jueves 5 de agosto de 2010

El chico de los zapatos bonitos



No era lógico, era Amor

Miró de soslayo el reloj de la pared. Rocío temía que sus compañeras de trabajo advirtieran su expectación. Ellas solían gastarles bromas; no la entendían. 

No concebían que, desde hacía unas semanas, Rocío llegase a su puesto de trabajo varios minutos antes de que lo hiciera ninguna de sus compañeras, para apropiarse de la tabla que estaba ubicada junto a la ventana. Darse tanta prisa para meterse en aquel sótano de ambiente sofocante donde planchaban y repasaban la ropa del récien estrenado Hotel Alfonso XIII, de Sevilla, era algo llamativo. Todo para poder observar de cerca un par de zapatos bien lustrados. No era lógico.

Rocío escuchó la habitual algarabía de jóvenes y, puntual a su cita diaria, aparecieron aquellos zapatos de piel, brillantes, entre las sucias botas militares. Se colocó de puntillas junto a la ventana, aferrando sus manos a los barrotes, fijando la mirada hacia el cielo, intentando descubrir el rostro del dueño de aquel calzado, pero, igual que todos los días, solo logró ver un par de largas perneras de áspera tela de color caqui; la misma que la de sus acompañantes. A buen seguro, sería uno de los mozos que estaban prestando el servicio militar en el cuartel, emplazado a tres manzanas.

«¡Callaros!», protestó Rocío, ante las risas y burlas de sus amigas. Era imposible tratar de, al menos, distinguir su voz de entre la de los otros chicos. Muchas noches había fantaseado en secreto con cómo sería aquella voz, cuál el color de su pelo y el de sus ojos. Eran piezas ignotas en aquel mosaico del que poseía algunas evidencias con las que iba componiendo al Chico de los zapatos bonitos, mote con el que sus compañeras lo habían rebautizado. Se sentía poseedora de teselas certeras: como la elegancia, pues eran unos zapatos de gusto refinado; la rebeldía, pues incumplía la normativa de vestir con el calzado militar reglamentario; la pulcritud, pues jamás le vio la mínima mácula, brillaban como un espejo; la seguridad, pues pisaba con aplomo por donde pasaba. Características que despertaban su admiración. 

Cómo explicarles a sus compañeras que, por alguna extraña razón, percibía aquellos zapatos tan familiares como las alpargatas que utilizaba su padre, Tomás, El Piconero, antes de que se mudasen a la ciudad, tras la expiración de su madre. Cómo revelarles las extrañas intuiciones que tenían las mujeres de su familia; aunque ninguna de ellas había alcanzado a mover objetos, ni hablar con difuntos, como lograba hacer su pequeña hermana, María. Cómo explicarles  que en más de una ocasión estas percepciones le habían salvado la vida y por eso creía en ellas, ciegamente. Ese mismo augurio era el que guiaba sus pasos ahora. La tomarían por desequilibrada. La vida le había enseñado que existían asuntos que era mejor callar. 

Y calló la tristeza que sintió el primer día que no vio aparecer esos zapatos, y la de los siguientes, a los que se fueron sumando las semanas y los meses, hasta que se convenció de que aquel chicho, con total seguridad, habría acabado su servicio militar y regresado a su casa.

  
 Aquella mañana Rocío despertó entusiasmada. Por primera vez, su padre dejaba de lado su provincianismo y le permitía asistir con sus amigas a una de las muchas verbenas que se celebraban en la plaza Mayor, en las noches de verano. Quizá fuera porque hacía pocos días había cumplido quince años; o bien para recompensar lo mucho que ella trabajaba, porque también hacía las tareas de la casa y cuidaba de su hermana de siete años; o pudiera gozar de unas horas de evasión y olvidase el sobresalto sufrido el día anterior, cuando María se soltó de su mano, corrió hacia la vía del tren y allí se detuvo, como hipnotizada. Por fortuna, incomprensiblemente, como si una mano invisible hubiera propiciado el milagro, el ferrocarril se averió y paró pocos metros antes de alcanzar a la pequeña. 

