domingo, 12 de febrero de 2012

El Bosque del Olvido


No pudo evitar un llanto hondo y desamparado, sintiéndose como quien llega de forma inesperada al final de un camino sin salida.  No recordaba cómo había llegado a aquel lugar maldito, en el que cada árbol era idéntico a los demás árboles y en el que las tortuosas sendas conducían al mismo punto de aquel laberintico bosque.  Llevaba interminables horas perdida y a estas alturas no le cabía la menor duda de que se encontraba en el Bosque del Olvido.


Naikare, en su niñez, había oído contar relatos a los más ancianos de su aldea sobre aquel funesto bosque. Amenizaban las noches de verano bajo el firmamento estrellado, atemorizando a los más jóvenes con historias sobre algunos de los aldeanos que desaparecieron allí. Como colofón señalaban que pocos lograron escapar y regresar a la aldea y que menos todavía fueron los que quisieron compartir con sus vecinos la sombría experiencia. Naikare siempre estimó que eran patrañas fantásticas con las que entretenerse, hasta que las fauces de aquel bosque engulló a varios de sus familiares, entre los que se encontraba su madre, para no devolverlos jamás.
La joven recogió el pañuelo que había depositado como señal sobre una piedra que le pareció familiar y se enjugó las lágrimas con él. Estaba indefensa y Klingsor no respondía a sus llamados de auxilio. Ella apenas era una aprendiza frente al poderoso mago, capaz de controlar las fuerzas secretas del mundo, pero tenía la certeza de haber contactado mentalmente con él.
El mago, maestro de ilusiones, había construido en el desierto un jardín dorado para Naikare. En cada visita de la joven, éste la recibía coronándola con una diadema de pétalos fragantes. A continuación la tomaba de la mano y la conducía por un itinerario apacible entre hermosas flores mientras le indicaba que esa que estaba a sus pies fue bautizada con su nombre, Naikare, porque le recordaba el color de sus bellos ojos; la de al lado le evocaba su fragancia; y aquella, dos pasos más allá, su esencia dulce y serena. Sin demora prosperó la pasión y floreció el triunfo de la adoración mutua. Ella le había entregado su amor incondicional a Klingsor y acudía a su vera en cada ocasión que era requerida, ya fuera por necesidad, por capricho, o por placer. Ahora él la ignoraba. La joven había alcanzado el convencimiento, más bien la dolorosa evidencia, que lo único que crece en el desierto son los espejismos.
Naikare se dejó caer de rodillas sobre un lecho de hojarasca, vencida.
Dos días en aquel bosque le bastaron para percibir una fuerza nociva, silenciosa y oculta. Aquella mañana se había despertado con un cansancio extraño que la obligó a permanecer recostada. Al mirarse las manos apreció cómo el color de sus uñas se transmutaban por el negro. Angustiada, se echó las manos a la cabeza y apreció una debilidad inusual en sus cabellos, al punto de quedar entre sus dedos adherida una maraña de pelos. La incertidumbre se apoderó de Naikare.
En todo ese tiempo apenas había ingerido alimentos, alguna fruta que guardaba en su zurrón,  aliviando la sequedad de sus labios con gotas de rocío, que lamía en las hojas de las plantas. Lo más difícil de soportar era la soledad. Dirigió su mirada hacía las alturas y de entre las copas de los árboles atisbó un rimero de estrellas, que con su cálido fulgor le hicieron sentirse acompañada. Cerró los ojos plácidamente un instante, dejando que aquella momentánea paz se apoderara de su ser.
Fue un instante, o eso le había parecido a la joven, pero se sorprendió al ver que ya amanecía. A lo lejos distinguió una figura que se acercaba y al llegar a cierta distancia sus ropas y su caminar se le antojaron familiares. Cuando la tuvo a unos diez metros de distancia supo que se trataba de su madre. Una vez frente a ella comprobó que en sus manos portaba una caja de madera bellamente grabada. La visión sonrió con dulzura a su hija y descorrió la tapa, dejándole ver el interior. Dentro descansaba un hermoso pájaro, un ejemplar desconocido para ella, con un colorido plumaje. Naikare, dominada por el asombro, no podía moverse ni articular palabra y antes de que pudiera preguntarle sobre su estancia en aquel lugar, la joven se despertó.
