me vestí con el camisón que había cosido con tanta ilusión para ese momento y me deslicé entre las sábanas. Ramón entró y ocupó su lugar en el lecho, pero en seguida se abalanzó sobre mí, me despojó del camisón de un manotazo y me besó de forma abrupta, una y otra vez sin darme un respiro. Pese a que nuestros cuerpos permanecieron juntos, piel con piel, en todo momento, allí no sucedió nada; no se comportó como un hombre, no pudo. Estos hechos se repitieron durante tres noches más, en los que yo lo esperaba aterrada, pues no sabía en qué podría desembocar aquello, antes de que abandonara mi lecho definitivamente echándome en cara que ni para engendrarle hijos servía, que al parecer, por lo que he deducido luego, era su único fin al enamorarme; tener un heredero.
Sentí una desilusión grande y dolorosa que me sumió en una tristeza tan negra y profunda como la boca del infierno. Buscaba los motivos del cambio radical en su comportamiento, pues comenzó a tratarme con desprecio, cuando no me ignoraba, la más de las veces, y lo que encontré en el camino no fueron respuestas sino pérdidas, dejé de comer, dejé de dormir.
Dejé de quererme, Isabel.
Pasaba los ratos mirándome al espejo, preguntándome si la causa sería que no era lo suficientemente bonita para él, otras veces me mortificaba pensando que no podía competir con la huella que le habría dejado Eugenia, quizá la amase todavía, pero no obtuve ninguna respuesta a mis intentos por conversar con Ramón sobre lo que sucedía. Así trascurrió más de un año en el que yo estaba más muerta que viva.
Una noche el ruido de un chirrido me despertó. Me asomé a la ventana y vi una sombra iluminada por una tenue luz que se dirigía a las cuadras. Bajé las escaleras y, amparada tan solo en el reflejo de la luna, la seguí. El miedo me había paralizado frente a la puerta, pero un quejido hizo que instintivamente mirase por el hueco de una grieta que había en ella. El gran hacendado Ramón Reinoso se dedicaba a sodomizar a uno de nuestros negros, uno de los chicos que se ocupaban de la caballeriza. Querida Isabel, no puedes hacerte aproximadamente idea de qué sentí, ni de lo que me ha costado dar el paso de revelarte esta terrible verdad. Cuando pude reaccionar salí corriendo hacia la casa, pero debí hacer algún ruido, porque a la mañana siguiente Ramón irrumpió en mi alcoba para imponerme unas nuevas órdenes.
Desde entonces, Isabel, he tenido mucho tiempo para reflexionar, once meses y quince días con exactitud, tiempo que ha durado mi cautiverio, pues no se me ha permitido salir de la casa. Con mucho esfuerzo pude conseguir que me trajera una señora para que me hiciera compañía, María, a la que le he contado toda mi historia. Ella me ha ayudado a recomponer los sucesos y ver claro que el Ramón que me escribía no existe, solo es un espejismo, un papel magistralmente interpretado por un ser perverso. Y ambas tenemos la sospecha de que a Eugenia le debió pasar lo mismo que a mí, al llegar a esta hacienda maldita, gobernada por el mismo demonio. Nos hemos planteado muchas preguntas, Isabel, es casi seguro que tras llegar aquí, mi hermana sufriera las mismas decepciones que me ha tocado vivir a mí, también creemos posible que descubriera el secreto de Ramón, y que acabase pagando un precio demasiado alto, con su vida, bien de forma alevosa o bien en el transcurso de una discusión. Es imposible indagarlo, solo podemos conjeturar. Ignoro el motivo por el cual no lo ha hecho conmigo, todavía, ni el porqué en ocasiones me hace cenar en el comedor y mantener largas conversaciones con él, como si nada hubiera pasado, como si yo nada supiera, pero no pienso quedarme para averiguarlo.
Isabel, los últimos acontecimientos en Cuba me han dado la oportunidad con la que estaba soñando. Ramón tiene información privilegiada y teme que haya revueltas, por lo que nos hemos desplazado a la casa que tenemos en la Habana. Aquí no puede someterme a tanta vigilancia, lo que nos ha permitido a María y a mí trazar un plan para escaparnos. María se encargó de comprar los billetes para el barco que nos llevará de regreso a España, que saldrá dentro de un mes justo. Es ahí dónde te pido tu colaboración, querida prima. Necesito que nos alojes por un tiempo mientras mis abogados solucionan mi situación. Sé que puedo contar contigo, como siempre lo has hecho. María se encargará de mandarte esta carta mañana mismo, desde la oficina de correo. Ella puede salir a hacer compras, y estar en la ciudad nos ha aportado una libertad de movimientos que debemos aprovechar.
Querida Isabel, no te entristezcas mucho, pues te conozco y eres incapaz de no hacerlo, por lo que acabo de revelarte. Ahora estoy feliz ante mi inminente libertad. Esto no será sino una pesadilla del pasado y pronto estaré a tu lado y podremos charlar con calma.