Esa tarde, con la ayuda de sus amigas, se inició en un ritual desconocido para ella. Le sombrearon los párpados con un fino carboncillo quemado, convirtieron su boca en un fresón con una exclusiva barra de labios, importada de América, que compartían todas y le dieron un par de pellizcos en las mejillas; era el colorete más asequible. Se vistió con las galas de domingo de su madre y le soltaron las trenzas, dejando sus negros rizos sueltos. Frente al espejo, no se reconocía; parecía una de esas muchachas que salían en las revistas de modas. María llegó a ella corriendo y le prendió en el cabello un clavel rojo, con una horquilla. «Te traerá suerte.», le dijo a su hermana. 

La brisa suave le transportaba la música de la orquesta, los farolillos de colores la introducían en una atmósfera cálida, el bullicio de la gente, unos, sentados frente a una mesa, cenaba o tomaban copas; otros, bailaban, era una visión que la colmó de gozo; sensaciones que la embriagaban del mismo modo que lo hizo el día que montó en un carrusel. De pronto, se halló en el centro de la plaza, bailando junto a sus amigas, riendo como no recordaba que sabía hacerlo, cuando escuchó a sus espaldas una voz grave que le pedía que bailara con él. José se llamaba aquel muchacho alto, moreno, de ojos grises y expresión dulce. Tembló al ser tomada por la cintura, cuando la acercó hasta él; al instante, se deleitó al percibir su aroma, a naranjos y vainilla. Todo daba vueltas a sus alrededor, o era ella que giraba tratando de seguir los pasos de aquel chico que llevaba, oh coincidencia, un clavel rojo en la solapa. Curiosa casualidad. Sonrió y, por un momento, pensó que todo lo había organizado una pequeña maga, con silenciosos y secretos sortilegios; miró las estrellas; era una noche para creer en la magia. 

Hablaban mientras bailaban sin parar. Él era de Granada y, en realidad, no debería de estar allí, pero una providencial avería en el ferrocarril le había obligado hacer escala en el lugar donde prestó el servicio militar. Rocío se paró en seco, pero no así los farolillos de colores, empecinados en seguir girando alrededor de ella. José no pudo evitar pisarla y ella bajó la mirada para comprobar que sobre su pie descansaba aquel zapato conocido. Y tuvo la certeza que ya no lo volvería a perder de vista. Pero calló. La vida le había enseñado que existían asuntos que era mejor callar.  

50 comentarios:

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


TE SIGO TU BLOG




CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...


AFECTUOSAMENTE
MARGARITA

ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE CACHORRO, FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER Y CHOCOLATE.

José
Ramón...

JUAN dijo...

¡Aynssssssss, cómo sale a flor de piel tu romanticismo!
Una historia muy tierna y bonita que nos sitúa en aquellos maravillosos años sesenta, cuando aún las chicas quinceañeras debían tener el permiso de los padres para ir al baile.
La verdad es que también soy algo romántico y por eso me ha gustado mucho tu cuento, aunque habiendo disfrutado otras veces de tu excelente escritura, éste lo noto escrito con demasiadas prisas.
Espero disfrutes de tus días de vacaciones y nos traigas muchas novedades.
Un beso fuerte para ti y saludos a tu familia.

Jesús García dijo...

Intuición, magia y romanticismo, una combinación explosiva para hacer que una quinceañera sueñe con su principe azul. El destino y un tren.

Bajo mi modesto entender, has logrado un relato romántico con unos zapatos como enlace de un encuentro. Enamorarse del dueño de unos zapatos a través de su imaginación, es bello, pero lo es más el final de hadas.

Me ha encantado, además de gustarme.

Un saludo
Jesús

Margarita dijo...

Bienvenido José Ramón. Te agradezco el bonito poema, que te agrade mi blog y que lo sigas. Pero también me hubiera gustado contar con tu opinión sobre mi cuento. Gracias por la visita y el comentario.

Un saludo,

Margarita

Margarita dijo...