Permaneció largo rato con una sensación agridulce en el alma, con el desencanto de que tan solo fuera un sueño y el gozo de disfrutar de la presencia de su madre, pese a que fuese una quimera.
Despuntaba el día. La luz matizada de los rayos del sol se filtraba entre los árboles. Naikare los contemplaba reconfortada cuando, de pronto, oyó el revoloteo de un ave entre las ramas. Con un esfuerzo monumental se levantó para intentar verlo. Y al hacerlo, no pudo salir de su estupefacción; era el mismo que su madre le había entregado en sueños. Siguió su vuelo con dificultad, el cansancio casi no le dejaba andar,  hasta que el pajarillo se posó sobre la rama de un árbol distinto a todos los demás. Un árbol junto a un arroyuelo que conformaba un paisaje desconocido hasta ese momento para ella. Se recostó en el tronco, deslizándose hasta quedar sentada y se encontró el suelo plagado con sus frutos. Tomó uno y le dio un bocado, advirtiendo que en la medida que comía de ese fruto, su energía se restituía rápidamente.  
Naikare se incorporó sobre sus dos piernas de un impulso,  pletórica.
A sus oídos llegó el canto de una hermosa voz. Siguió su rastro y a unos metros se encontró con una anjana, una de esas bellas ninfas que viven junto a los arroyuelos; Naikare había visto una en su infancia y hubiera podido reconocer aquellos largos cabellos color turquesa en cualquier lugar. La anjana brincaba vivaracha mientras la guiaba con su canto por una senda que desembocaba en los límites del bosque, frente a un río.  Una vez allí, la ninfa en seguida se despidió con la mano y desapareció del mismo modo, alegre y pizpireta, por el mismo sitio que había venido. 
El interior del río estaba cubierto por una espesa niebla. Naikare miró el paraje que tenía al lado y reconoció el cruce de caminos a lo lejos, el de la derecha le llevaba directamente a su  aldea y el de la izquierda a un destino desconocido. Se disponía a dirigirse a aquel cruce, pero en ese instante vio cómo las brumas del río se rasgaban para dejar pasar a una pequeña barca capitaneada por un bello ángel, que navegaba hacia ella. La joven permaneció inmóvil y maravillada. Frente a Naikare, el ángel arrancó una de sus delicadas plumas y se la entregó junto con un tintero de fino cristal tallado y una lámina de cuarzo blanco, y le ordenó que escribiese con la tinta dorada cuales eran las causas, pues nada es casual, que la habían llevado al Bosque del Olvido; sus culpas, sus  odios y sus temores, confesión con la que sellaría un pacto liberador y secreto con Dios. Naikare obedeció. A continuación le entregó la lámina escrita y los demás objetos. El ángel le indicó con su voz grave que podía irse en paz, remó hasta el centro del río, ató la lámina de cuarzo con un cordón de oro en un extremo y una gran piedra en el otro y la arrojó a las profundidades.
Pensó profundamente durante largo tiempo, delante de aquel cruce. Es difícil elegir la senda correcta, pues los errores tienen un alto precio. Naikare lo sabía bien, por esta razón de peso su alma se debatía entre regresar a su aldea o tomar el otro camino. Sentía nostalgia. Una parte de ella anhelaba retornar, pero esa ruta la llevaría al mismo lugar, sí, pero también directa a la misma situación que la había transportado al fatídico bosque. Resuelta tomó la senda nueva. Mientras caminaba, libre y feliz, por su nueva andadura, una sonrisa picara iluminó su rostro al imaginar a los ancianos relatar cómo la dulce y serena Naikare había pasado a engrosar la legendaria lista de desaparecidos en el Bosque del Olvido.

17 comentarios:

  1. ¡Hola Margarita!
    He terminado de leer tú relato apenas sin aliento, mientras lo leía parecía que estaba totalmente metida en la historia que tan bien has contado, escribir te se da de maravilla, creo que no es la primera vez que te lo digo y, espero poder seguir diciéndotelo.
    ENHORABUENA, por este relato tan bonito.
    Amiga te deseo lo mejor.
    Un fuerte abrazo.
    Rosa.