No veo la hora de poder darte un abrazo en persona. Mientras te envío uno con todo mi cariño y gratitud por adelantado.
Camelia Orovio
Siempre había admirado la resistencia de aquella joven, su cuerpo, sus agallas… Ramón Reinoso acercó la vela a las cuartillas y el papel prendió sin quedar rastro. Lamentó no poder conservar esa epístola junto a las otras, para leerla y releerla como hacía con las demás. Después trató de limpiarse la sangre de las manos en la palangana de la alcoba. No supuso que le costaría tanto arrancarle la carta a María, al punto de tener que acuchillarla en la cocina. A continuación se acuclilló y desató el cordón de la cortina del cuello de Camelia, para poder hacerse con su camafeo. Calibró el peso en la palma de su mano, comprobando si era demasiado pesado para meterlo en un sobre, y, acto seguido se sentó de nuevo frente al escritorio y tomó papel y pluma:
La Habana, 10 de octubre de 1868
Mi distinguida señora:
Isabel, permítame la cercanía pese a que no hemos tenido trato hasta este momento. Me hallo desolado. Tengo el lamentable deber de informarle de una terrible desgracia que ha acontecido y que me ha sumido en el mayor de los desamparos…
37 comentarios:
¡Menuda historia! ¡Brrr! ¿De dónde la sacaste? (¿Ya averiguaste qué fuiste en otras vidas?)
Volveré. Es un texto estupendo, redondo y escalofriante. Escalofriantemente redondo. Ufff..
Ahora necesito las sales... O un trago, bah, obligadamente, por la impresión.
Voyme haciéndome cruces por las dúvidas... Jee. Besos.
¡OLEEEEEEEEEEEEE! Me has dejado pasmado, Margarita. Un relato emocionante que me ha atrapado desde la primera línea.
El otro día, sábado o domingo, vi en televisíón una película ambientada en Cuba, donde el señor actuaba de esa manera. pero el problema allí era que la mujer se había eanmorado de un joven militar español.El final es distinto:la chica escapa en el barco hacia España.
Te felicito por tu regreso magistral a la literatura. Un beso
Un adicto a lo que ahora llaman "Violencia doméstica"
Una obsesión, la de tener hijos. Una adicción, castigar para hacer de otros los propios defectos.
Cual lobo con piel de cordero, busca, consigue y devora.
¿Y ella? Romantica, fina, educada, fragil. Derrumbada ante el primer golpe. Hundida ante la adversidad. Recogida ante la infamia, soportando, rezando que acabe aquel infierno. Hasta que aparece un angel que le infunde valor. Un valor que acaba matandolas a las dos.
¿Qué hacer? Odiar.
Margarita, tu texto me ha provocado ira, odio, rabia, impotencia, y solo un texto tan bien amueblado puede provocar tales sentimientos. Me descubro la cabeza con mi sombrero de copa como signo de admiración.
Gracias por traer este relato.
Un saludo
Jesús
“Pos” no sé, Mónica. Tengo un sueño recurrente donde me están asando como en una parrilla, después de que me atraparan al bajar de la escoba, jajaja. Ay, eso sí me da respeto, lo de las vidas anteriores, a saber…
En serio, yo creo hay algo que te las sopla, es como que brotan sin darte cuenta, serán las musas.
“O un trago, bah, obligadamente, por la impresión”.
Ah, no, amiga, siempre es bueno que hayan niños pequeños, che. Claro que lo de las sales está pasado de moda, sí, mejor te tomas un trago para pasar el susto ;).
Pues aquí espero (intrigada) tus impresiones, después de que te hayas repuesto. El anticipo ya me encantó si te pareció redondo y escalofriante, jeje. Gracias por todo, amiga.
Agarra agua bendita para el camino…
Un besote,
Margarita
Juan, ¡gracias! Qué bien que te haya gustado y te enganchara desde el primer momento.
Pues parece que había más de uno y de dos que tenía estos comportamientos totalitarios, déspotas (todavía lo vemos en los telediarios todos los días), pero imagino que en esa época, un señor que tenía tanto poder sobre la vida de otras personas, incluida la de su esposa, ya que las mujeres no eran nada sin un hombre y tenían que soportar toda clase de tropelías, debía ser bastante frecuente; aunque se viviese en silencio, entre otras cosas, porque se vería “normal”, era lo establecido y había que conformarse con lo que te tocaba. Esa chica que tú cuentas tuvo suerte de escaparse. Un día protestaran todos mis protagonistas, jeje, porque no se me dan mucho los finales felices.
Bueno, lo mío es como el Guadiana, que desaparezco y aparezco, a ver si me propongo ser más constante. Gracias por la lectura y me encantó que te gustase y tu comentario.