Juan es la primavera con retraso, jajaja. Bueno, sí, mis últimas historias no han sido tan tiernas, y no acostumbran a acabar bien, pero estamos en verano y no quería colgar algo tan denso con todo este calor. No es exactamente los años sesenta, sino finales de los veinte, pero las costumbres no habían cambiado tanto, de hecho no cambiaron tanto hasta la entrada de la democracia.

Sí, lo sé, y me alegro mucho de que te haya gustado tanto la historia. No las tenía todas conmigo, te digo. No sé si es por lo que te he comentado, que últimamente eran más densas y no estaba segura de pasarme de romántica, así que gracias por darme tu opinión, así es como vamos sacando conclusiones y aprendiendo.

Yo casi siempre escribo con prisas, jajaja, no tengo remedio. Quizá lo que ha ocurrido esta vez es que por ser verano no quería colgar una historia muy larga, y traté de comprimirla, de hecho es la mitad que la media de mis relatos, dos páginas, quizá lo que notes es un cambio de ritmo. De todos modos cuando pasa un tiempo es cuando se pueden pulir mejor, desde la distancia; recién salido del horno me resulta más complicado.

Pues me quedan pocos días para irme de vacaciones, no veo la hora. Novedades fotográficas seguro, y espero que esa mágica tierra también me inspire algún relato. Creo que sí.

Un beso,

Margarita

Margarita dijo...

Qué bonito comentario, Jesús. ¡Gracias! La verdad es que imaginación no es lo que les falta a las quinceañeras, sí. Además, la vida de Rocío era muy dura, así que cualquier cosa, especialmente las bellas, incluso unos zapatos bonitos, podía suponer una evasión; soñar es evadirse. Lo bueno es que en esta ocasión sus sueños se hicieron realidad. ¿El final te pareció de hadas? Ah, qué bueno, quise darle a esa parte más magia, pero no sabía si me pasaba o me quedaba corta o se me había olvidado escribir de esa forma, por lo que le digo a Juan, que mis relatos últimamente no tenían un corte mágico, precisamente, al menos de la magia blanca.

Me alegro mucho de que te haya gustado. A mí tu comentario me ha llenado de alegría. Gracias, amigo.

Un abrazo grande,

Margarita

Eurice dijo...

Despues de leer en tu perfíl que amas la Literatura, ahora encuentro la explicación, eres una escritora fabulosa, la forma, como expresas los conceptos, venir a tu dársena es como ir a una biblioteca para deleitarte leyendo un buen libro, ha sido un exito que aparecieras por mi desván, ahora en las noches de duermevela ya sé donde apear mis ojos.
Un saludo

Margarita dijo...

Hola, Eurice. Ah, muchas gracias por esas palabras tan amables. No sé qué decir, qué se puede decir después de leer un comentario tan halagador. Eso sí, mi ánimo te lo agradece, y mis ganas de continuar en esto, también. Tu “polvoriento desván de la memoria” es una pasada, por eso hace un tiempo que lo enlacé para no perderte la pista. Regresa cuando quieras, serás muy bienvenida.

Un abrazo,

Margarita

P.S Ya habías estado por aquí, pero como actualizo el blog de higos a peras...:).

Conchi dijo...

Querida Margarita, tu relato me ha encantado. No por ser más corto que los demás es menos denso ni menos literario.
Dices que lo escribiste de prisa, bueno ¿y qué? La persona que sabe pintar lo hace de prisa y despacio, la que sabe escribir también puede hacerlo igualmente. Podrías repasarlo, corregirlo, quitar y poner, pero ya no sería el mismo, ya no tendría esa frescura que me pareció que tiene.
Haces unas descripciones exactas, al detalle. Utlizas frases con gran cantidad de adjetivos lo que se convierten en poesía.
Y luego está el tema, este que tanto nos atrae, el de la magia, el de los amores... y menos mal que esta vez terminó la cosa bien!, jaja. Esos bailes de antes en las plazas, esos trenes, todo hizo que me trasladase en el tiempo, a Sevilla o a Córdoba...