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  2. Margarita, me sumo a lo dicho por Rosa: es un relato muy bonito que se lee del tirón.
    He notado cambios a mejor en tu escritura, amiga, ya no te se escapa nada.Me alegro mucho de poder leerte de nuevo y espero que te animes a seguir escribiendo. Creo que tal como has dejado el relato, te falta la palabra continuará. Un beso

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  3. Hola, Margarita,
    Echaba de menos tus relatos. Este Bosque del Olvido es una muestra de tu impecable escritura y de tu poderosa imaginación. Deberías prodigarte mucho más.
    Ha sido un gusto leerlo.
    Un abrazo,
    Boris.

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  4. Un relato de libro, de una gran belleza y cargado de reflexión, que emociona y hace que lo sigas hasta el final anhelando un buen desenlace.
    Felicidades Margarita
    Un fuerte abrazo

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  5. Margarita, me sumo a lo ya dicho en los comentarios. Sólo añadir que te admiro por la capacidad que tienes de imaginación y el amplio vocabulario para expresar tan lindos relatos que, bien podrían ser el primer capítulo de una novela.
    Como ya te he dicho en otras ocasiones, bien podrías presentarte en un concurso literario, así que, ánimo y adelante.
    ¡Suerte!
    Abrazos...

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  6. Solo decirte que lo he leído varias veces, tu narrativa es, no solo perfecta, sino tan descriptiva que hace que te sumerjas en el relato como parte de él, yo como Juan me gustaria leer una segunda parte en ese Bosque del Olvido.
    Besitos y enhorabuena por el relato y por ver nuevamente un escrito tuyo.

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  7. Margarita, me ha encantado. Este relato tuyo, lleno de fantasía, me ha transmitido un montón de cosas, pero ahora no puedo decirlas todas. Tendría que hacerlo citándote los párrafos y no me los sé de memoria. En cuanto tenga tiempo lo hago.
    Me ha gustado mucho el final, me parece esperanzador, arriesgado y valiente, como debe ser.

    Sabes que te admiro yo también por tus escritos y por tu calidad como persona. Estoy contigo, amiga.

    ¡Ay! la madre, la caja de madera, el pájaro... Ufff, qué bien lo has descrito!!!

    Un abrazo muy grandeeeeeeeeeeeeee.
    Conchi

    En cuanto puedas tienes que escribir un cuento para unos niños pequeños, ¿vale?

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  8. Ah, se me olvidó decirte que estoy de acuerdo con los anteriores comentarios: podrías ya monatr un libro con tus relatos. Y ya sabes dónde lo puedes colgar para que la gente los lea, jeje.

    Otro abrazo
    Conchi

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  9. Margarita ¡enhorabuena! me supo a poco, y como dejaste incógnitas...puedes despejarlas en una segunda parte. Creo que vale la pena porque es un relato que tiene un amplio abanico de posibilidades. Besos. Loli

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  10. Hola Margarita, ¡que bien escribes! echaba de menos tus cuentos. Me ha gustado muchísimo, es de esos que empiezas y no puedes parar, te atrapa.
    No dejes nunca de escribir amiga.
    Abrazos llenos de energía.
    Roser

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  11. Un relato propio de un grande, con una prosa y un argumento que atrapa de principio a fin, Margarita, se quedan cortos todos los comentarios.

    Besos.

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  12. No voy a decir que me ha encantado puesto que ya lo han dicho los demás, y estoy totalmente de acuerdo. Así que lo diré: Me ha encantado.

    Una nueva vida, un nuevo futuro, un olvidar el pasado y seguir adelante. Perfecto.

    La curiosidad mezclada con el intento de saber la llevan a sumergirse en lo más profundo. El amor con unas gotas de resignación, y un poquito de voluntad la hacen continuar y decidir.

    Una sonrisa "picara" la hacen continuar hacia el futuro.

    Magnifico, extraordinario como todos tus textos, que jamás me cansaré de leer una y otra vez, porque con cada lectura se experimentan sensaciones nuevas.

    Un abrazo
    Jesús

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  13. hola...

    magnifica historia bien contada...

    solo una pregunta:

    por que los blogs, se mueren?


    me alegra haber encontrado tu pista, mi avion ya no tenia combustible...

    mario a.