Un beso grande,
Margarita
Vaya comentario, Jesús. Me encantó. Aunque si te despertó esos sentimientos… por un lado me alegro, porque resulta que supe transmitírtelos, y por otro me entró un poquito de mala conciencia, pero solo un poquito, eh, jaja. Para mí es el mayor halago que podías haber dicho. Gracias.
Caray, es que has hecho un análisis de los personajes magistral, yo no lo hubiera hecho mejor. Es cierto, todavía existe, por desgracia, y con demasiada frecuencia, ese tipo de conductas. No sé porqué será… quiero pensar que es cuestión de educación y que con ella se podría llegar a erradicar esta y otras, como el maltrato a los animales, que tristemente están de relieve estos días en nuestro país. ¿Cuándo respetaremos la libertad y lo más elemental en los otros, el no agredirlos, y en los demás seres vivos? Bueno, me hizo pensar tu comentario, como ves; también me tocó la fibra.
La definición de lobo con piel de cordero es muy acertada, como dijo Camelia es un espejismo, una trampa para atraer a sus presas. Y el análisis de ella, me dejó perpleja, no lo había parado a pensar tanto como el de él… fíjate, me centré en intentar meterme en ella, ya que es la que narra, y no me percaté tanto de dibujarla, pero le has dado de pleno. Bueno, supongo que ella no se esperaba semejante desilusión y desenlace, es como si vives un sueño y despiertas en medio de una pesadilla; creo que se debió sentir así. Y, sí, la aparición de María fue como mandada del cielo, como si viera el rayo de esperanza, lo que le dio fuerzas para luchar, lástima que no pudiera ser, la historia me lo pedía, claro que yo tengo cierta tendencia, jeje, me da la impresión que tienen los personajes más fuerza, no sé, me lo pide…
Gracias a ti, por la lectura, y por este comentario que me ha llenado de satisfacción.
Un beso,
Margarita
Que buen relato Margarita, estremecedor y escalofriante, coincido con Turkesa. Un relato q hace despertar sentimientos, que no te suelta. Además muy bien escrito. Felicidades amiga, buen texto;) un abrazo
Hola Margarita:
Magnifica historia que me ha atrapado desde la primera línea, la cobardía del hombre hacia un ser tan vulnerable como es su esposa, historia cada vez más frecuente en la sociedad que vivimos.
Besos
Tessa
Querida Margarita, por fin pude venir con tiempo para leerte. Despacio, como a mí me gusta.
Bueno, bueno, me he quedado entusiasmada con tu relato.
Me ha impresionado por el contenido, pero sobre todo por la forma. El tema es estupendo: hombre rico homosexual que enamora a una chica con el fin de tener hijos. Pero, ¿por qué quiere tenerlos? Para que no se sepa que es homosexual, ¿verdad? ¡Muy bueno!
Estuviste muy acertada al elegir la carta para contar la historia, muy original.
Se lee fácilmente, gracias al ritmo que impones en el texto. Es fácil de imaginar y consigues que nos introduzcamos en los personajes.
El final, explosivo, como siempre.
Te felicito, Margarita. Todo un éxito, a mi parecer!
Te mando un fuerte abrazo. Y no dejes de escribirrrrrrrrrr.
Conchi
Mi queridísima Margarita, es excelente tu relato, sinceramente pensé que estabas transcribiendo un cuento de autor super famoso y reconocido, como si fuera de M.Benedetti, o de J.Cortázar, o tantos otros.
No porque no piense que sos capaz de escribir tan bien, sino porque la lírica que existe, a pesar de la crueldad del hombre que mansilla, y de la ternura que emana de la protagonista dan pie a considerar este cuento en una obra a tener muy en cuenta.
Ta felicito de corazón y aprovecho para darte las gracias porque siempre pasás por mi humilde blog y dejás comentarios muy cálidos y emotivos.
un enorme abrazo
mimita
Hola, Cris. Qué alegría verte por aquí. Ah, pues me da gusto que os haya parecido estremecedor y escalofriante, jeje, no es que sea mala, pero, bueno, me gusta que haya transmitido esos sentimientos. Gracias amiga, qué bueno es recibir comentarios tan alentadores. Una los lee y le dan ganas de ponerse a escribir enseguida :).
Un abrazo grandote,
Margarita
Hola, Tessa: Pues qué mejor halago que ese, que te haya atrapado. Qué bien, gracias. Es cierto, cada vez tenemos conocimiento de más casos, aunque yo creo que antes se daban igual, pero no nos enterábamos, se llevaba más en silencio. Es terrible en todo caso, pone los pelos de punta ver cómo puede ser el ser humano con sus semejantes, y, más con personas a las que dice amar. Increíble; muy difícil de entender. Gracias por la visita, me alegró mucho verte.