Amiga, te felicito. Sigue escribiendo, corto o largo, da lo mismo, porque lo haces muy bien y a mí me encanta leerte.
Un abrazo grande
Conchi

Turkesa dijo...

¡Precioso cuento, Margot! Y más preciosos los recuerdos que acunan su lectura, al calor del verano en la verbena, cuando estalla la juventud y la mirada es atrapada por las estrellas.
Más que cuento es un mensajero hacia lo bueno, hacia el tiempo en que los sueños aguardaban a la vuelta de la esquina y todo parecía posible.

Me ha sacudido la memoria dormida de las flores y la infancia que se alejaba mientras una aprestaba los primeros pasos en el baile de la Vida.
Un cuento perfecto, de los de antes, de hadas, de amor y magia, de secretos y predestinación, impecablemente presentado en la carroza de su medida. O mejor dicho, en los zapatos a medida, jaja. Ay me regresé por un rato a una época maravillosa. Gracias, amiga. Las imágenes son vívidas y la historia, con esas vueltas de tuerca que solo vos sabés darle, es un llsmado a la puerta de los milagros.

¡Me ha encantado!

Un abrazo grande.

MORGANA dijo...

Margarita,muy hermoso,aunque sigo de vacaciones a mi regreso te leeré más a fondo.
Cuídate .

Tessa dijo...

Hola Margarita!
Un tierno y magnifico relato, que nos enseña que en la vida tambien puede haber finales felices.
Me encantaría escribir como tú, amiga.

Besos,
Tessa

Sabela dijo...

Es bonito leerte, me gustó mucho.
Abrazos.

B. Miosi dijo...

Un cuento con la mezcla justa de realidad y fantasía, Margarita. Como debe ser. El chico de los zapatos bonitos, un título llamativo, que crea una interrogante y no defrauda. Me ha gustado mucho,

Fue un placer leerlo, como todo lo que escribes,
Besos!
Blanca

Ángel dijo...

Joder que historia tan bonita!!!!!, me ha atrapado desde las primeras líneas, y luego dicen que no hay buenos finales felices.
Si admiro algo en lo que leo, esa es la capacidad de conmover, este cuento la tiene
Un abrazo

Asun dijo...

Hola Margarita, vengo a agradecerte tu visita a mi blog y a darte la bienvenida.

Respecto al cuento: las casualidades no existen. Todo sucede por alguna razón y con alguna finalidad, aunque de entrada estas queden fuera de nuestro alcance.

Un abrazo

MiánRos dijo...

Oye, Margarita, creo que deberías desperezarte más a menudo de la morriña de escribir y brindarnos relatos con éste, ya sabes a qué me refiero, je je. Me gustó. Es realmente conmovedor a la vez que muy bien narrado.
¿Cómo es posible que con tu talento no te hayas involucrado en una novela?

Un abrazo.
Mián Ros

Lola Mariné dijo...

Un bonito relato. Amor y magia con sabor de verbena.
No necesitas que nadie te diga donde poner las comas.
Saludos.

Margarita dijo...

Querida Conchi, me alegro mucho de que te haya gustado. Gracias por tus palabras que me reconfortan. Bueno, supongo que así es, cada uno tiene un ritmo distinto. Tienes, razón. Además, más adelante se pule mejor, desde la distancia, aunque no soy mucho de pulir, casi siempre prefiero crear nuevas historias. El caso es disfrutar con lo que se hace.

Suelo visualizar lo que escribo, no todo, ni siempre, pero sí cuando voy a hacer una descripción, lo veo casi como en una película. Pues no suelo utilizar muchos adjetivos, pero el tema me lo pedía. Dejo que las musas me guíen. La magia y el amor… me encanta tocar estos temas, y, sí, esta vez acaba bien, que ya sabes que no es muy frecuente en mis cuentos, que casi siempre tiran al desastre.

Gracias, amiga, por este comentario que me ha encantado. Una inyección de ánimo total. A ver si este “curso” me aplico más.

Un beso,

Margarita

Margarita dijo...