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  14. Hola, Margarita.
    Paso a saludarte y agradecerte tu visita y tus palabras de felicitación en mi blog.
    Que tengas una feliz semana.

    Abrazos.

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  15. EDITORIAL PORTILLA FOUNDATION
    Hola Amigo escritor: Lo invitamos a unirse a la EDITORIAL PORTILLA, una editora sin fines de lucro, las ganancias de la editorial serán invertidas en la lucha contra la Diabetes. Aquí los escritores podrán publicar sus obras por el Internet y en las cadenas de librerías en los cinco continentes sin costo alguno. No rechazamos a nadie porque creemos que todo pensamiento merece ser preservado para las futuras generaciones. Todos los escritores recibirán en 50% de las ganancias por el Internet y el 10% por las ventas en las librerías. Tenemos varias convocatorias para concurso. Visite nuestra página web: www.editorialportilla.com o envíenos un correo a: editorialportilla@hotmail.com
    Saludos Cordiales; Magy: Secretaría Ejecutiva.

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  16. Hola, Margot.
    Hace rato debí haber expresado acá lo que te dije un día acerca de este cuento, en un encuentro por esos caminos de la internet. Tengo sin embargo la excusa y el privilegio de haberlo leído entre los primeros y también que, últimamente, parezco esa hojarasca que el viento obliga a una determinada danza, adueñándose de su voluntad. Bien, jaja, es una explicación muy pobre, pero quería dártela por la justicia que merece este exquisito cuento, el que estimo solo debe leerse con el corazón. Y que, bien sabes tú, me pareció, aparte de su belleza narrativa (que ya se han cansado de reiterar tus lectores), una innovación o vuelta de tuerca bienaventurada en tu ya fina escritura, ahora desnudándose hasta hacerse transparente ante Dios. Ese que envía la barca a la joven protagonista yendo a su encuentro, recibiéndola, sin juzgarla. Pues la historia, que es muy bonita, y que invita a dejarse llevar por esos mundos de hadas, ninfas y caminos que sólo los ángeles encuentran, constituye, en este caso, una historia de renacimiento espiritual, de perdón, de suelta de lastre y amarras para lanzarse mar adentro, desterrando culpas y castigos y reconstruírse en otra clase de materia para nada sólida, sino como habitáculo de ligera consistencia, como el pan, se me ocurre.

    La parte del ángel, amiga, ha conseguido que me perdiera dentro de mí misma mientras el alma, a solas, meditaba una nueva verdad bajo una suerte de ebriedad del espíritu, al amparo de esa inolvidable imagen del ángel con el libro y Naikare firmando, soltando, forjando una alianza de renacimiento en consonancia con la Creación.
    Me recordó unas palabras del evangelio de Juan, cuando Jesús le dice a Nicodemo que 'El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.'(Juan 3:8)

    Puedo decirte entonces, que es hermoso perderse de esta forma, y no sé qué digo, como si hubiera alguna otra alternativa de nacer de nuevo en esa sustancia que somos en esencia: espíritus teniendo una experiencia humana, según he oído por ahí.

    No transcribo nada porque debiera meterme con todo el cuento y capaz me elevo che y no me regreso; claro que yo quisiera encontrar esa barca de Absolución que no es puerta a puerta, no. Antes, debemos renunciar a nosotros mismos. Como tu sabia protagonista, capaz de transmutar la tristeza en una pícara sonrisa. Es genial. Quisiera más de estas delicatessen para mi alimento, si a la autora no le importa, por favor, que se siente frente a las teclas y se reproduzca en ellas desde esta misma o similar perspectiva. Juro comentar a tiempo, pero si el tiempo ya no es tiempo, aparte de que no existe, ¿no? Te felicito. Ha sido un refresco para el alma. Mucho más para el alma atribulada.

    Que dios bendiga tu pluma, Margarita, y que lo haga en abundancia.

    Te dejo un muy fuerte abrazo.

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  17. Hola Margarita entro a tu casa de letras desde El blog de MA ...donde has dejado grata huella y tengo que decirte que me gusta tu blog ,escribes muy bien... con tu permiso sigo tu casa bloguera ...estaré un rato más leyendo tus post...

    Besos de MA y feliz día.
    El blog de MA.

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