Un abrazo grande,
Margarita
Querida Conchi, te agradezco especialmente que hayas dedicado tu tiempo a leer mi relato. No siempre estamos de ánimo, pero hay que tener fuerza, amiga.
Sí, supongo que esos son sus motivos, quizá por presión social, entonces debía ser muy fuerte. Imagina, todo estaba establecido y no se podía salir de la norma.
Me alegro que me hagas esa observación, porque lo que tenía claro desde el principio era que el grueso de la historia recaería sobre una carta. Si no hubiera sido por el giro final, no hubiera introducido al narrador al principio y al final, pero no podía hacerlo de otra forma para contar lo que quería contar.
Pues me alegra mucho saber que te ha gustado y contar con este estupendo comentario. Es un gusto. A veces me tardo un poco en escribir el siguiente, pero ahí vamos siguiendo. Gracias por esta inyección de ánimo.
Un abrazo grandote,
Margarita
Querida Mimita, qué alegría verte navegando de nuevo. Ah, caray, ahora si que van a tener que ir a buscarme arriba, porque tu comentario me dejó en las nubes. ¡Gracias! No sé qué decirte…
Me alegra mucho leer lo de la lírica de la carta, porque estuve pensando en el tono en que estaría escrita, me preocupaba quedarme corta o pasarme y que sonara cursi, y porque era una mujer de otra época, aunque no habla totalmente como en ese tiempo, igual se vería muy afectada. No sé, me dejé llevar por mi instinto y la escribí del tirón, como lo hubiera hecho realmente, así que me alegra especialmente que te guste el ritmo y el tono.
Gracias a ti, por leer mis relatos que no son cortos, y por dejarme tus impresiones, porque con ellas me ayudas. Se aprende (y anima) mucho al saber lo que piensan los que nos han leído. Ah, y de humilde nada tu blog, está lleno de sensibilidad, amiga.
Un besazo,
Margarita
Hola Margarita,
Ahora entinedo lo de los escritorios.
Bueno ahora mismo no puedo leer tu escrito con la atencion que se merece, pero volverçe y lo leere con detalle.
Un abrazo y felicidades por tu creatividad
Una historia increiblemente narrada.
Gracias por visitar el oscuro desván de mi memoria.
Me quedo por aqui echando un vistazo Margarita.
Saludos
Un relato cada vez más ostensible en nuestros días. Muy bien estructurado y narrado. Gracias por compartirlo con todos.
Un placer leerte, amiga.
Besos,
Mián Ros
Hola, Johnny. Sí, verdad, jaja, siempre me encantaron, y los antiguos, más. No te preocupes, mis relatos son algo largos para leer en Internet, ya lo sé, pero no tengo remedio, soy una “verborrégica”, incorregible; pero si lo lees me encantará contar con tu opinión. Siempre nos ayuda. Gracias por tu visita y palabras.
Un abrazo grande,
Margarita
Hola, Eurice. Me alegro que te guste la forma de narrarlo, se me metió, desde el principio, en la cabeza que fuera en una carta, contado por la protagonista, pero temía quedarme corta o pasarme… Gracias a ti por la visita y leer esta entrada. El oscuro desván es para visitarlo, no te deja indiferente :), así que enlacé tu blog.
Un abrazo,
Margarita
Pues sí, Mián, eso parece. Yo creo que no es que haya ido en aumento este tipo de abusos, sino que ahora nos enteramos más, por los medios de comunicación de los que disfrutamos, y, también, porque cada vez son más las víctimas que se atreven a levantar su voz. El placer es recibir tu visita, y contar con tu comentario; los comentarios son un aliciente para continuar aprendiendo a escribir y eso se agradece.
Un beso,
Margarita
Hola, Margot: acá estoy de vuelta, con esta carta que bien merece concursar, hay muchos concursos de cartas de amor o de relatos de terror, creo que ingresas en ambas categorías,amiga. No la dejes en el anonimato. ¡Está verdaderamente buena!
"Tomó de nuevo aquella carta que había dejado sobre el escritorio hacía media hora, tras ojearla con avidez. A continuación se sentó en el sillón para releerla sin premura, eran unas pocas cuartillas, pero siempre había admirado la escritura de Camelia"
(Hum... no sé cómo comentar este párrafo sin avivar giles; es decir, sin anticipar el desenlace a los lectores desprevenidos. Pero claro que quien lee primero los comentarios que el cuento, merecido tiene el chasquido. Allá voy pues, sin cargos de conciencia).