Turke, muchas gracias. Ya veo que el cuento te ha hecho viajar en la memoria; parece que tiene ese extraño efecto, porque sois varios los que comentasteis lo mismo. Es gratificante por eso los comentarios, porque los lectores ven cosas que uno al estar dentro no se da cuenta. Supongo que he tocado una etapa de la que la mayoría de las personas guardamos unos gratos recuerdos.

Lo tuyo es pura poesía, hija, qué envidia, de la sana, muy sana, conste, jeje.

“Más que cuento es un mensajero hacia lo bueno, hacia el tiempo en que los sueños aguardaban a la vuelta de la esquina y todo parecía posible”. “Me ha sacudido la memoria dormida de las flores y la infancia que se alejaba mientras una aprestaba los primeros pasos en el baile de la Vida”.

Bueno, ya sabes que son temas que me fascinan y me despiertan curiosidad, todo lo que no tiene explicación “hadas, de amor y magia, de secretos y predestinación”, a lo mejor dirás ¿El amor? Pues sí, habrá cosa más inexplicable y misteriosa que el amor…jajjaa, en serio, che. ¿Quién entiende el amor y a los enamorados? Yo creo que es un tema inagotable.

Ves, hasta para decir que soy una enredadora lo dices tan bonito… jajaja. Gracias.

“con esas vueltas de tuerca que solo vos sabés darle”.

Todo un halago tu comentario, amigota. A mí me ha encantado. Estuve bastante tiempo transitando por las nubes… de ahí que tardara tanto en contestar, jeje. Se agradece tanto cariño y generosidad.

Un besote,

Margarita

Margarita dijo...

Gracias, Morgana, y disculpa la tardanza en contestar, en agosto ya se sabe... Me alegro que así te lo pareciera. No te preocupes, si ya lo has leído y te gustó, yo me siento más que satisfecha.

Un beso,

Margarita

Margarita dijo...

Hola, Tessa. Pues sí, puede haberlos, aunque yo no me prodigo en finales felices, pero esta vez la historia iba por ese camino. Te agradezco mucho tus amables palabras; son todo un halago para mí. A mí me gustaría escribir más seguido, pero soy algo perezosa, me temo. Mira lo que tardo en contestar… un desastre. A ver si soy capaz de corregirme.

Muchísimas gracias por estar, amiga.

Un beso,

Margarita

Margarita dijo...

Hola, Sabela. Me alegro que te gustase, y, muchas gracias por esas amables palabras. Me gustó que me leas.

Un abrazo enorme, amiga.

Margarita

Margarita dijo...

Querida Blanca, me emocionó verte por aquí. Te agradezco mucho que te hayas detenido a leer mi cuento y a comentarlo. Tú siempre tan generosa con los amigos. Gracias, amiga. Qué bueno que te gustase el título. No estaba muy segura… así que me resultó gratificante que me lo señalaras. Qué bueno que te gustase.

Cómo agradecerte tu amabilidad, que estés siempre ahí. Te tengo presente, amiga, y te envío un gran abrazo y un beso.

Margarita

Margarita dijo...

Ángel, qué grata sorpresa verte por aquí. Pues no soy yo muy dada a los finales felices en mis cuentos. Qué bueno que te haya gustado, y conmovido, eso es muy gratificante para mí, amigo.

Gracias por la visita y por pararte a leer. Me ha encantado contar con tu opinión. Eso ánima…

Un abrazo grande,

Margarita

Margarita dijo...

Hola Asun, bienvenida a mi casa. Pues eso parece, que la casualidad no existe. A veces ocurren tantas y tan claras que da mucho que pensar. Algunas veces ves las cosas con posterioridad, pero siempre hay alguna cosa por ahí… Yo también lo creo así.

Gracias por pasar y comentar.

Un abrazo grande,

Margarita

Margarita dijo...

Hola, Mián. Ay, yo también lo creo. Me he propuesto corregirme este “curso”, aunque todavía no he subido nada, jeje. Pero tengo la intención de practicar más. Uff, una novela me suena a palabras mayores, claro que todo es empezar… Mil gracias por este comentario tan halagador, desde luego es para mí una buena inyección de ánimo. Gracias, amigo.