¡Vaya! Primero la hojea con "avidez" y luego se dispone a leerla "sin premura": si a ello añadimos que "siempre había admirado la escritura de Camelia", se puede concluir tranquilamente en que el lector de la carta -a la luz de lo que hará luego, como consecuencia de tal lectura- es todo un perverso. Se sienta a saborear una escritura que admira, pero no saborea el texto en base de tal admiración, sino que saborea el anticipo de lo que sobrevendrá, de la crueldad que desencadenará sobre la desgraciada escribiente, de su propia mano. Sobre esa cuya escritura admira; aunque luego vemos que además admira ¡su cuerpo!, su arrojo, sus agallas. En pocas palabras, el protagonista debe, está obligado, a acabar con aquello que admira y que él ha sabido convocar y sumar a su vida. Una persona normal (por cierto, oye, jeje, ¿qué es una persona "normal"?) suele disfrutar de un ser al que admira y cuyo amor en principio le es retribuido.
El caso raro, es que el hombre se complace en la lectura de una carta cargada de sentimientos, de miedo, de confesiones que bien pudieron haberle hecho cambiar de planes,sensibilizarlo, pues ella lo ha amado, lo dice allí, pero no. ¿Por qué no? Pues claro, se me dirá: "Obvio, porque es un sicópata, un loco, un perverso, un impotente, y esto y lo otro". Claro, es así, tal cual, en superficie y en honduras.
Pero eso el tipo YA LO SABE. Dispone de una inteligencia empática, demasiada, que le viene de maravillas para planificar lo que vendrá. Yo creo que no es en este caso un hecho solo el disparador de su locura asesina, de los que se me han ocurrido, sino un conjunto de desviaciones que no pudieron tener lugar sin la colaboración -involuntaria- de su víctima.
También se advierte en el hombre una actitud de desvalorización de sí mismo -que lo ha empujado a obtener cosas, bienes, educación... Y, con esa carta de presentación, seduce pues -hete aquí el nudo gordiano para mí- uno se pregunta:¿cómo engaña? Fácil (visto desde afuera) con las primeras impresiones: respeto, ternura, empatía, inspira lástima y a la vez seduce, seduce, seduce con todas y cada una de las actitudes y palabras que escoge deliberadamente. Una vez obtenida la presa, se sueltan los monstruos internos y mientras ella reacciona, todo se ha consumado. Creo que has descripto perfectamente el comportamiento de un sicópata. Muchas mujeres debieran leer este cuento, en apariencia un thriller de terror. Fíjate que me detengo tanto en este primer párrafo, porque lo encuentro la clave de todo el resto: devela la personalidad del protagonista. ¡Claro que uno lo advierte al final! Y ese el el gran logro literario de la autora! Que convence al lector de una docilidad mientras lee, no exenta de sospechas, pero tú, le propones docilidad; que crea en lo que lee, que no desvaríe; al tiempo, arrojas como distraídamente señales acá y acullá, donde uno empieza a descreer y a sospechar Algo. No se sabe qué. Creo que se llama equilibrio sico-literario un texto así armado, pero no estoy segura de no mandar fruta, jeje.
ES que hábilmente, la autora juega con las primeras impresiones. De tremendo peso en la siquis, en las puertas internas que abrimos o cerramos a las personas. (sigue...)
(Continúa...) Tu protagonista se apoya en ellas, sin duda, por otra parte, para sustentar todo lo que sigue: "Las primeras impresiones positivas que causan los psicópatas tienden a perdurar demasiado, porque fiarse de la primera opinión que se forma de alguien es algo inherente a la naturaleza humana. Filtramos la información, aceptando lo que respalda nuestras primeras impresiones y desechando lo que no encaja en ellas. En caso de que nos surjan dudas, el psicópata siempre ofrecerá una explicación convincente o una excusa plausible que las despeja. Con el paso del tiempo llegamos a creer que conocemos de verdad a esta persona y nos fiamos de él o ella." TAL CUAL. Basta con leer la carta de Camelia a Isabel para encontrar este cóctel. Completo, completo.
"Siempre había admirado la resistencia de aquella joven, su cuerpo, sus agallas… Ramón Reinoso acercó la vela a las cuartillas y el papel prendió sin quedar rastro. Lamentó no poder conservar esa epístola junto a las otras, para leerla y releerla como hacía con las demás."
Fetichista, además el fulano. Vaya, las tiene todas. Te das cuenta, la incapacidad de tener remordimientos por haber hecho algo malo, pues no está dispuesto a responsabilizarse por sus propias acciones.
Moraleja: si uno se encuentra a tiro, puede que se encuentre convertido en un conveniente cabeza de turco de un encantador individuo que, lograda la admiración de su futura víctima, será una máquina de picar carne.
"...desató el cordón de la cortina del cuello de Camelia, para poder hacerse con su camafeo. Calibró el peso en la palma de su mano, comprobando si era demasiado pesado para meterlo en un sobre, y, acto seguido se sentó de nuevo frente al escritorio y tomó papel y pluma:
La Habana, 10 de octubre de 1868
Mi distinguida señora:
Isabel, permítame la cercanía pese a que no hemos tenido trato hasta este momento. Me hallo desolado. Tengo el lamentable deber de informarle de una terrible desgracia que ha acontecido y que me ha sumido en el mayor de los desamparos… "
¡Uff! ¡Qué final! No lo esperaba, no, n por las tapas, esta vuelta de tuerca. Está escalofriantemente GENIAL.