Un beso,

Margarita

Margarita dijo...

Hola Lola. Me alegro que te gustase, es todo un halago para mí. Ay, eres muy amable, pero yo creo que sigo necesitándolo. Aunque vamos avanzando, de eso se trata.

Un abrazo,

Margarita

rosa mis vivencias dijo...

MARGARITA;
Me e quedado maravillada de tu cuento o relato,me gusta lo que escribe y como lo escribes,sin duda te gusta la literatura,¿sabes a mi tía Piedad, también le gusta escribir cuento,no se si lo sabias.
ENHORABUENA.
Un abrazo.
Rosa.

Ricardo Miñana dijo...

Muy bonito y romantico el relato a la vez interesante.
es un placer pasar a leerte.

Que tengas una feliz semana.
un abrazo.

Tomi dijo...

Hola Margarita, muy bonita la historia que cuentas de este par de zapatos que hacían soñar a Rocío, imaginando cómo sería el hombre que los calzaba.
El destino la premió haciendo su ilusión realidad para que nunca dejara de soñar.

Un abrazo, me alegro de pasar por tu Blog me emocionan tus escritos.

Margarita dijo...

Bienvenida a mi casa, Rosa. Qué alegría contar con tu visita, amiga. Qué bueno que te haya gustado mi relato. La verdad es que siempre me gustaron mucho los libros, tenerlos, tocarlos, el olor a nuevo y la emoción al abrirlo expectante por saber qué te iba a contar su autor. No sabía que Piedad escribiese, se pasó por aquí en un par de ocasiones y no me dijo nada. Pasaré por su blog a ver :).

Gracias por la visita tan grata. ¡Y por el regalo tan bonito!

Un gran abrazo,

Margarita

Margarita dijo...

Hola Ricardo. Me alegro que te gustase. Un halago que me llena de alegría viniendo de ti, con los poemas tan románticos y hermosos que trenzas. El placer es contar con tu presencia y opinión. Gracias.

Un abrazo grande,

Margarita

Margarita dijo...

Hola Tomi. Pues qué bueno que pasases, porque me ha gustado contar con tu opinión. Así es, Rocío era una chica romántica y soñadora, como la mayoría a su edad. Vivía una realidad dura y era su manera de escapar de ella. El destino no suele ser benévolo con mis personajes, pero en esta ocasión sí. Me alegro que te haya gustado este relato.

Gracias por la lectura y el amable comentario. Un placer tu visita.

Un abrazo grande,

Margarita

Piedad dijo...

Hola, Margarita.
Nuevamente me he quedado embobada leyendo tus relatos, que me han llevado junto a Rocío y el joven de los zapatos... ¿Pero qué pasó después....?
Sin duda son relatos dignos de figurar entre las páginas de un libro. Te felicito.
También te agradezco tu visita en mi blog y tus palabras... y como no, también el que hayas quitado las letras que me obstaculizan mi paso para poder dejar mi comentario...
Abrazos.

RAMPY dijo...

Hola, Margarita, he leído tu relato atentamente ( en realidad,lo he leído dos veces,para ver si había entendido la intención) y debo de decir que me ha encantado. Escribes primorosamente.
Un besazo enorme y feliz día.
Rampy

david quintana pantoja dijo...

Te tengo que pedir una disculpa. Ya había pasado por aquí y había pasado un buen ratito leyéndote. Que desconsiderado me parece ahora que vuelvo para leer algo nuevo y me doy cuenta que ni siquiera te dejé un comentario. Ji Ji, perdona el despiste.

Pues eso, que me gusta leerte y pasar buenos ratos en tus blogs. Compartimos la pasión por la fotografía aunque yo estoy muy lejos de que me premien por una de ellas.

Un saludo.

Un placer contemplar tu arte.

José Ramón dijo...

Margarita aparte de hacer buenas fotos eres fantastica con las letras gracias por tu visita buen fin de semana
Saludos desde
Creatividad e imaginación fotos de José Ramón

Margarita dijo...