Y de paso, redondeaste la personalidad, ya sin duda con muchos componentes sicópata de Ramón, que carece de conciencia activa: "las palabras, los actos y los sentimientos no están interconectados... El insomnio como producto de haber hecho algo malo es síntoma de una conciencia activa, de la que carece el psicópata."
Bueno, el cuento está magistralmente llevado de tal forma que esta lectora por lo menos, ha seguido la lectura con alguna sospecha de algo raro, pero no de qué, ni cómo ni cuando. El perfil de Ramón, y esas mujeres, que con su soledad emocional, son el pan de cada día de estos personajes siniestros, están descriptos con maestría y sin extensiones inútiles, lo cual garantiza la dinámica necesaria para el suspenso, más que logrado. Total. Te felicito. Es un cuento cuyos recursos, giros, dulzura incluso, son de un equilibrio irreprochable.
Un abrazo grande.
PD: Los encomillados sobre los sicópatas son mérito de Paul BABIAK: www.hrbackoffice.com
Genero epistolar para contar una buena historia, antigua, bastante "normal" en la España negra y colonial. Así ha sido el hombre, dueño de sus instintos. Está muy bien el bucle que creas en la necesidad insaciable de un monstruo. Esta muy bien el efecto de la carta, que como todas las cartas cuentan las cosas de la vida, y que nos las está leyendo el monstruo y que toda aparente esperanza, que nos parece que pueda haber en lo que se cuenta es ya imposible. Está muy bien, me gusta, un poco largo pero me gusta.
Besos
margarita,quiero agradecer tus palabras en mi labeinto y ,siento que mi historia personal te haya recordado la tuya.parto hacia una guerra cruenta,pero volveré porque no sé estar mucho tiempo fuera de mi laberinto.
Me encanta lo que has escrito...es una maravilla.
No te preocupes que te tengo enlazada y a mi regreso...nos seguiremos.
Besos.
Morgana
PD:Casualmente,somos Libra y serpiente..
Hola, Margarita.
Aunque no te he dejado mi huella, en alguna ocoasión te he leído tus relatos todos intrigantes. Esta carta es uno de ellos, lástima que Ramón tuviera tan mal corazón cosa normal en aquella época cuando todo hombre era maldad El relato merece una puntuación máxima...
Saludos.
Muy bien escrito y dejando en suspense el final, Margarita.
Te felicito.
Un abrazo.
Juan Antonio
Querida Margarita.
Hacía tiempo no leía un cuento tan bueno. Es además de original, absolutamente precioso. No es necesario escribir el final para suponer que el tal Ramón volverá a cometer un asesinato, y justamente eso hace el relato escalofriante. Al leerlo uno se pregunta: ¿por qué? ¿Qué motiva a un ser humano a comportarse de esa manera? Obviamente no se encuentra la respuesta hasta llegar a las últimas líneas: Ramón es un enfermo, un asesino en serie que tras una máscara de docilidad, amabilidad, afecto y caballerosidad, contacta a sus víctimas a partir de ellas mismas.
Después de llegar al final, fui al comienzo. En las primeras líneas está la respuesta, tan clara como el día, pero que por supuesto, no puede verse sin antes haber leído la carta de Isabel y llegado al término, que no es sino la continuación del principio.
Lamento la tardanza en aparecer por aquí, amiga, pero valió la pena la espera, creo que eres de las raras personas que llevan la escritura en la sangre.
Un beso,
Blanca
interesante historia
pobres mujeres
sucumbir en manos de tan cruel villano.
hasta pronto mario
Hola, Mónica, uff, disculpa por la tardanza en responderte (que hago extensiva a los demás amigos), esto se está convirtiendo en una mala costumbre; sonrojada quedo :). ¿Te parece? Pues lo voy a pensar, a partir de septiembre tomaré las cosas de otro modo y quizá concurse en algún lado; siempre y cuando no te presentes tú que te lo llevas todooo. Gracias, amiga, por esas palabras. La verdad es que disfruté mucho escribiéndola, intentando meterme en el alma de Camelia. Me ha gustado el estilo epistolar, quien sabe si me aficione.
Es cierto, no se deben leer los comentarios antes que el texto, porque te puede desvelar cosas que luego no te llegan igual cuando las lees. Pero quién esté libre de pecado que tire la primera piedra, aunque siempre me he arrepentido después, igual que cuando la intriga me gana y me voy a ojear el final, uff, ahora logré vencer la tentación y no lo hago jamás, jajaja. Ese primer párrafo me dio algunos quebraderos de cabeza, bien sabes. Quería explicar lo mínimo tratando de que enganchase, pero que al acabar toda la carta, si se volviese a leer ese primer párrafo el lector encontrara alguna pista escondida en él y viera la realidad de esa primera escena.
“se puede concluir tranquilamente en que el lector de la carta -a la luz de lo que hará luego, como consecuencia de tal lectura- es todo un perverso. Se sienta a saborear una escritura que admira, pero no saborea el texto en base de tal admiración, sino que saborea el anticipo de lo que sobrevendrá, de la crueldad que desencadenará sobre la desgraciada escribiente, de su propia mano”.
Guaauuuu, gracias por la maravillosa interpretación de este Ramón Reinoso. Lo has dibujado, sí, admira pero destruye, se regodea en la carta después del hecho, ergo, no es muy normal, no, es un psicópata. ¿Normal? Claro qué es normal, mmm, buena pregunta, pero cuando las fobias, manías, los trastornos de la personalidad, etc, impiden tu quehacer diario o, como en este caso, existe un impulso de dañarse o dañar a otros, creo que se sobrepasa la barrera de la normalidad.
“El caso raro, es que el hombre se complace en la lectura de una carta cargada de sentimientos, de miedo, de confesiones que bien pudieron haberle hecho cambiar de planes, sensibilizarlo, pues ella lo ha amado, lo dice allí, pero no”. “Dispone de una inteligencia empática, demasiada, que le viene de maravillas para planificar lo que vendrá”.
Justo. Gracias, gracias, gracias. No sabes cuánto te agradezco este comentario-análisis magistral. Bien dices “inteligencia empática” y no sentimientos, pues carece de ellos, solo finge tenerlos.
“¿cómo engaña? Fácil (visto desde afuera) con las primeras impresiones: respeto, ternura, empatía, inspira lástima y a la vez seduce, seduce, seduce con todas y cada una de las actitudes y palabras que escoge deliberadamente”.
Madre mía, me encanta… Perfecta descripción, yo no podría haberla hecho mejor. Así da gusto, amigota.
“Que convence al lector de una docilidad mientras lee, no exenta de sospechas, pero tú, le propones docilidad; que crea en lo que lee, que no desvaríe; al tiempo, arrojas como distraídamente señales acá y acullá, donde uno empieza a descreer y a sospechar Algo. No se sabe qué”.
Me gusta armar este tipo de argumentos, ir a ese ritmo, siempre que se trata de algo terrorífico, engañar algo, y dosificar las pistas, sutiles, justo para mosquear pero no como para desvelar nada, hasta que se lea una segunda vez. Así que más que satisfecha con tus observaciones. Estoy en una nube, gracias mil. Este comentario es toda una inyección de moral para seguir aprendiendo a escribir, que no es poca cosa. (Continuo en el siguiente)
Hola, de nuevo, Mónica :).
"Las primeras impresiones positivas que causan los psicópatas tienden a perdurar demasiado, porque fiarse de la primera opinión que se forma de alguien es algo inherente a la naturaleza humana”.
Creo que una vez que la protagonista se ha enamorado del psicópata queda totalmente enganchada de lo que le ha hecho ver, que no es la realidad, obvio, pero no puede evitar estar atrapada en un espejismo. Ella tiene un comportamiento “normal” y se necesita tiempo para procesar lo que le ha sucedido y para intentar separar los sentimientos. No se mudan los sentimientos de la noche a la mañana.
“En caso de que nos surjan dudas, el psicópata siempre ofrecerá una explicación convincente o una excusa plausible que las despeja. Con el paso del tiempo llegamos a creer que conocemos de verdad a esta persona y nos fiamos de él o ella." TAL CUAL. Basta con leer la carta de Camelia a Isabel para encontrar este cóctel. Completo, completo”.
Muy interesantes esas anotaciones de Paul Babiak, tengo que agradecerte esta información. Sorprendida me quedo. La mente humana es un gran misterio y a mí me fascinan los misterios.
“Fetichista, además el fulano. Vaya, las tiene todas. Te das cuenta, la incapacidad de tener remordimientos por haber hecho algo malo, pues no está dispuesto a responsabilizarse por sus propias acciones”.
Creo que así mismo es, cero remordimientos y cero reconocimientos de sus actos erróneos. Creo que son ególatras en estado sumo y eso intenté reflejar. Creo que habría que desconfiar por ende, jeje, de toda aquella persona que parezca “perfecta”, quizá esté ahí la clave, o que adviertas que se justifica en lo injustificable, etc. Parece ser que es un cazador capaz de mimetizarse con el resto, estudiar a su “víctima” y calzarse el disfraz que le quede como un guante.
“¡Uff! ¡Qué final! No lo esperaba, no, n por las tapas, esta vuelta de tuerca”.
Jajaja, me encanta esa expresión “ni por las tapas”. Eso intenté que no se sospechase ese final; satisfecha. Muchas gracias.