Hola, Piedad. Creo que fueron felices y comieron perdices. Eso es cosa mía, algunas veces me gusta dejar la continuación algo abierta, me da miedo que si sigue la historia la cosa termine con diez niños chillones y en divorcio, jajaja. Muchísimas gracias por tus amables palabras. Animan a seguir aporreando las teclas, a una que es un poco perezosa a la hora de arrancar, me vienen muy bien. Nada que agradecer, es un gusto compartir con los demás, es el objetivo de los blogs, creo. Pues así se queda el blog, sin la palabreja de verificación, para que puedas decir lo que quieras cuando lo desees, amiga.

Un abrazo enorme, y gracias por leer mi relato y dejarme tan bonito comentario.

Margarita

Margarita dijo...

Hola Rampy. Caramba, pues doblemente agradecida, porque mis relatos no son demasiado cortos y el tiempo es oro. Muchas gracias, da gusto que la lean a una y saber qué opinan. Es un gusto tu visita.

Un gran abrazo,

Margarita

Margarita dijo...

Hola David. Nada que disculpar, no faltaba más, al contrario. Claro que a una le gusta contar con el parecer de quien ha leído sus cosas, pero se entiende que vamos con prisas, mis relatos son un poco largos, así que tengo que agradecerte que lo hayas leído, porque eso nos da una inyección de ánimo. Y, además, si luego la opinión es tan favorable y amable como la tuya, pues mejor.

He visitado tu blog y te he leído varios textos que están muy bien, sin falta me paso a ver tus fotos. Pero lo del premio fue algo inesperado, totalmente. Una sorpresa para mí que no concurso nunca porque no creía en los concursos, ahora tendré que cambiar el chip, jeje. Pues animémonos a participar por si suena la flauta :), como ves, nunca se sabe.

Un gran abrazo,

Margarita

Margarita dijo...

Hola, José Ramón. Una gratísima sorpresa verte por mis letras. Muy agradecida por tu favorable opinión. Gracias, amigo.

Un gran abrazo,

Margarita

J. Teodoro P. G. dijo...

Hola Margarita, yo también tengo mi blog "Calidoscopios de colores". He llegado al tuyo a través del de Piedad y, dando un vistazo rápido pero con intención, debo decirte que me atrae. espero detenerme un poco más cuando tenga tiempo.
Saludos cordiales.
J:T:

Margarita dijo...

Hola, Teodoro. Ah, pues se bienvenido, coincidimos en amiga. Bueno, mis relatos son algo largos, entre tres y cuatro páginas casi siempre, pero no suelo subir muy a menudo, así que tendrás más ocasiones de leerlo completo. El tiempo, siempre vamos escasos.

Te recibiré encantada en mi casa y pasaré a visitarte.

Un abrazo,

Margarita

Gloria dijo...

Hola Margarita,me gusta como escribes,la historia me ha encantado.
Gracias por tu visita.
Un abrazo.
Gloria

Mistral dijo...

Un precioso relato lleno de romanticismo, que me trasladó a una época dorada para mí.

Un placer leerlo

David Quintana dijo...

Margaritaaaaaaaaaaaaaa, ¿donde estáaaaaaaaaaaaaaaaaas?.

Solo pasaba a ver si tenías algo nuevo con lo que deleitarme.

Besos, y buen fin de semana.

Margarita dijo...

Hola Gloria:

Me alegro que te haya gustado, es un aliciente saberlo. Gracias a ti por la lectura y dejar tu opinión.

Un beso,

Margarita

Margarita dijo...

Bienvenido Mistral: Este salió romántico, sí, aunque no me prodigo en ese tema. Me alegra saber que te ha remitido a una etapa feliz.

Muchas gracias por leerlo y por tus palabras. Un gusto la visita, espero que sigamos leyéndonos.

Un abrazo,

Margarita

Margarita dijo...

¡Hola, David! Aquí estoy, jajaja. Últimamente no estoy escribiendo mucho, pero justo hoy he colgado un nuevo cuento. A ver si me enmiendo. Gracias por esos ánimos que me has transmitido con tus palabras. Así da gusto.

Un beso,

Margarita