“el cuento está magistralmente llevado de tal forma que esta lectora por lo menos, ha seguido la lectura con alguna sospecha de algo raro, pero no de qué, ni cómo ni cuando”.
Qué bueno, en este caso, al menos, estoy muy contenta, porque eso intentaba al escribirlo. Te agradezco mucho estas palabras y todo este magnifico comentario que queda grabado en mi mente y corazón. No tengo palabras para agradecerte. Un gusto ver las impresiones que han causado en quien lo lee, porque con ello te ayudan a mejorar. Gracias mil, amiga, por regalarme este comentario tan generosamente.
Un besazo,
Margarita
Hola Antonio. Sí, eso mismo pensé, que habrían miles de historia parecidas, más en aquellos años donde los hombres poderosos gozaban de más impunidad que hoy día y no pude evitar cierto escalofrío.
“como todas las cartas cuentan las cosas de la vida, y que nos las está leyendo el monstruo”.
Me gusta que lo destaques, creo que es lo más terrible de toda la historia, saber al final que ya Camelia no existe, que sabemos de ella por sus palabras y a través de los ojos de su verdugo.
Es cierto, suelo extenderme para explicar las cosas, cuando me pongo a escribir me emociono, jaja. He notado que necesito cierta distancia al escribir y es mi ritmo. Más de una vez he querido corregirlo, pero… así que te agradezco la lectura y a todos los que se detienen a leer, tal como vamos siempre de tiempo. Gracias.
Un beso,
Margarita
Hola Morgana, bienvenida a mi casa. No pasa nada, no te preocupes. Es la vida y debemos intentar de asumir y aceptar las cosas como nos vienen; aunque nos lleva su tiempo. Quién sabe porqué pasan las cosas. Te seguiré visitando allí en tu refugio.
Gracias, me alegra mucho que te haya gustado, y te agradezco la lectura. Yo también he enlazado tu blog. Nos vemos.
Ah, es cierto, qué casualidad. Tengo una amiga que dice que las libra estamos un poco locas, pero, ná, no le hagamos caso.
Un beso grande,
Margarita
Hola Piedad, una alegría verte en mi casa. Gracias, amiga. Es cierto, la inspiración me lleva casi siempre por ese camino, aunque a veces también escribo historias más tiernas, ligeras, pero siempre regreso a ese tema. Pues sí, había muchos abusos en aquella época con respecto a la mujer, que no era nada sin un padre, esposo, tío, hermano, hijo; “necesitaba” ser tutelada, y así les lucía el pelo. La gran tristeza es que en muchos lugares del mundo siga existiendo en pleno siglo XXI estas mismas cosas; quedan muchas mujeres en el más absoluto desamparo. Gracias por esa puntuación. Me da mucho gusto contar con tu opinión.
Un beso fuerte,
Margarita
Hola, Juan. Me alegro que te gustase ese suspense. Y te agradezco la lectura y que dejes tu parecer. Gracias.
Un beso,
Margarita
Blanca, qué alegría verte. Vaya, no sé qué decirte, amiga. Me has dejado parada con ese comentario. Gracias por ese halago, cuando me cunda el desánimo me lo leeré, jajaja. En serio te digo. Que tú digas eso… :).
Es tal como dices, Ramón solo es una farsa concienzudamente calculada por él mismo. Encadena víctimas, a partir de ellas, como bien dices. Las estudia y se metamorfosea dándoles a cada una lo que espera, admira, necesita…
“Ramón es un enfermo, un asesino en serie que tras una máscara de docilidad, amabilidad, afecto y caballerosidad, contacta a sus víctimas a partir de ellas mismas”.
Mil gracias por ello, bendita paciencia, pero está escrito con esa intención :) y me llena de satisfacción que una autora como tú me dedique este comentario.
“Después de llegar al final, fui al comienzo”.“En las primeras líneas está la respuesta, tan clara como el día, pero que por supuesto, no puede verse sin antes haber leído la carta de Isabel y llegado al término, que no es sino la continuación del principio”.
No te preocupes, ya sé que andas liada, mírame a mí, últimamente también ando medio dispersa, lo cual quiero remediar en cuanto regrese de mis vacaciones. No tengo palabras con las que agradecerte la última línea de este generoso comentario, pero que sepas que me has ruborizado “no puede ser que me diga Blanca esto…” Gracias, querida amiga.
Un beso,
Margarita
Hola Mario, una alegría verte por aquí. Me alegro que te lo haya parecido. Pues la vida puede resultar terrible para algunas personas, si te encuentras con monstruos así y peores. Ojalá algún día las cosas cambien. Gracias por la lectura y el comentario.
Un abrazo grande,
Margarita
Te felicito Margarita,cuanta intriga.
Las pinturas del bloc son preciosas. Son tuyas?
Un abrazo!!
Gloria
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